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Un diccionario atado y bien atado

Isaac Rosa. Público, | 5 junio 2011

Sospecho que el bochorno no ha hecho más que empezar: sólo conocemos la mitad de la obra

 

“Claro que se ha revisado todo, pero para que la edición sea buena y sin erratas, no para alterar ningún contenido.” -Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia-

Una pregunta tonta: ¿por qué en España, cada vez que alguien mete mano a las esencias patrias, acabamos avergonzados, ofendidos o, como ahora con la Academia de la Historia, las dos cosas a la vez, avergonzados y ofendidos? Ya ha pasado otras veces con el manoseo de las banderas (recuerden la polémica por el trapo descomunal que el gobierno del PP plantó en la madrileña plaza de Colón), o con el himno, al que quisieron poner letra y el intento terminó en un nuevo bochorno. Y ahora vuelve a pasar con la historia común.

Por mucho que digan que tendrán en cuenta las críticas, y aunque añadan una “fe de erratas” que podría ocupar un tomo entero, sospecho que el bochorno no ha hecho más que empezar: sólo conocemos la mitad de la obra, los primeros 25 tomos de un total de 50, las biografías que van de la A hasta la G. Así que, salvo que sometan el resto de la obra a revisión, cuando a principios de 2012 se publiquen los otros 25, con los nombres de la H a la Z, volveremos a escandalizarnos.

Vista la primera parte, podemos anticipar algunas entradas de esa segunda parte: José Antonio Primo de Rivera, presentado como un padre de la democracia; Queipo de Llano, pionero de la radiofórmula por sus alocuciones radiofónicas en la Sevilla de 1936; el general Moscardó, héroe romántico del Alcázar; José María Pemán, poeta genial y autor de una emocionante letra para el himno nacional.

O incluso nombres más recientes: Rubalcaba, cuya entrada bien puede escribir algún conspiranoico del 11-M; Rajoy, hombre de acción llamado a salvar España; e incluso Pío Moa, que puede aparecer caracterizado como historiador, paso previo a su futuro ingreso en la Academia.

Por su composición y funcionamiento la Academia es una de las instituciones más rancias de España, por la que apenas han pasado los siglos. Todavía abren las sesiones con un rezo en latín, y la edad de sus miembros los hace más históricos que historiadores. Leo en su web que la institución cuenta con un ‘Gabinete de Antigüedades’, dedicado a recoger y conservar antiguallas. Ah, claro.

http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/06/05/un-diccionario-atado-y-bien-atado/