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En busca de un Valle para todos los Caídos

El País, | 8 junio 2011

El dilema es qué hacer con Franco

 

NATALIA JUNQUERA – Madrid – 08/06/2011

Un grupo de expertos afronta el reto de arrebatar al dictador su gran símbolo – La colosal cruz se queda –

Sepultado por una losa de granito de 1.500 kilos, Franco resiste, desafiando al tiempo y al olvido. Más de 35 años después de su muerte, todavía hay intelectuales que se resisten a llamarle dictador, como ha evidenciado el polémico diccionario de la Real Academia de la Historia. Y medio siglo después de su inauguración, el mayor símbolo del franquismo, el monumento que él ideó, precisamente, para inmortalizar su victoria, el Valle de los Caídos, sigue intacto, regido por los mismos principios y decretos que él dejó atados y bien atados. El Gobierno de Adolfo Suárez y el primero de Felipe González intentaron crear sendas comisiones para actuar sobre el monumento y ambos fracasaron. Ahora, a menos de un año para las elecciones, el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero ha constituido un grupo de expertos para que en un plazo de cinco meses elaboren un plan para arrebatarle a Franco esa última plaza en la que todavía resiste y darle otro significado. “No existe nada parecido en el mundo”, repiten, con una mezcla de emoción y respeto por la tarea, varios de ellos, entre los que hay historiadores, juristas, filósofos y un monje benedictino. EL PAÍS preguntó a expertos de esa comisión y a otros cómo convertir ese “monumento a la guerra y el nacionalcatolicismo”, en palabras del ministro de la presidencia, Ramón Jáuregui, en “un lugar de memoria reconciliada”.

Qué hacer en el Valle de los Caídos es la gran pregunta, pero la primera es: ¿por qué no se ha hecho antes? ¿Por qué, 35 años después de su muerte, sigue siendo lo que Franco quiso que fuera?

“Por miedo”, asegura el historiador Ricard Vinyes, miembro de esa comisión de expertos. “Porque no ha habido voluntad de hacerlo, ni sensibilidad para abordarlo. Lo cual es increíble, porque es el lugar de memoria de los vencedores más importante que la dictadura legó. Es demasiado grande, con muchas partes implicadas y no sabían qué hacer. Y cuando preguntaban, no les gustaba lo que algunos decíamos”, añade Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea y uno de los expertos que los familiares de los republicanos enterrados en el monumento pidieron que estuviera en la comisión. Casanova no cree que “las memorias puedan reconciliarse”. “Es un monumento de vencedores y así hay que mantenerlo, pero explicado, con carteles, documentos y documentales, desde la democracia”.

Santiago Carrillo cree que si no se ha intervenido antes es “porque la derecha no ha roto todavía con el franquismo y la izquierda es muy tímida, incapaz de enfrentarse políticamente a los prejuicios de una parte de la opinión pública”. Y el filósofo Reyes Mate, miembro de la comisión, opina que el retraso obedece a que “la cultura dominante en España y en Europa ha sido la cultura del olvido. Ha habido una resistencia a mirar al pasado porque muchos piensan que la memoria es peligrosa, que crea problemas, cuando en realidad, es la condición para alcanzar soluciones”.

Por miedo, repiten unos y otros. “Es una oportunidad histórica y a la vez un reto tan colosal como la cruz que lo corona. Debemos de ser concienzudos, imaginativos, y sobre todo, valientes”, asegura Francisco Ferrándiz, antropólogo social e investigador del CSIC miembro de la comisión. “Lo que tenemos que hacer es volar el Valle de los Caídos como metáfora. Darle totalmente la vuelta. No basta con poner carteles encima de cada piedra explicando lo que son”, añade Vinyes.

Ese miedo también resiste. El temor a la reacción de determinados medios de comunicación ha provocado que la comisión haya hecho un pacto de silencio para no informar de sus ideas hasta que hayan concluido su informe.

En cualquier caso, el futuro Valle de los Caídos ha comenzado a dibujarse. Mantendrá la gran cruz, de 150 metros de alto -la Federación de Foros por la Memoria pedía su voladura, por considerarla “equivalente a una esvástica”- y a la comunidad benedictina -pese a que algunos de estos expertos son partidarios de convertirlo en un lugar laico-. Y añadirá un memorial que sirva de homenaje a las víctimas allí enterradas y a los presos políticos que fueron obligados a construirlo. Al menos, estas son las grandes líneas que Jáuregui ha marcado a la comisión.

