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“No soy un retornado, el Estado me robó”

Diagonal, nº152. 14-06-2011 | 15 junio 2011

Luis Fernando Lezaeta fue enviado a una familia de militares chilenos poe las gestiones de un teniente de Franco

 

MARÍA JOSÉ ESTESO POVES (REDACCIÓN)

MARTES 14 DE JUNIO DE 2011.  NÚMERO 152

Un número aún por investigar de niños robados durante el Franquismo fueron vendidos, también, en el extranjero. Países amigos del dictador, como Chile, recibieron a bebés sacados de las inclusas. Luis Aguirre García, nombre español de Luis Fernando Lezaeta Hurtado, fue llevado de una inclusa en Madrid a la casa del teniente general Félix Álvarez-Arenas, que recibió dinero desde Chile para sacar al niño del país. El director de la inclusa, Fernando Mellado, que consiguió un bebé “rubio y con ojos azules”, tal y como reclamaron los chilenos, también cobró las gestiones. Los padres pagaron más de 500.000 pesetas.

Luis Fernando Lezaeta Hurtado, de 53 años, fue raptado por el Estado español con siete meses de edad. Un alto cargo militar lo sacó de la inclusa de la Paz en la calle O’Donnell, 50 de Madrid, cuatro días después de su nacimiento, el 30 de noviembre de 1958, para enviarlo el 8 de mayo de 1959 a unos padres adoptivos de Chile.

Las gestiones las llevó a cabo el entonces teniente coronel de Infantería Félix Álvarez-Arenas y Pacheco, que después llegaría a capitán general y ministro del Ejército con Arias Navarro, entre 1975 y 1977. Los chilenos Fernando Lezaeta Castillo –coronel instructor de Pinochet– e Inés Hurtado Echenique –tía del actual presidente de la República, Sebastián Piñera Equenique–, encargaron un niño en 1957, en Madrid. “Allá se sabía que era fácil conseguir un niño en España. Entonces, como mi padre era militar, se puso en contacto con el obispado de Santiago de Chile y éste a su vez se comunicó con Álvarez-Arenas, que trasladó el encargo al director de la inclusa de Madrid, Fernando Mellado Romero”, explica Lezaeta.

La petición del bebé fue a la carta. El encargo, que figura en una de las muchas cartas que conserva Lezaeta, especificaba que sus padres querían “un niño rubio con ojos azules y una hermanita”, a lo que la inclusa contestó que las niñas escasean. Para empezar las gestiones, los padres pagaron una fianza de 10.000 pesetas de entonces, que, según los interlocutores de la inclusa, el niño recuperaría cuando alcanzase la mayoría de edad o se casara. “Ese dinero jamás lo devolvieron. Era pura mentira”, dice aquel niño, hoy un hombre casado con cuatro hijos.

La correspondencia de un lado a otro del Atlántico fue muy numerosa, hasta que los padres consiguieron su objetivo. El obispo de la ciudad chilena de Antofagasta y vicario general castrense, Francisco de Borja Valenzuela Ríos, envió una carta el 15 de octubre de 1958 recomendando a los padres y exaltando la trayectoria militar del futuro padre y la religiosidad de la madre. “El teniente general del Ejército tiene 43 años y 28 de carrera brillante. Ella fue educada en el colegio de las Religiosas del Sagrado Corazón. El matrimonio tiene una situación holgada (…). Educarán a los hijos en la fe católica si reciben niños sanos e inteligentes de ascendencia segura”, dice el obispo.

Pasado casi un año, los padres fueron avisados de que ya tenían un niño de esas características. El bebé había nacido el 30 de noviembre de 1958 y con cuatro días se lo llevaron de la inclusa de Madrid donde fue registrado como Luis Aguirre García, datos que también fueron anotados en la iglesia de San Vicente Ferrer –en la calle Ibiza 43, justo al lado de esa inclusa–, según constan en la partida de bautismo. El bebé fue inscrito en el registro civil con el mismo nombre como hijo expósito.

Mientras se gestionaban los papeles, Álvarez-Arenas se llevó al bebé siete meses a su casa, donde el niño fue atendido siguiendo las indicaciones de los médicos del Instituto Provincial de Puericultura. Incluso, Lezaeta conserva las fotos que el teniente español mandó a su padre adoptivo con “Rosa María Cisneros, esposa de Álvarez-Arenas, que es la señora que me tiene en sus brazos”, dice Lezaeta mientras muestra las fotos de hace 52 años.

Durante el tiempo que el bebé pasó en la casa de Álvarez-Arenas, los padres de Lezaeta mandaron dinero a nombre del militar para “regalitos y los demás trámites”, indicó su padre por correspondencia desde Chile. A través de diversas cartas que se intercambian los dos militares, el futuro padre adoptivo del bebé y el alto cargo franquista, se ve la preocupación del primero porque se envíe al niño lo antes posible a Chile.

En una de esas comunicaciones, el militar chileno pregunta a Álvarez-Arenas que “cuántos dólares envían para la ropita y cunita del niño” en la que debe viajar el bebé. “Un moisés azul en el que llegué al aeropuerto de Santiago de Chile”, aclara Lezaeta. La relación en esas misivas es afectuosa e, incluso, los dos militares hablan de sus ascensos en los Ejércitos de sus respectivos países.

