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La fosa que vio el niño Leandro

Público, 06/07/2011 | 6 julio 2011

Exhumados medio centenar de republicanos en Burgos gracias al recuerdo de un testigo que entonces tenía 14 años

 

DIEGO BARCALA GUMIEL DE IZÁN (BURGOS)

Un crucifijo de plata de diez centímetros dentro de un saco de cuero. Al lado, un esqueleto pegado a unas suelas de goma marca Codina de unas alpargatas. Son las pocas pistas que la exhumación de la fosa común de Gumiel de Izán (Burgos) había dejado ayer a la vista. De momento, 45 cuerpos de republicanos fusilados, previsiblemente en el verano de 1936, son reconocibles en una fosa común de cerca de 35 metros en forma de media luna junto a la antigua carretera nacional de Burgos. Una de las hipótesis es que los asesinados fueran 60 trabajadores ferroviarios fusilados el 16 de agosto.

“Aquí me llevó un vecino al que había traído en su día un pastor que sabía dónde estaban los muertos. Excavamos en noviembre con la pala y salieron unos huesos”, explica Fernando García, vecino de Aranda de Duero que, desde que recuperó los restos de su abuelo en 2003 en la cercana localidad de Villamayor de los Montes, ha contribuido a la búsqueda de las numerosas fosas comunes perdidas junto a la cuneta de la antigua N-1.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Burgos ha recuperado en la última década más de 500 cuerpos en esta zona, donde las represalias fueron severas tras el rápido triunfo del golpe militar del 18 de julio. “La represión acabó en la comarca de Aranda de Duero con cerca del 2% de la población: unas 1.500 personas”, explica el investigador José María Rojas.

La localización del lugar exacto de la matanza fue posible gracias a un testigo directo. “Leandro Pérez tenía 14 años cuando vio la zanja abierta. Trabajaba en una de las viñas de Gumiel que todavía están alrededor del lugar y aún recuerda lo que observó en 1936”, explica José Ignacio Casado, miembro de la ARMH de Burgos.

En seis tandas

La identificación de los restos encontrados será difícil. Los cuerpos fueron llevados al mismo lugar oculto entre viñedos en seis tandas diferentes, sin dejar rastro de su origen. “Cada uno de los enterramientos se distingue por un talud. Puede que haya tres niveles de cuerpos superpuestos”, explica el médico forense de la Sociedad de Ciencias Aranzadi Francisco Etxeberria. Entre cuerpo y cuerpo se ha solidificado la cal que echaron sobre los muertos generando moldes en los que se distingue la tela de pana de sus prendas.

“Puede que esa ropa sea de un uniforme pero aquí, aunque les mataran en verano, refresca por las noches y el pantalón de pana era la prenda básica”, analiza Rojas. No hay dudas de que los fusilados eran vecinos de la zona pero no se sabe dónde pasaron sus últimas horas. “Cada pueblo improvisó su cárcel. En Aranda se llegó a adaptar un colegio, pero los archivos fueron destruidos, no como en Burgos, donde los que eran sacados, eran registrados”, añade.

El encargado de leer esas fatídicas listas en la cárcel de Burgos era Vicente García, el padre del vecino de Aranda de Duero que contribuyó a localizar la fosa de Gumiel. “Mi padre estaba preso en Burgos desde la manifestación del 1 de mayo. Como sabía leer y escribir, se ganó la confianza de don Simplicio, que era el encargado de la prisión. El 16 de agosto, le tocó leer los nombres de los que iban a ser fusilados ese día y estaba su nombre. Se puso a llorar y don Simplicio le perdonó la vida. En mi casa siempre se ha celebrado el 16 de agosto, pero en el franquismo decíamos que era por San Roque”, relata Fernando.

Ese 16 de agosto de 1936 fueron represaliados precisamente 60 trabajadores del ferrocarril en Aranda de Duero. Antes de saber que los enterrados en Gumiel habían sido llevados en tandas, existía la hipótesis de que fueran ellos los que habían sido enterrados de una vez en la fosa. “Tenían un trabajo más estable que otras personas y eso les hacía más inquietos en el sindicalismo. Igual que ahora”, explica Rojas.

Entre los restos no han aparecido objetos que pueda identificar a las víctimas. “Hay esqueletos de varias edades. Dos o tres son de 17 años pero los hay también de avanzada edad”, detalla el antropólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, Luis Ríos, colaborador en la excavación.

El ferroviario tuerto es la única pista

Durante la mañana de ayer apareció entre los restos una calavera con un ojo de cristal. Esta característica física podría ayudar de manera decisiva a identificar los esqueletos. Una vecina de Aranda de Duero llegó a explicar a los investigadores de la ARMH que su padre, ferroviario de profesión, había sido fusilado en agosto de 1936 y que era tuerto, pero, debido a su corta edad en aquella época, apenas tenía 1 año y medio, desconoce si llevaba un ojo de cristal. Los próximos análisis de ADN determinarán si esta mujer recupera los restos de su padre 75 años después.

http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/385500/la-fosa-que-vio-el-nino-leandro