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IN MEMORIAM: Gerardo Antón Garrido “Pinto”: Viento de libertad

Ángel Prieto Prieto, | 20 julio 2011

Mañana cuando yo muera, no me vayáis a llorar, no me busquéis bajo tierra, soy viento de libertad

 

El  día ocho de julio (2011) al guerrillero de la libertad  Gerardo Antón Garrido “Pinto” le  abandonaron los escasos, los últimos, alientos de vida que quedaban en su maltrecho cuerpo. Cansados de  vegetar en una residencia triste de ancianos (de mayores,  se dice ahora) decidieron marcharse para ser lo que siempre habían sido: “vientos de libertad”. Eso fue su vida y eso seguirá siendo el guerrillero “Pinto” en nuestros corazones. Con  toda probabilidad, era, hasta ese día, el último superviviente de la aguerrida División ( la 12º)  del Francés perteneciente a la Agrupación Guerrillera de Extremadura Centro; estuvo siempre diligente, siempre dispuesto a defender la causa de la libertad, entonces (1945-1948) en los montes de Extremadura; en su exilio francés, participando activamente en cuantos actos se convocaban en contra de la dictadura franquista;  y desde 1977 (año de su vuelta a España, aunque siguió teniendo residencia en Francia) hasta el 2006, formando parte de la caravana de la memoria (AGE)  en cualquier foro que se prestara a ello.

Recibí  la noticia de su muerte a través de un SMS que  mandó su cálido amigo, Aureliano Martín Alcón.  Decía: Acaba de morir “Pinto”. Está en el tanatorio de Plasencia. No hay entierro. Donó su cuerpo.

Enseguida vino a mi memoria la última vez que le vi en una residencia de ancianos en Cáceres (2007) embutido en un chándal. Cerré los ojos, apreté los puños con fuerza, desapareció aquella imagen  y vino a mi mente el retrato de su figura grácil, desgarbada; vestido siempre con cierto desaliño; unas sandalias de cuero en sus pies ligeros; en su cabeza una gorra guerrillera; colgada del hombro, una bota de vino; y en su espalda, como si formara parte de él, rememorando el zurrón de sus años de pastor, una mochila a la que estaba uncido el mástil de la bandera republicana  y en cuyo interior, siempre, siempre, viajaba su tierra: unas cabezas de ajo, aceitunas aliñadas… y miel de romero.

Después, vinieron mezclados muchos recuerdos, muchas imágenes y, como no, alguna que otra anécdota.

Recuerdos de horas y horas vividas junto a él escuchando, unas veces, las múltiples vicisitudes pasadas en los montes extremeños junto a sus compañeros de guerrilla; otras veces, escuchando las penurias y sufrimientos del exilio en Paris,  compartido, durante algún tiempo, con Jerónimo Iglesias Prieto “Relojero”… Avatares, relatos de la historia silenciada  que tanto contribuyeron a que mi librito Silencio y Soledad. Resistencia armada contra Franco en Cáceres se hiciera un hueco en el complicado mundo editorial.

Imágenes de sus incontables intervenciones explicando en actos, presentaciones de libros, jornadas, cursos universitarios…. aquí y allá lo que fue la memoria silenciada. Como aquella en la que en compañía del también guerrillero José Murillo “Comandante Ríos”, impartieron  una lección sobre la Guerrillas Republicanas a alumnos del I.E.S Larra (Madrid), después de haber hecho en tren, durante toda la noche, el trayecto Paris-Madrid.

Y aquella anécdota ocurrida   en Yuste (Cáceres), en el verano de 2003, en unas Jornadas para la Recuperación de la Memoria Histórica programadas por la Universidad de Extremadura, dirigidas por el  profesor Julián Chaves (autor del libro Guerrilla y Franquismo. Memoria viva del maquis Gerardo Antón “Pinto”)  y  en las que también participaban Dolores Cabra (secretaria general de AGE, la mujer más comprometida con la causa de los guerrilleros republicanos españoles, que yo he conocido), Francisco Martínez “Quico”, guerrillero de la Agrupación Levante,  Dulce Cachón (que siempre estará entre nosotros, no  solo por ser extremeña y por su espléndida literatura sino  también por su compromiso con la paz , con la solidaridad, con  la libertad), Ángeles Caso, Javier Rioyo…  Como os decía, en una de las interminables, de las calurosas  tardes del estío extremeño, mientras un ponente dictaba una  conferencia acerca de lo redundante que es decir “Memoria  Histórica” tuve el atrevimiento de hilvanar unos versos para  Pinto (muy sencillos, como a él le gustaban), porque él, viejo zorro, en vez de ir a la conferencia, hizo  lo único sensato que se debe hacer después de comer cuando es  verano en Extremadura: echarse una siesta.

En fin, recuerdos, imágenes, anécdotas, vida… que quiero compartir con vosotros, como una muestra de agradecimiento por su compromiso con la libertad.

 

Cacereño de Aceituna

aceitunero y altivo

que se apellida Antón

y de segundo Garrido

 

Gerardo lleva por nombre

pero  le decimos “Pinto”

“Pinto” por ser guerrillero

de la doce división

que con tesón y bravura

junto al “Francés” combatió

 

La sierra fue su cuartel

la libertad su bandera

una gorra miliciana

cubría entonces

su abundante cabellera

 

Esta tarde le hemos visto

en actitud placentera

junto al árbol centenario

durmiendo una buena siesta.

Alberto le ha hecho  un retrato

y yo he requisado unas letras

para glosar con palabras

esa pose guerrillera.

 

La gorra de antaño, ahora,

cubre una blanca cabeza

y luce una pegatina

con rotundo “no a la guerra.”

 

Gerardo, Pinto, Garrido, Antón

que los siglos te canten

que la historia te quiero

como te quiero yo.