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80 años después las mentiras perviven

Diseccionando a El País. Tercera Información, 15 abril 2011 | 17 mayo 2011

Cualquiera puede encontrar hoy sin dificultad visiones neofranquistas con total normalidad al ojear diarios

 

Para el 80 Aniversario de la II República, una encuesta de El País realizada por Metroscopia incluye preguntas como: “cuando oigo hablar de la Segunda República no puedo evitar pensar en la guerra civil” / “nuestra sociedad no estaba aún preparada para un régimen democrático de este tipo” / “la radicalización de sectores extremistas, tanto de derecha o de izquierda, hizo que la Segunda República no lograra consolidarse ni funcionar con normalidad”. El lector que quiera responder debe decidir si está -mucho o bastante / poco o nada- de acuerdo con las afirmaciones. El problema es que tales preguntas contienen -seguramente por descuido- varias falacias de fondo asimiladas tras muchos años de tinta revisionista. Tales falacias forman parte del argumentario utilizado para la justificación del golpe de Estado de 1936, y las leemos habitualmente en la prensa: la República como punto de partida inevitable de la guerra civil, la inmadurez de la sociedad para asimilar una democracia y la equiparación de quienes defendían la democracia con quienes la violentaron.

Quizás sea esta una muestra casi “inocente” del papel que juegan la mayor parte de los medios de comunicación corporativos en la información relativa a la Memoria Histórica. Tomando como ejemplo el día de hoy, 14 de Abril, y su protagonista, la II República, cualquiera puede encontrar sin dificultad visiones neofranquistas con total normalidad al ojear hoy diarios como ABC. Historiadores o no, publican sin rigor o veracidad una extensa producción que comenzó presentando la rebelión militar como una cruzada contra el comunismo, masonería, separatismo, etc. desde los primeros años de la dictadura, dando la vuelta a los hechos para presentar a los republicanos que defendían la democracia como los rebeldes, y al ejército sublevado como los “nacionales”. Lo cierto es que las consecuencias de la guerra y la larga dictadura nunca se superaron, tal y como pretende este revisionismo neofranquista, y por mucho que pervivan en ciertos medios numerosos mitos generados desde la propaganda franquista, el hecho es que siguen sin contar con aval historiográfico alguno.

El tratamiento histórico que aún hoy recibe la II República, la guerra civil y la dictadura, también dista mucho de acercarse a la realidad en los libros de texto habituales; Así, aunque Vicens Vives es sensible a la República, define el Franquismo como “una larga posguerra” que enfrentó a “dos bandos”. Esto mismo se lee en Santillana, además de una “limitada oposición” al régimen. El Manual de Edelvives, observa un conflicto “fratricida” originado como “consecuencia” del caos de la II República, y asegura que uno y otro lado provocaron las “mismas víctimas”. Para Akal, la represión franquista casi no existe. Los ‘paseos’ tienen el mismo espacio que el dedicado a Mariquita Pérez, “el juguete más ansiado en los cincuenta”. Este manual recomienda textos del historiador neofranquista Stanley G. Payne, a quién hoy -casualmente- entrevista ABC. En todos ellos se omite intencionadamente la represión franquista durante la dictadura y el exilio, además de otros capítulos más concretos, como el robo de niños republicanos, el adoctrinamiento fascista en la educación y la incautación de bienes.

Del tratamiento informativo tenemos varios ejemplos en los periódicos aún afines al franquismo, hoy igual que antaño, pero también en otros que siempre se llamaron de “izquierdas”. Recordemos el artículo de Javier Pradera “La guerra que no cesa” en momentos de acoso al juez Garzón;

“…Una envenenada polémica que enfrenta pasionalmente a grupos sociales ligados ideológica o emocionalmente a los recuerdos de la guerra y de la dictadura (…) La singularidad española es que se continúen buscando en 2008 las responsabilidades individuales de los crímenes cometidos entre 1936 y 1975, a los 33 años de iniciada la transición y 72 años después de comenzada la Guerra Civil. Por mucho que se repita la necedad, la atribución de esa anomalía a un pacto de silencio solapadamente suscrito en 1978 por franquistas cínicos e izquierdistas claudicantes continuará siendo una solemne tontería.”

Entonces Pradera olvidaba que la idea del pacto de silencio se fraguó en un artículo de 1998 de su propia casa, El País, así titulado y escrito por José Antonio Gabriel y Galán.

Hoy, 14 de Abril, ABC acumula dos artículos más sobre su particular montaña de basura hinchada para falsear la Historia y tratar de alterar los esquemas culturales de la sociedad; El 14 de Abril: aparece una pésima política económica (pág. 3) y “La República es el principal mito histórico de todo el siglo XX”.

