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Cabos sueltos

Enric Sopena. El Plural, 31/mayo/2011 | 2 junio 2011

¿Por qué los ministros Gabilondo y Sinde pasan de puntillas sobre la manipulación de la historia reciente?

 

Franco no fue un dictador y menos un dictador sangriento. Su régimen no era totalitario ni dictatorial. Era, a lo sumo, autoritario. El catalán no estaba prohibido y es ahora cuando se está intentando prohibir el español en Cataluña. Algo similar podría decirse del gallego y del euskera. Franco no dio un golpe de Estado militar que desembocó en una guerra que duró cerca de tres años y que fue bautizada por los monseñores con el nombre de Cruzada de Liberación Nacional.

Lo que intentó Franco por todos los medios fue salvar a España del comunismo y de otros profundos males como el liberalismo, la masonería, el socialismo, los nacionalismos periféricos, los partidos políticos, la libertad de prensa y de expresión, los librepensadores, los agnósticos o los ateos, la República, los sindicatos de clase y todos cuantos se atrevían a plantar cara al autodenominado Caudillo. Pero no sólo fue un dictador sangriento. Fue un tirano y un asesino.

No parece casual

Todo esto coincide –salvo las dos últimas líneas del párrafo anterior-  con la doctrina básica del Partido Popular, relativa al franquismo, la II República y la guerra civil. No parece casual que, pocos días después de la gran derrota municipal y autonómica del PSOE, acontecida el domingo 22 de mayo, haya emergido con amplia resonancia el Diccionario Biográfico Español, promovido por la Real Academia de la Historia, un fuerte bastión en manos de la derecha política y, en concreto, académica.

Un pastón

Fueron José María Aznar y Esperanza Aguirre los que, en 1999, desde la Presidencia del Gobierno y desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, financiaron con casi 6 millones de euros, un pastón de dinero, el trabajo de una serie de historiadores derechistas o ultraconservadores, muy benévolos con Franco y sus cuarenta años de paz. ¿Por qué no aparecen las alianzas de Franco y su entorno con Adolf Hitler y Benito Mussolini, así como el apoyo de la cúpula de la Iglesia católica? Las sotanas blindaron al general triunfador.

Vergüenza ajena

La reacción del Gobierno  y del PSOE frente a semejante manipulación de la historia, ha sido tan liviana, tan cauta y tan tímida que provoca vergüenza ajena. La débil respuesta  del ministro Gabilondo y de la ministra Sinde a esta farsa –pasando de puntillas sobre la misma- explica en parte la debacle del 22-M. Mientras la ley de la Memoria Histórica navega sin rumbo y dando bandadas, ha irrumpido en el escenario  la victoriosa ofensiva del PP y sus acólitos, incluidos el cardenal Cañizares  y varios historiadores vinculados al Opus Dei.

Una evidencia

No silenciemos una evidencia. El fundador de Alianza Popular/PP fue Manuel Fraga Iribarne, un activo y eficaz ministro de la propaganda y la censura  del Gobierno del general Franco. El PP ha venido necesitando -tras el hundimiento de UCD- legitimidad democrática. Pero para ello  los populares precisaban lavar la cara del franquismo y ensuciar la cara de los republicanos y de la izquierda en general. ¿Empiezan ya a conseguirlo? La batallas ideológicas no son residuales o anecdóticas. Y hay que darlas con datos, con pruebas y con convicción. Lo que, por ahora, no ha hecho el PSOE ni el Gobierno. Ni los dos ministros concernidos.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

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