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Entre la decepción y la vergüenza

El País, | 3 junio 2011

Algunos autores del ‘Diccionario Biográfico’ lamentan que la falta de rigor de la Real Academia de la Historia haya contaminado una obra “tan necesaria”

 

J. RODRÍGUEZ MARCO / ST. CONSTENLA – Madrid – 03/06/2011

La labor de más de 5.000 biógrafos, tres siglos de espera y 10 años de trabajo ha quedado en entredicho merced a la tendenciosa selección de los encargados de escribir algunas de las voces sensibles del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Muchos de los colaboradores del propio Diccionario se sienten entre decepcionados y avergonzados por la falta de rigor de la institución que recurrió a ellos y de la que recibieron unas estrictas reglas de estilo destinadas a garantizar la neutralidad de los textos en una obra de consulta pagada con 6,4 millones de euros de dinero público, aportados desde 1999. Hoy, la Junta General de la RAH decidirá si revisa “un subconjunto de entradas a la vista del debate”.

“Las normas que nos dieron era muy concretas y muy articuladas, impecables”, recuerda Ángel Luis Prieto de Paula, autor de las biografías de, entre otros, Tomás de Iriarte y José Manuel Caballero Bonald. Para este catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante eran las ideales para conseguir la “homogeneidad” que necesitaba una obra “muy necesaria” para la cultura española, “sobre todo en tiempos de abuso de la Wikipedia”. El resultado, continúa, es que “unas entradas escandalosas, una gota de café en un cubo de leche, ha terminado desautorizando el boque entero; de ahí el disgusto”.

La mayoría de los autores coinciden en la bondad de la empresa y en la idoneidad de las normas de estilo. Todos, de José-Carlos Mainer a Fernando Valls, lamentan que hayan sido algunos académicos los que han terminado por emborronar el trabajo de muchos otros especialistas. “Sorprende que los propios académicos no hayan respetado sus propias reglas”, dice José Luis de la Granja, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco y autor de las biografías de Sabino Arana y José Antonio Aguirre. “También sobre un personaje como Arana hay visiones antagónicas y yo he sido aséptico, he utilizado datos comprobados y no he emitido juicios de valor. Se trataba de hacer algo neutro, ni apologético ni denigratorio. Por eso me siento molesto, defraudado”.

También, continúa, “porque es una obra única que estaba pendiente desde el siglo XVIII y que ha llevado una década de trabajo. Es una pena que ese enorme trabajo desmerezca por unas pocas entradas. El problema es que son importantes y de la historia reciente. Todavía viven muchas víctimas del franquismo y otras siguen enterradas en las cunetas. El tema está a flor de piel y tratar a Franco como lo hace Luis Suárez es una aberración. Muchos colaboradores nos sentimos engañados, perjudicados”. “Es un despropósito el texto de Luis Suárez pero lamento que se esté demonizando el Diccionario entero”, se queja Antonio Serrano, latinista de la Universidad de Cádiz, que ha escrito tres biografías de personajes del siglo XVI.

Miguel García Posada, crítico literario, firma la reseña de Federico García Lorca. No esconde su indignación por lo que está trascendiendo: “Se ha elegido a gente problemática y el resultado es problemático. Ni Gonzalo Anes ni los demás tenían antecedentes sólidos para asumir esta obra”.

“Da cierto pudor aparecer en una obra tan necesaria y que parcialmente ha terminado teniendo una orientación política tan vergonzosa”, dice el crítico literario Alejandro Duque Amusco, autor de las entradas dedicadas a Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Carlos Bousoño. “Alguna responsabilidad tienen los que han dirigido la obra. Es evidente que ha faltado el control institucional. Aunque nadie tocó mi texto, sí recibí sugerencias menores que indican que alguien lo leyó con cuidado. Supongo que lo mismo se podría haber hecho con Franco”. Prieto sospecha que los errores no son inocentes cuando algunas entradas “sensibles” no se ha encargado a especialistas: “Si el que comete errores es una autoridad en la materia, la culpa es suya; si el autor no lo es, la responsabilidad es de la institución. Falta que la Academia asuma eso”.

La autora de la biografía de Luis Buñuel, la historiadora y crítica de arte Chus Tudelilla, cree que “tendría que haber habido un equipo de lectura obligada de todo lo que recibían y que hubiese examinado con especial atención los casos más conflictivos”. Ella firmó el contrato en 2006. Cada biografía se abonó según su extensión: las más escuetas, de un folio, se pagaron a 40 euros.

Con parte de la obra en la calle, ¿qué hacer? “Todos los colaboradores deberíamos exigir que revisasen esas entradas especialistas en cada autor, que los hay y muy buenos, ahora veo que intencionadamente ausentes de ese Diccionario, porque el resultado es indecoroso moral y científicamente”, dice José María Pozuelo Yvancos, catedrático de Teoría Literaria de la Universidad de Murcia y autor de la biografía de Claudio Guillén. Duque Amusco no cierra ninguna posibilidad: “Mi experiencia como autor de ediciones críticas me dice que no es tan difícil, aunque sea costoso, cambiar un fascículo con errores o erratas graves”. García Posada corta por lo sano: “Habría que retirar esta edición y hacer una nueva corregida. No tiene sentido que se distribuya una edición con inexactitudes notorias”.

El autor, que se abstenga de opinar

Extractos de las normas remitidas por la RAH a los autores de las biografías para lograr textos objetivos:

– “Se expondrá el desarrollo de la vida del biografiado con precisión, sobriedad y buen gusto, sin exagerar ni menguar, de manera que el lector se haga cargo del perfil”.

– “Se recogerá la opinión o juicio que se ha formado del personaje a lo largo de la historia, según proceda. El autor de la biografía se debe abstener de dar su propia valoración. La redacción ha de ser neutra; la opinión del redactor (…) no debe traslucirse en la biografía”.

– “Los datos de las biografías serán objetivos y documentados evitando la incursión en terrenos de subjetividad o hipótesis”.

– “Las biografías se centrarán en lo que podría denominarse historia externa del individuo, que es la serie de acontecimientos o actos de su vida, en lugar de centrarse en la exposición y análisis de su psicología y carácter”.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/decepcion/verguenza/elpepicul/20110603elpepicul_2/Tes