El primero trata de demostrar que “la Reforma Agraria nació muerta”, y que “solo se orientó en forma de castigo político para quienes se sospechase habían tenido algún contacto con el golpe militar de Sanjurjo en agosto de 1932”. Nada que decir de la redistribución justa de la tierra o de la modernización de un sistema de latifundios heredado del medievo. Por no añadir lo increíble de orientar una reforma que ya fue publicada en Octubre de 1931 para castigar a quienes conspirarían al año siguiente.

“CONFIESO que, como economista, me ha causado asombro que cualquier medio de comunicación decida conmemorar como algo que históricamente merece positivamente la pena el LXXX aniversario de la llegada de la II República española. Conviene, se ve que ante demasiados olvidos, recordar qué golpes sucesivos se dieron por aquel nuevo régimen político a nuestra economía (…)”, comienza burlón Juan Velarde Fuertes, autor del mismo, para ofrecer a continuación una serie de datos económicos que se achacan al gobierno republicano en lugar de al crack de la bolsa de Nueva York de 1929 crisis que en ningún momento se menciona, o a unas estructuras agrarias improductivas que nunca llegaron a transformarse;

“(…) El resultado de las cosechas dependía, en «lo fundamental, la coyuntura de España en lo que ella tiene de específicamente española», y esta influencia relativa pasaba a ser «mucho mayor que cualquier otro factor de la coyuntura (…).

Nada que decir de los problemas heredados de la dictadura de Primo de Rivera -como la cotización de la peseta o del déficit- ni de la fuga de capitales nacionales y extranjeros desde 1928. También se omite la reforma educativa y cultural, a las que los economistas suelen prestar poca atención porque los efectos sobre la economía se observan a más largo plazo y en este caso ni siquiera pudieron esbozarse (1).

Para este profesor, la república alcanzó el poder gracias al mito del “pan barato”. Similar visión reduccionista que utiliza para explicar que la reforma agraria partió de otro “mito”, el del “reparto”. Y es que este profesor no se entera de que la reforma agraria es una cuestión más social y política que económica. Para entender porqué la política monetaria y fiscal fue acertada, como nos explica Tortella Casares , podemos consultar su libro Problemas económicos de la II República (1).

Otras falsedades del texto se refieren al PIB desde 1929 a 1933; “(…) ¿Y el inicio de ese caos económico, que motivó que el PIB por habitante a precios de mercado disminuyese respecto a 1929 nada menos que un 9’5 por ciento en 1933 (…)”. En “Análisis y estadísticas” de La economía mundial (2), puede consultarse que en 1929 el PIB de España era de 68.391 millones de dólares, y que aunque descendió a 64.234 en 1931, primer año de la II República, volvió a incrementarse en 1932 (66.244 millones). En efecto, se toman dos años de la dictadura de Primo de Rivera para justificar el descenso, omitiendo que en 1935 el PIB había ascendido a 68.620 millones. En 1936, debido a la inestabilidad y al golpe de Estado, el PIB vuelve a derrumbarse: 54.868.

El segundo artículo de ABC del 14 de Abril es una entrevista a Stanley G. Payne, historiador neofranquista, como decía antes. Quién rescata que, como el pan barato o el reparto durante la reforma agraria, el pacto de silencio o la República son otros mitos, este último el principal de todo el siglo XX. Para liquidar la Memoria Colectiva, dice Payne que en la ley de Memoria Histórica “(…) hay que distinguir entre los aspectos humanitarios y arqueológicos, y el aspecto político. Aquellos son deseables y justos; éste es un intento partidista de falsificar la Historia (…)”.

Y sobre los culpables de la guerra añade: “(…) hasta que llegó el desastre del Frente Popular. El desastre no ocurrió por culpa de la coyuntura y la Depresión, sino por culpa de los españoles. Para preguntarse: “¿En qué otro país hubo guerra civil durante la Depresión? (…)”. Sin apreciar ningún culpable de la guerra entre los golpistas de 1936, y sin reflexionar sobre que la II Guerra Mundial fue la consecuencia última del crack de la bolsa de Nueva York de 1929.

Y para terminar un buen análisis falaz, Payne hace uso de una última dosis de paranoia sin fundamento: “(…) tanto el gobierno de Casares Quiroga como los socialistas no querían evitar sino, directamente, provocar una rebelión militar, con el cálculo de que esta sería débil y que su fácil aplastamiento podría consolidar la República democrática (…)”. Ahí queda eso.

 

Problemas económicos de la II República. Gabriel Tortella Casares.

http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/3/REPNE_031-032_135.pdf

http://www.fceye.ull.es/caperez/Heespana/Practicas/8pib2040.pdf

http://blogs.tercerainformacion.es/diseccionandoelpais/2011/04/15/80-anos-despues-las-mentiras-perviven/