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El 80 aniversario de la II República

Cándido Marquesán. El Periódico de Aragón, 16/04/2011 | 18 abril 2011

El franquismo arrancó de cuajo el mayor esfuerzo que se ha hecho en nuestra historia por la modernidad

 

CÁNDIDO Marquesán

En estos días se conmemora el 80 aniversario de la proclamación de la II República en España. Salvo en casos excepcionales tal evento va a pasar totalmente desapercibido. Más todavía, si alguien tiene la pretensión de recordar ese día del 14 de abril, en el que con gran gozo y sin una gota de sangre una parte mayoritaria del pueblo español celebró la llegada del régimen republicano, es tildado de nostálgico de un pasado caduco y trasnochado. Yo me encuentro entre estos últimos. De entrada, para que quede claro, pienso que es muy democrático el que todos los franceses puedan elegir cada 5 años al jefe del Estado. En otros países no existe esta posibilidad. Mas no es de esta cuestión a la que quiero referirme.

¿Qué novedades, qué valores trajo consigo el advenimiento de la II República a España? La izquierda burguesa y los socialistas guiados por los principios de justicia, libertad e igualdad trataron de solucionar viejos problemas enquistados en nuestra España para modernizarla y democratizarla en profundidad.

El agrario, como consecuencia de la existencia de millones de jornaleros agrícolas que no tenían un palmo de tierra para tener una vida digna, por lo que decidieron poner en marcha una Reforma Agraria, que fue boicoteada desde los extremos: los grandes propietarios y los anarquistas de la CNT. El militar, que radicaba en la nociva costumbre del ejército de controlar y entorpecer el libre desenvolvimiento del poder político. El religioso, debido al asfixiante control que la Iglesia católica española ejercía sobre la sociedad en los distintos ámbitos de la política, la educación, la cultura, la moral, las costumbres y la ciencia. Con buen criterio los políticos republicanos del primer bienio(1931-1933) legislaron con el objetivo de alcanzar un Estado aconfesional y una educación laica, por ello prohibieron el ejercicio de la enseñanza a las ordenes religiosas. La oposición de la Iglesia católica fue brutal.

El regional, generado por la negativa del régimen político de la Restauración a reconocer las aspiraciones legítimas a determinadas cotas de autogobierno especialmente a Cataluña, País Vasco y Galicia. En la Constitución de 1931 dentro del Estado integral se reconocía la compatibilidad de la autonomía de los Municipios y las Regiones, que se hizo efectiva en 1932 con la aprobación de un Estatuto para Cataluña.

El educativo, ya que casi la mitad de la población era analfabeta. Difícilmente se podía democratizar el país si buena parte de sus ciudadanos permanecían en la indigencia cultural. En 1934 el número de nuevas Bibliotecas sobrepasaba las 5.000. Se construyeron más de 6.500 escuelas en tres años (frente a sólo 500 entre 1909 y 1931), en el bienio 1931-1933 se crearon 13.580 plazas de maestros, en 1934-35 2.575, y en los meses del Frente Popular 5.300; además de subirles el sueldo en un 50% y proporcionarles una mejor formación. Las campañas para enseñar a leer y escribir a millones de personas no tenían precedente en nuestra historia. Además en la Constitución de 1931 se reconocía la educación como una atribución del Estado, la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria, libertad de cátedra, una política de becas para los más necesitados.

El social, ya que numerosos obreros y campesinos estaban en una situación lamentable de pobreza. En el texto constitucional de 1931, influido por las Constitución de Weimar aparecían los derechos sociales: el trabajo además de una obligación social, tenía una legislación protectora, ya que la República aseguraría a todo trabajador ante la enfermedad, accidente, paro, vejez, invalidez y muerte; apoyo al trabajo de las mujeres y jóvenes, protección a la maternidad, salario mínimo, vacaciones anuales remuneradas. Igualmente al campesino con medidas como: reducción de impuestos, con créditos, indemnización de pérdidas de cosechas.

Además el texto constitucional incluía los derechos civiles y políticos del constitucionalismo avanzado europeo del momento. La mujer era situada en plan de igualdad jurídica a los hombres. En el art. 40: Todos los españoles, sin distinción de sexo, son admisibles a los empleos y cargos públicos según su mérito o capacidad. En el art. 43 : El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges. El divorcio fue autorizado por la Ley de 2 de marzo de 1932. El derecho al voto a las mujeres, en cuya consecución tuvo mucho que ver Clara Campoamor, aparece en el art. 36: Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales .

Por todo lo expuesto, un claro esfuerzo de modernizar y democratizar la sociedad española, pienso que hay razones más que suficientes para conmemorar el aniversario de la II República. Todo este legado republicano de equiparar nuestro país al resto de los países civilizados de Europa lo arrancó de cuajo el franquismo que, como señala Manuel de Puelles, representa el mayor esfuerzo que se ha hecho en nuestra historia para erradicar de modo abrupto y definitivo el proceso de la modernidad. Por ello, la II República fue la tercera de las ocasiones perdidas de la Historia de España. La primera fue entre 1808-1814 y 1820-23. La segunda en el Sexenio Revolucionario entre 1868-74. Las tres se truncaron por la vía de la violencia.

Profesor de instituto

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=663821