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El campo de concentración de Aranda

Diario de Burgos, | 4 junio 2011

El viernes se presentaba el nuevo libro de José María Rojas Semilla de libertad II

 

Entre 1937 y el final de la Guerra Civil, los talleres de la Estación de Ferrocarril de El Montecillo acogieron un centro de recepción de presos con capacidad para 4.000 personas, aunque se hacinaban en condiciones de escasa salubridad

MÁXIMO LÓPEZ / ARANDA

El viernes se presentaba el nuevo libro de José María Rojas Semilla de libertad II, un completo estudio sobre la Guerra Civil en el sur de la provincia de Burgos que complementa el publicado hace año y medio. El libro, ampliamente documentado, es fruto de muchos años de trabajo en los que el autor ha indagado en los más variados archivos y, lo que es más importante, ha recopilado los testimonios de muchas personas que vivieron directamente hechos relacionados con la Guerra Civil. Sin duda, muchas de estas vivencias personales hubieran desaparecido con sus protagonistas de no haber sido rescatadas del olvido por José María Rojas.

Uno de los temas tratados en esta publicación es la existencia de un campo de concentración en Aranda. Empezó a funcionar a mediados de 1937 y se clausuró en 1939, al terminar la contienda. Estaba situado en los talleres de la estación de ferrocarril del Montecillo, una infraestructura que estaba a medio construir al comenzar la Guerra y que no sería terminada hasta tres décadas después.

Se eligió esta ubicación por la cercanía a la población y por la existencia de suministro de agua al ser un paraje en el que había muchas huertas. No obstante durante los dos años de funcionamiento del campo de concentración se vio que este suministro era insuficiente, se hicieron estudios para traer el agua desde el casco urbano dadas las precarias condiciones de salubridad y la escasez de agua para tantos prisioneros. Había una pequeña enfermería aunque cualquier caso complicado era trasladado al Hospital militar, ubicado en lo que ahora es el Colegio Castilla. Gracias a los datos del Registro Civil y del libro de enterramientos del cementerio de San Gil se han podido recopilar los nombres de 70 hombres que fallecieron por diversas enfermedades tanto en el campo de concentración como en el Hospital militar. De estos datos podemos extraer también los orígenes de estos presos republicanos, que proceden de los más diversos puntos de España pero en los que predominan los originarios de Cataluña y Valencia. Todos estos fallecidos fueron enterrados en el cementerio viejo y cuando se desmantela éste a mediados de los años 90 los huesos de todos estos presos republicanos son mezclados en la fosa común con los restos de cadáveres no reclamados por familiares.

El campo de concentración de Aranda de Duero no tenía un régimen de funcionamiento similar al de otros de nuestro entorno geográfico. El de Aranda era exactamente un campo de reclasificación en el que la mayoría de estos presos republicanos permanecían en él hasta que se clarificaban sus antecedentes personales y posibles responsabilidades políticas. Era entonces cuando se les enviaba a otro lugar para ser juzgados, disponiéndose su condena o puesta en libertad. El hecho de que fuera un campo de reclasificación tuvo como consecuencia que por Aranda pasara un gran número de presos ya que la rotación era constante. No se disponen de datos sobre el número total de presos políticos que pasaron por este campo pero sí de su capacidad. En un estudio realizado en agosto de 1938 por los propios responsables del campo de concentración se decía que la capacidad máxima del mismo era de 4.000 hombres, estando en ese momento ocupado por 3.551 presos. La gran cantidad personas y la provisionalidad de las instalaciones nos hace pensar que el hacinamiento, el hambre, la enfermedad, la insalubridad y el frío serían una constante en la vida diaria de los presos.

El Ayuntamiento de Aranda solicitará a los responsables del campo las labores de un batallón de trabajo para realizar algunas obras. Al comenzar la guerra se estaban realizando las obras de adoquinado de la carretera de la Estación, las obras fueron interrumpidas por este motivo y serían terminadas por un grupo de 40 presos. También trabajarían en un tramo del adoquinado de Carrequemeda y en la pavimentación del tramo urbano de la carretera Valladolid-Soria, que corresponde a la calle Ruperta Baraya y el principio de la calle Burgo de Osma. Durante la guerra se habían paralizado todas las obras, tanto públicas como privadas, ya que casi toda la población joven estaba movilizada militarmente y la escasa mano de obra disponible en Aranda era destinada a los trabajos agrícolas, dada la gran demanda de suministro de alimentos que requerían los frentes. Se reproduce una postal en la que vemos el modelo que debían utilizar los presos para comunicarse con sus familiares. En la misma vemos que figura el membrete del campo de concentración de Aranda y el sello que indica que la postal ha sido revisada por un censor antes de ser enviada a su destino. Las otras dos fotografías proceden de un reportaje titulado La vida en los campos de concentración de prisioneros, publicado en noviembre de 1938 en la revista santanderina Nueva España. Se recogen dos fotografías del campo de concentración de Aranda y en las que, según reza el pie de foto, se refleja la misa celebrada en el propio campo con motivo del bautismo de dos presos y la celebración de la primera comunión de otros 80 presos más.

http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Ribera/20110529/campo/concentracion/aranda/3B5D5635-96A0-E5F3-59C760E2316122DE