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La República en guerra

Lne.es, | 15 abril 2011

Cinco libros para entender un tiempo de esperanza y tragedia que marcó nuestro acontecer reciente

 

JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS Si hoy, 14 de abril, cuando se cumple el 80º aniversario de la II República, quisiéramos hacer un balance de las aportaciones más destacadas que la historiografía ha proporcionado en el último decenio al conocimiento del régimen republicano, tendríamos, sin duda, que mencionar la tetralogía que desde 2006 hasta 2009 (Editorial Crítica) ha venido publicando el historiador y catedrático Ángel Viñas sobre la etapa republicana en la guerra civil: La soledad de la República ( 2006), El escudo de la República (2007), El honor de la República (2008) y El desplome de la República(2009).Ésta última escrita con Fernando Hernández Sánchez.

Esas cuatro obras han sido escritas con fuentes archivísticas en gran parte inéditas y a través de ellas Viñas ha reconstruido las reacciones políticas y militares que en el escenario europeo produjo la guerra civil española y los principales acontecimientos políticos internos del bando republicano que influyeron sobre el curso del conflicto. Conflicto que nuestro historiador entiende, más que como una lucha entre la revolución y la contrarrevolución, como la primera etapa de la lucha contra el fascismo en Europa. Sus análisis de la República en guerra le han permitido echar abajo las visiones que se han venido dando de esta etapa de la república, sobre todo, por la historiografía conservadora, franquista y el revisionismo post franquista, pero también, en algunos aspectos, incluso, por la vinculada a determinados sectores de la izquierda.

Entre las interpretaciones que Viñas nos proporciona en estas obras está la que en los últimos tiempos vienen difundiendo muchos historiadores revisionistas, esto es, la de que no se debe entender el origen de la guerra civil (esto es, la conversión del golpe de Estado de los generales de la derecha en un conflicto bélico) como una consecuencia de las los problemas e inestabilidad que trajo la República, sino el resultado, tras el golpe de Estado y el abandono en que la dejaron Gran Bretaña y Francia, de la intervención de la Unión Soviética en apoyo del régimen republicano con su ayuda militar (aunque esa intervención se retrasase por las dudas de Stalin y además fuese escasa y cara en relación con la que prestaron Mussolini y Hitler al bando sublevado). O la interpretación que atribuye a Stalin la intención de construir en España a través de la influencia del PCE, aprovechando la guerra civil, un régimen de democracia popular avant la lettre, al modo de las instaladas por la Unión Soviética en Centro Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero, sobre todo, lo que las fuentes archivísticas que se utilizan en estas obras constatan es que la interpretación (sustentada en este caso no sólo por la historiografía académica conservadora y franquista, sino también por la de otros sectores socialistas y anarquistas) de que el presidente del Consejo de Ministros Juan Negrín fue un político manejado a su antojo por el PCE y a través de él por Stalin, tiene escaso fundamento histórico. Conclusiones a las que, con distintos matices, han llegado también tres importantes biografías del político canario que se han publicado en estos últimos años: las de Ricardo Miralles (2003) Enrique Moradiellos (2006) y Gabriel Jackson (2008).

Todo ello ha llevado a una justa reivindicación política de la figura de Negrín no sólo denostada por el franquismo, sino también maltratada por sectores de la izquierda (incluso por una parte de sus propios correligionarios socialistas). La resistencia a ultranza que planteó el Gobierno Negrín en los últimos meses de la guerra cuando ésta ya estaba perdida, no fue consecuencia de la influencia de los comunistas españoles y de Stalin, sino, como demuestran las solventes fuentes que aquí se utilizan, resultado de una política propia que lo que trataba era de ganar tiempo para conseguir una evacuación de los republicanos lo más completa posible ante la suposición (plenamente acertada como demostraron los hechos) de una cruel represión posterior de Franco contra los vencidos. De ahí el juicio inmisericorde que le merecen a Viñas y a Fernando Hernández Sánchez el autor del golpe contra la legalidad republicana, el coronel Casado, y uno de los propugnadores de ese acuerdo con Franco como fue el dirigente socialista Julián Besteiro.

La culminación de esta excelente tetralogía ha sido otro libro de autoría colectiva publicado bajo la dirección del profesor Viñas, Al servicio de la República (Marcial Pons, 2010), en el que se analiza la actuación de la diplomacia republicana durante la guerra civil en las seis principales embajadas españolas que mayor relación tuvieron con los problemas del origen, desarrollo de la guerra y defensa de la República: Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, México, Checoslovaquia y Suiza. La inflexibilidad del gobierno conservador británico a favor de la no intervención contrasta con la postura más vacilante del francés que, finalmente, secundó también la actitud británica. En el caso de Estados Unidos, la negativa del presidente Roosevelt a la venta de armas a la República estuvo en gran medida determinada, al contrario que los casos británico y francés, por razones de política interior, a pesar incluso de la actitud favorable hacia la República de un sector de la opinión pública norteamericana que encabezaba su propia esposa Eleanor Roosevelt. Pero en los tres casos, y a pesar de algunos éxitos limitados y puntuales, fue, como es sabido, misión imposible para los diplomáticos republicanos conseguir el apoyo militar para su gobierno

Esos análisis van precedidos de dos excelentes capítulos introductorios. Uno dedicado a estudiar las lealtades y desafecciones en el cuerpo diplomático español al estallar la guerra (Julio Aróstegui). Y el segundo, a trazar las grandes líneas de la política exterior de la República durante la guerra (Ángel Viñas).

Libros como éstos son, sin duda, prueba evidente de la necesidad de seguir rescribiendo, ochenta años después, la historia de la II República no sólo para tratar de poner fin definitivamente a las sesgadas e ideológicas interpretaciones de antaño, sino, también y sobre todo, a las que, con similares deformaciones, pero con renovados argumentos, todavía se siguen hoy publicando.

http://www.lne.es/cultura/2011/04/14/republica-guerra/1061086.html