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Martínez de Pisón retrata en su última novela la sociedad del tardofranquismo

Diariovasco.com, 25.05.11 | 25 mayo 2011

Disecciona en ‘El Día de Mañana’ la España de los años setenta desde la trayectoria vital de un confidente policial

 

 

ARTURO GARCÍA | BILBAO.

Esta es la historia de cómo un joven ambicioso se convierte en confidente de la polícia política franquista a principios de los setenta, vende a sus amistades y termina haciendo de correa de transmisión de la ultraderecha «en eso que se llamaban misiones extraordinarias» tras la muerte de Franco.

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ahonda en su nueva novela, ‘El Día de mañana’, en la trayectoria de este personaje, Justo Gil, un emigrante aragonés que parece «buena gente» cuando llega a la Barcelona del posfranquismo con una madre enferma de la que se ha hecho cargo. «Justo Gil es un termómetro que ofrece la temperatura moral de aquel final del franquismo viciado y envilecido. Y no encuentro envilecimiento mayor que la de este personaje que va vendiendo y comerciando con sus amistades y relaciones».

Pisón no ha buscado narrar sin más la vida y circunstancias del protagonista: construye su novela de forma coral, a través de testimonios en primera persona, como si fueran entrevistados por el narrador, de las personas que le conocieron. «Buscaba puntos de vista diferentes. Las verdades no son nunca unívocas y hace falta contraste. Quería evocar el tono de los reportajes, del documental, como si los personajes fueran entrevistados por mí. Yo no escribo, son ellos los que hablan. Cada personaje sólo se representa a sí mismo y entre unos y otros surge un cuadro general de lo que fue aquéllo: no he buscado analizar el momento histórico sino hacer un tapiz de motivaciones muy distintas».

Es desde esa reconstrucción coral desde la que levanta el armazón de una novela que busca reflejar la esencia de una época, el Tardofranquismo, y del papel que jugó la incipiente clase media española durante aquel periodo. «Fue su condición acomodaticia lo que me llamó la atención. Fue una protagonista callada de esos años. Si Franco hubiera vivido cinco años más, ellos hubieran seguido haciendo exactamente lo mismo que hacían justo antes de morir: nada, preservar aquellas primeras propiedades que temían les fueran arrebatadas».

Degradación

El día de mañana era una expresión «muy de la época». Se sobreentendía que iba a ser el que iba a seguir a la muerte de Franco. «Dicen que venía de aquello que dijo Franco en su último parte de guerra, lo de ‘en el día de hoy, cautivo y desarmado el ejercito rojo…’. Y lo que iba a venir, muerto Franco, tras ese hoy, era la democracia».

Pisón tira del hilo de la degradación personal de su protagonista para enhebrar una visión caleidoscópica de aquel periodo, sobre todo desde el punto de vista sociológico, de aquellos últimos años de Franco. Para ello aplica la lupa a aquella emergente clase media. «Tengo una visión crítica de la postura de la clase media porque creo que siempre hay que pedir un poco más de heroismo ante las dictaduras. Pero no me gusta interpretar la Historia en clave de epopeya porque nadie sabe cómo hubiera reaccionado en determinadas circunstancias y contextos que es fácil juzgar transcurrido el tiempo».

Pisón cree, con todo, que lo que se consiguió fue bastante: «Dejar atrás una dictadura militar de 40 años. Se podían haber hecho muchas cosas mejor pero el precio político que se pagó fue muy alto. No hay más que ver cómo los que fueron los verdaderos resistentes al Régimen fueron los que menos rentabilizaron luego aquella resistencia y fueron otros los que se colgaron las medallas».

Sin ajustes de cuentas

En ese sentido, defiende el papel de los trabajadores en los últimos años del dictador, a partir de finales de los sesenta. «Realmente los verdaderos antifranquistas fueron los obreros, la resistencia a la dictadura en general hay que buscarla en la industria, y suele ser gente desplazada. Creo que la Historia española ha sido un poco injusta con ellos. Fueron generosos arriesgando y fueron los que salieron perdiendo después».

Respecto a si se tuvo que haber hecho un ajuste de cuentas con el régimen o borrón y cuenta nueva, Pisón cree que ocurrió como en la Francia del periodo de Vichy. «Todo el colaboracionismo se tapó porque no se podía culpar al conjunto de la sociedad, porque lo que parecía que no había ni que recordar a buena parte de esa sociedad es que había sido franquista aunque fuera por defecto, por pasividad. Al final se logró convertir a aquellos franquistas pasivos en demócratas pasivos».

Martínez de Pisón cree que una de las conclusiones que se pueden extraer de la novela y aquel tiempo es que «una de las grandes bases de la felicidad es la decencia, que uno se sienta orgulloso de sí mismo. Para que la autoestima se fortalezca lo que hay que hacer es actuar en consecuencia a tus principios, algo que es imposible que ocurra con un tipo como este Julio Gil que los pocos principios que tuvo los fue paulatinamente traicionando hasta quedarse sin principios, que era incapaz de establecer relaciones naturales con la gente».

http://www.diariovasco.com/v/20110525/cultura/martinez-pison-retrata-ultima-20110525.html