Pero la cuestión más delicada que ha de decidir este grupo de expertos es si los restos de Franco y Primo de Rivera deben permanecer allí. Varios de ellos opinan que no es posible darle otro significado al Valle de los Caídos dejando al dictador donde está y propondrán entregar los restos a su familia para que lo entierren donde quieran, por ejemplo, en el cementerio de Mingorrubio, a las afueras de El Pardo, junto a su mujer. Distinto podría ser el tratamiento de José Antonio Primo de Rivera, que murió fusilado en Alicante al principio de la Guerra Civil y, al contrario que Franco, sí puede considerarse una víctima de la Guerra Civil.

“Retirar los restos de Franco del Valle de los Caídos sería un gesto simbólico muy poderoso”, explica uno de los expertos de la comisión. Otro es partidario de dejarlo donde está y llevar al monumento todas las estatuas del dictador que se han ido retirando, con la convicción de que si es un Estado democrático el que lleva a cabo esta operación, cambiaría totalmente de significado.

Si la comisión decide finalmente que es necesario exhumar los restos de Franco, el Gobierno debería iniciar gestiones con la familia. Este periódico intentó sin éxito contactar con Carmen Franco Polo. Pero Emilio de Miguel, portavoz de la Fundación Nacional Francisco Franco, que preside la hija del dictador, opina al respecto: “Franco merece un respeto, como todos los muertos. Si quieren hacer un museo hay monte libre para hacerlo, no allí”.

Pero Franco y Primo de Rivera no son los únicos enterrados en el Valle de los Caídos, que además de monumento al franquismo es la mayor fosa común de España, con 33.833 personas enterradas -el equivalente a la ciudad de Teruel-. Entre ellas hay, además, centenares de republicanos fusilados que fueron exhumados de las fosas comunes a las que habían sido arrojados y llevados en 491 traslados al mausoleo para ser enterrados junto a su verdugo sin el consentimiento de sus familias. Once de ellas reclaman ahora que les devuelvan sus restos para enterrarlos donde ellos quieran. Responder a esta petición va a ser otro de los grandes retos de esta comisión.

Los forenses que el Gobierno envió para analizar el estado de esos huesos concluyeron en febrero que es imposible identificarlos, por estar mezclados y muy deteriorados. Pero Jáuregui ha encomendado a esta comisión que explore todas las posibilidades, para lo cual los expertos solicitarán el asesoramiento externo de otros especialistas, españoles y extranjeros, incluido uno elegido directamente por los afectados. Fausto Canales, hijo y sobrino de republicanos enterrados en el Valle, asegura que solo volverá a ese lugar para llevarse a los suyos.

Como explicó la historiadora Queralt Solé en Los muertos clandestinos, Franco no tenía intención de incluir a los miles de fusilados repartidos por fosas comunes en toda España que finalmente acabaron en el Valle. “No sacrificaron nuestros muertos sus preciosas vidas para que nosotros podamos descansar”, dijo en la inauguración del monumento, en abril de 1959. “Nuestros muertos”. Pero en contra de lo que pensaba, muchas viudas del bando nacional no autorizaron los traslados y Franco se vio obligado a pedir por carta y “con urgencia” a los Ayuntamientos restos con los que alimentar el mausoleo. Estos contestaron que no tenían muertos franquistas, pero sí muchas “fosas del ejército rojo”. Además, les venía muy bien deshacerse de estos enterramientos que en muchos casos les impedían ampliar el cementerio municipal.

Solé propone dejar los restos de Franco y Primo de Rivera donde están para que “el Valle se conserve como la tumba faraónica que el dictador se hizo construir” y sirva de “ejemplo de lo que no debe volver a ocurrir”. Pero es partidaria de exhumar “sin distinción los demás restos, poco a poco, con un presupuesto anual”.

Casanova también dejaría a Franco en su tumba. “Él la construyó para su gloria y hay que explicarlo. José Antonio debería aparecer con los restos de los otros mártires porque el personaje vivió hasta el 20 de noviembre de 1936 y después fue inventado por el franquismo. En febrero de 1936 ni salió elegido diputado y dirigía un partido minoritario antes del golpe de Estado de julio”.

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, jurista que ocupó varios cargos en el PP y actualmente es miembro del Consejo de Estado, además de integrante de esta comisión de expertos, opina que una de las cuestiones más delicadas es la gestión del Valle de los Caídos. De la comisión ha de salir un nuevo convenio con la comunidad benedictina, la que actualmente se encarga del recinto, cuya conservación y mantenimiento paga Patrimonio Nacional, pese a que el monumento no aparece en su relación de bienes propios, es decir, que el Valle de los Caídos no tiene un dueño definido.

La ley de memoria histórica establece que la Fundación gestora del Valle (que hoy se rige por un decreto franquista de 1959) “incluirá entre sus objetivos rehabilitar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil y la represión” y “profundizar en el conocimiento de este período histórico y de los valores constitucionales”. Hasta ahora la comunidad benedictina se ha dedicado básicamente a celebrar misas y acoger carísimos campamentos de verano de colegios privados como St. Michaels School.

