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Exposición en Santiago de Compostela: Cartografía de la represión franquista

El Mundo.es, 28/07/2011 | 29 julio 2011

Ana Teresa Ortega fotografió los lugares de reclusión de la dictadura

 

En muchos de ellos nada, ni una placa, recuerda lo que han sido

El Auditorio de Galicia, en Santiago de Compostela, expone estas imágenes

La muestra ya visitó el Palau de la Virreina, en Barcelona

Montse Dopico | Santiago de Compostela

 

Ni una placa. En gran parte de los lugares de represión que el franquismo creó no queda nada que recuerde lo que han sido. Y la artista visual Ana Teresa Ortega, “sorprendida” e “indignada” al comprobarlo, quiso visibilizar lo que había permanecido oculto, desconocido más allá de la memoria local o de lo divulgado por algunos historiadores. El resultado es una exposición de fotografía, ‘Cartografías Silenciadas’, que acoge el Auditorio de Galicia, en Santiago de Compostela, hasta el 20 de noviembre. La muestra ya visitó el Palau de la Virreina de Barcelona.

Hoy son bellos parajes naturales, edificios públicos, centros religiosos, establecimientos hoteleros, fábricas abandonadas… Algunos, en ruinas, y otros bien enteros. “Me parece increíble que un Parador que fue un espacio de represión no haya nada que indique lo que en él pasó. ¿Por qué no se reconoce? Eso nunca restaría, sino que sumaría. Somos el único país del mundo en el que pasa esto”, apunta Ortega, que comenzó con este proyecto en el año 2005.

“El motivo fue la curiosidad, la ansiedad por saber. Yo no conocía más que los lugares más emblemáticos, como el de Miranda de Ebro, donde hubo presos de las Brigadas Internacionales. Y veía que no era la única, que había una gran ignorancia sobre ese aspecto de nuestra memoria colectiva…”, comentó. Acudió, para documentarse, al Archivo General Militar de Ávila, al Archivo del Reino de Valencia o al Archivo del Tribunal de Cuentas, entre otros. “No tuve problemas, pues los documentos ya estaban desclasificados cuando empecé. Sólo en el Tribunal de Cuentas me pusieron impedimentos, pero luego me dejaron entrar. Eso sí, hay algunos archivos que son un caos y por eso es difícil encontrar lo que buscas”, aseguró.

La autora tuvo que hacer una selección de los lugares de la represión. “Son casi 200. No pretendía ser exhaustiva, no tendría sentido. Escogí los más simbólicos, al ir avanzando en el propio trabajo de campo. Me ayudó mucho la información que me facilitaron los historiadores y también la gente, los vecinos, que colaboraron mucho. Son lugares cargados de historias, en los que las personas están implícitas”, destacó.

Las mentiras de la propaganda

La propaganda franquista trató de presentar sus campos de concentración como lugares -provisionales o estables- de internamiento de prisioneros de guerra a los que se trataba de forma benévola. En un documento de la España nacional expuesto en la muestra se cuenta que se les cura en los hospitales y en la “antigua Universidad de Deusto” se les “reeduca para integrarlos a la vida civil”, pues “ésta es la España justa y generosa que vuestros jefes” -los republicanos- “niegan”.

En realidad, según demostró el investigador Javier Rodrigo Sánchez -autor de los ensayos ‘Los campos de concentración franquistas. Entre la historia y la memoria’ y ‘Cautivos. Campos de concentración en la España franquista’-, aunque nacieron como lugares de reclusión temporal y con aparente improvisación logística, no por ello respondieron exclusivamente a objetivos clasificadores, de evacuación e internamiento preventivo, -como centros desde los que los presos eran o bien directamente depurados, o bien enviados a batallones de trabajo, a la cárcel, a otros campos, al frente de guerra o a casa en régimen de libertad condicional-.

Los campos de concentración constituían uno de los ejes del terror y el silencio impuestos para subyugar a la oposición, pues su finalidad era la persecución, aislamiento, castigo, humillación y difamación de la disidencia, así como su resocialización en los valores del “Nuevo Estado”. Su objeto no eran sólo el ejército republicano, sino también los partidos políticos, sindicatos o intelectuales “desafectos”…

La represión en Galicia

La exposición de Santiago -fruto de un convenio de colaboración entre la Universidad de Valencia y el Auditorio de Galicia-, comienza con una imagen del campo de Lavacolla, en el que fueron recluidos 2.000 prisioneros del Frente Norte. En Galicia la guerra duró apenas unos días, por lo que la intensa represión desatada por los golpistas es indicio del tipo de violencia política que practicaron. El lazareto de la Illa de San Simón albergó a unos 5.000 presos, en una primera fase preventivos y luego procedentes del Frente Norte.

Por el penal del Mosteiro de San Salvador, en Celanova, Ourense -en la actualidad una plataforma cívica lucha contra el proyecto de convertirlo en un hotel y trasladar el Instituto que acoge- pasaron también unos 5.000 presos políticos. El Campo da Rata, en A Coruña, fue un lugar de fusilamiento, en muchos casos de personas “sacadas” de las cárceles cercanas. Y en Camposancos, A Guarda, (Pontevedra), actuó un Tribunal Militar en el que más de 200 personas fueron condenadas a muerte. Desde la Ponte de Castrelo do Miño, (Ourense), los sublevados empujaban a sus víctimas, impidiendo así su enterramiento.

El historiador Domingo Rodríguez Teijeiro, autor de ‘Presos e Prisións na Galicia de Guerra e Posguerra (1936-1945)’, subrayó la función de “redención moral” que el régimen franquista quiso dar a la cárcel. Las inhumanas condiciones de vida en prisión -en su opinión- no responden solamente a un ánimo de castigar y reprimir, sino que son consecuencia del hecho de que el sistema carcelario se vio desbordado -270.719 persoas a 1 de enero de 1940 según las cifras oficiales, más 90.000 en los campos de concentración-.

Ana Teresa Ortega retrató diferentes tipologías de lugares de represión, bien con panorámicas o con encuadres más de detalle, en los casos en los que había una arquitectura. Chus Martínez Domínguez, comisaria para Galicia, dio forma a la muestra sobre un proyecto puesto en marcha y dirigido por el profesor Pep Benlloch. Acompaña a cada fotografía un texto explicativo. En el Castell de Montjuïc, en Barcelona, se produjeron fusilamientos, como el del que había sido presidente de la Generalitat, Lluís Companys.

En Los Almendros, en Alicante, fueron recluidos los republicanos que habían intentado exiliarse desde el puerto de la ciudad al terminar la guerra, y desde allí distribuidos en varios campos de concentración. En la cárcel de mujeres de Málaga, Antonio Vallejo Nájera hizo experimentos para probar sus teorías sobre las personas de izquierdas como “raza” inferior. La plaza de toros de Badajoz funcionó como centro de reclusión y ejecución de unas 2.000 personas. Los presos políticos construyeron el canal del Bajo Guadalquivir. Un documento que se exhibe en la exposición asegura que la finalidad del trabajo de los prisioneros de guerra era “reparar las posibles destrucciones perpetradas por las hordas marxistas”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/28/galicia/1311856822.html?a=c3ad26935c78668139c9a969562092e3&t=1311858257&numero=