 

VUELO CON ESCALA EN LISBOA

El cónsul de Chile en Madrid en esos años, Eduardo Callejo – y también la mujer del cónsul, familia de la madre adoptiva– intervinieron en las gestiones para sacar al bebé del país, junto al responsable de negocios de la embajada chilena, Ramón Luis Rodríguez, en colaboración con Álvarez- Arenas. Se baraja primero la posibilidad de enviarlo en avión con una monja teresiana chilena que está de visita en España, “una ventaja porque no usan hábitos y no levantaría sospechas”, sugieren los padres de Lezaeta.

Hubo otras opciones, como la que explica un documento enviado desde la embajada chilena. Rodríguez firma una nota fechada el 6 de abril de 1959 en la que dice: “Se me ocurre una solución, aquí hay estudiantes (señoritas) que terminan sus estudios y deben partir a Chile. Una de estas señoritas podría llegar con la guagua [el bebé] a Santiago”, y añade que habría que “motivarla” (pagarle). Finalmente, será una azafata de Iberia la que lleve el bebé hasta Chile en un vuelo con escala en Lisboa. Los billetes de avión también están en poder de Lezaeta.

Para embarcar a Luis, el cónsul preparó el pasaporte donde figuran la foto y el nombre de un niño llamado Luis Aguirre García. “Yo salí como turista con siete meses para no volver”, dice con enfado Lezaeta. Para su salida, otro documento autoriza la partida y expide un papel: “Yo, Felix Álvarez, teniente coronel de Infantería, (…) autorizo el viaje del niño Luis Aguirre García, con el fin de unirse a sus padres adoptivos, los señores Lezaeta antes citados”, documento con fecha de 8 mayo 1959, día en el que el niño partió.

HIJO NATURAL EN CHILE

Un año después de su llegada a Chile, los padres adoptivos lo inscriben como hijo natural nacido en la provincia de Antofagasta, el 30 de noviembre de 1958, fecha real en la que nació en la inclusa de Madrid. Así figura en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid como Luis Aguirre García. Dos partidas de nacimiento de la misma persona con lugares de nacimiento diferentes.

También existen papeles de ese cambio de apellidos, e incluso se preparó un documento donde una matrona asegura que atendió en el parto a la madre (adoptiva), que según ese parte es la madre natural. Hasta la llegada de los papeles de la adopción, tres años después, los padres siguieron mandando dinero a Álvarez-Arenas. “Ese dinero no iba a ninguna institución, como le dijeron a mi padre por carta, iba a nombre de estas dos personas. Directamente a los bolsillos del teniente coronel y al director de la inclusa y sus ‘colaboradores’”. Y así consta en los comprobantes que el padre conservó cada vez que enviaba una remesa a través de avión y de un banco.

El director de la inclusa, Fernando Mellado Romero, recibió gran cantidad de dinero del padre de Lezaeta. Pero en una carta fechada el 20 de mayo de 1959, cuando el bebé ya está en Chile, se muestra molesto porque no ha recibido suficiente. “Tengo un pequeño disgusto porque yo fui el primero en complacer su deseo”. Añade “que el coronel Álvarez-Arenas se hizo cargo del bebé sin pagar algunas cuentas pendientes como ‘pasaporte y asistencia’. Y advierte de que “la adopción legal no podrá llevarse a cabo hasta que el niño cumpla tres años”. A esta queja de Mellado, el padre de Lezaeta responde con otra misiva, el 24 de agosto de 1959, en la que “le hago saber que le he ingresado 7.000 pesetas a su nombre en el Banco Popular”.

El goteo de dinero no paró hasta recibir los papeles de la adopción. Lezaeta calcula que sus padres enviaron más de 500.000 pesetas. La relación de las dos familias fue cordial, e incluso, Lezaeta explica que unos años después el coronel Álvarez- Arenas fue a visitarles durante un viaje oficial a Chile, invitado por Augusto Pinochet, tras el golpe militar. El padre adoptivo de Lezaeta impartió instrucción en la Escuela Militar Bernardo O’Higgins, aunque su hijo afirma que el militar se retiró cuando se produjo el golpe de Estado.

Su madre adoptiva, Inés Hurtado Echenique, pertenecía a una familia del Opus Dei de Chile bien relacionada. Prima hermana del sacerdote Alberto Hurtado, cura chileno que fue beatificado, Hurtado Echenique está emparentada con destacados políticos de ese país.

Luis Fernando Lezaeta Hurtado conoció parte de sus orígenes a través de su padre, a los 15 años. Éste le entregó una carpeta llena de documentos y eso hizo que su vida diera un giro radical. La adolescencia fue dura y su madre adoptiva trataba de disuadir sus preguntas diciéndole que su madre biológica no lo quiso: “Y yo, con tanta religión como me habían enseñado, me preguntaba cómo una madre no va a querer a un hijo”, explica Lezaeta.

Tras ese 8 de mayo de 1958, en el que lo colocaron en un capazo y cruzó el Atlántico sin poder oponerse, ahora ha vuelto a España. “Al abrirse la puerta del avión, respiré el aire y algo me resultó familiar”, explica. Ahora espera que el Estado español repare tanto daño. Al menos, que reconozca su nacionalidad española. “He tardado mucho porque no quería hacer daño a mis padres, que me han querido mucho. Mi madre murió hace dos años y me pidió que quemara los papeles. Le dije: “Mamá tú te mueres y se acaba mi familia, yo necesito conocer mis orígenes”, dice Lezaeta. Le han hablado de conseguir el estatuto de retornado, “pero yo no soy un retornado, fui robado por el Estado español. He sufrido dos dictaduras, la de Franco y la de Pinochet”, lamenta Lezaeta.

http://www.diagonalperiodico.net/No-soy-un-retornado-el-Estado-me.html