Rodríguez de Miñón le quita hierro al asunto: “No es como volver a hacer la Constitución. Con buena voluntad y criterio sacaremos esto adelante”, pero varios de sus compañeros en la comisión creen que el futuro del Valle de los Caídos pasa necesariamente por su desacralización. “Me preocupa la presión que pueda ejercer la Iglesia tanto como que sea el PP el que tenga que gestionar este informe”, admite Vinyes.

A todos les preocupan los tiempos políticos. También al ministro Jáuregui, que confía en que “ningún Gobierno” vuelva a meter este asunto “en un cajón”.

 

¿Qué haría en el Valle de los Caídos?

– Marcos Ana, 23 años preso en las cárceles franquistas. “Los presos deseaban que les llevaran a trabajar en la construcción del Valle de los Caídos porque pensaban que así tenían una oportunidad para escapar, pero solo llevaban a los que tenían bajas condenas y la mía era de 60 años, así que no fui. La memoria de los vencedores está todavía muy presente, en los entresijos del Estado, en la judicatura, en lugares como el Valle. Me gustaría que fuese un museo antifranquista, un lugar de memoria democrática que recuerde a quienes lo construyeron”.

– Santiago Carrillo, exlíder del PCE. “Desde que llegué a España me propuse no ir jamás a ese lugar. Antes pensaba que habría que cubrirlo de plomo, como en Chernóbil. Ahora pienso que habría que convertirlo en un sitio al que podamos ir todos, y para eso, sacar los restos del dictador, retirar la cruz y convertirlo en un lugar laico, puesto que allí están enterrados combatientes que no eran religiosos. Sería muy positivo que tomara la forma de un museo que explicara cómo se construyó ese terrible monumento”.

– Luis Eduardo Aute, cantautor. “No he ido nunca. Para mí hoy es el símbolo del horror, de la salvaje Guerra Civil, la representación de la victoria de los golpistas. Me gustaría que fuese un museo sobre la Guerra Civil a la manera de los que hay sobre los campos de concentración nazis. Y para hacerlo habría que sacar de allí los restos de Franco y de Primo de Rivera”.

– Emilio de Miguel, portavoz de la Fundación Nacional Francisco Franco. “Lo dejaría como está. Están generando problemas donde no los hay mientras la gente asalta contenedores de basura porque tiene hambre, eso sí que es un problema. La comisión que han nombrado para cambiarlo me parece muy sectárea. ¿Quiénes son ellos para opinar? ¿Qué currículum académico tienen? Franco no está ahí por decisión de Franco, sino del Rey. Es un muerto y merece un respeto, como todos los muertos. Y si quieren hacer un museo, hay monte libre para hacerlo, no allí”.

– Juan Diego Botto, actor, hijo de un desaparecido de la dictadura argentina. “Para mí es un mausoleo a un dictador pagado con fondos públicos y al que peregrinan grupos de extrema derecha, un edificio que no está a la altura de la España democrática. Hay que sacar de allí los restos de Franco y Primo de Rivera y convertirlo en un lugar de memoria que homenajee a los que dieron su vida luchando por la democracia. Si no se ha actuado antes es porque ha faltado coraje. Pero me parece curioso que en Sevilla se plantee retirarle una calle a Pilar Bardem, que es una actriz, cuando siguen estando presentes lugares como el Valle de los Caídos y hay asesinos que aún tienen calles”.

– Fernando Savater, filósofo. “Yo en el Valle de los Caídos tengo enterrado a un hermano de mi padre que fue asesinado en Paracuellos y a Franco, que me fastidió la juventud y me metió en la cárcel. Creo que lo mejor sería que todos los muertos fueran llevados a cementerios y que el Valle de los Caídos fuera una iglesia, sin más.

– Fabio Gándara, abogado acampado en Sol. “No es un modelo a recordar. Creo que debería permanecer, pero convertido en un sitio para todos los españoles que recuerde a los presos que lo construyeron y a los republicanos que fueron enterrados allí, como una especie de museo de la memoria”.

– Juan José Solozábal, catedrático de Derecho Constitucional.

“Soy absolutamente contrario a todo movimiento de los restos de Franco y Primo de Rivera. De los muertos, es su recuerdo lo que importa no sus reliquias, tan manipulables. Pienso en la oportunidad de que el Valle de los Caídos sea un gran centro de estudios, que acometa, con libertad y tolerancia, la construcción de una memoria común de los españoles, tan factible como necesaria”.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/busca/Valle/todos/Caidos/elpepusoc/20110608elpepisoc_1/Tes