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La voraz tijera de la dictadura

El País, 10/07/2011 | 11 julio 2011

TVE recupera una serie que recorre la historia de la censura en el cine

 

ISABEL GALLO – Madrid –

Los españoles de los años cincuenta o sesenta nunca sospecharon que el Rick (Humphrey Bogart) de Casablanca hubiera combatido en las Brigadas Internacionales. La censura se encargó de ocultar esa parte comprometida del pasado del personaje. Igual que les privó de reírse con la caricatura de Hitler que Charles Chaplin hizo en El gran dictador. Los cinéfilos también advertían las huellas de las tijeras oficiales en los besos de los actores, suprimidos mediante un fundido en negro. E incluso corrían rumores sobre secuencias mutiladas; rumores que a veces eran falsos, como el supuesto desnudo de Rita Hayworth en Gilda. Sin embargo, la mayoría de los aficionados desconocían la magnitud de la voracidad censora. TVE recupera esta noche (La 2, 23.00) Imágenes prohibidas, una serie documental de 13 capítulos que narra la historia de la censura cinematográfica en España desde sus primeras normas en 1912 hasta su desaparición en 1977.

Vicente Romero, uno de los nombres destacados del reporterismo nacional, que desde la guerra de Vietnam a la de Irak ha asistido a los principales acontecimientos mundiales de las últimas décadas, es el responsable del guión y la dirección.

El germen fue un golpe de suerte. Recuerda Romero que mientras buscaba “entre el desorden de la filmoteca” imágenes perdidas del cine mudo español para preparar una serie se topó con unos sacos marcados con el rótulo “cortes de censura”. Al abrirlos encontró un tesoro de tal magnitud que le sirvió como punto de partida de un trabajo que devuelve a los espectadores fotogramas que fueron vetados durante 65 años.

Imágenes prohibidas data de 1994 pero su autor piensa que no ha perdido ni un ápice el interés. “Tiene un gran valor histórico y documental y además se puede ver como un ejercicio de memoria histórica”, opina. Porque también muestra la cerrazón mental de un tiempo en que España vivía sometida a la disciplina de un cuartel y bajo la moral de un convento. Hacer una serie sobre la censura “es casi un acto de justicia”, remata el periodista.

En su realización se emplearon numerosas secuencias cortadas y se ofrecen ejemplos de dobles finales así como casos de manipulación de los diálogos. También recoge testimonios de productores, directores y actores que sufrieron los rigores del tijeretazo como Carlos Saura, Vicente Aranda o Elías Querejeta. Y cuenta con las más que estimables opiniones de grandes profesionales ya fallecidos como Luis García Berlanga, Pilar Miró, Juan Antonio Bardem o Ana Mariscal. Tampoco faltan declaraciones de responsables del control estatal durante el franquismo.

‘Viridiana’, nada más que chistes baturros

Viridiana (1961) nunca se prohibió. La administración fue mucho más inteligente y lo que hizo fue borrar la película de Luis Buñuel “de la lista de los vivos”, cuenta Juan Antonio Bardem en la serie. Es decir, que retiró con efecto retroactivo el permiso para rodar. “No tenía existencia legal y era como si te borrasen del Registro Civil”, añade el director de Calle Mayor, ya fallecido. A pesar de estas argucias, Viridiana ganó el Festival de Cannes, pero el Vaticano la condenó. Franco exigió ver la cinta, solo, en El Pardo. Después, comentó que no entendía tanto escándalo porque “no eran más que chistes baturros”.

‘El inquilino’, crónica de un desahucio

El inquilino (1958), de Antonio Nieves Conde, es otro caso de sinrazón represora. Primero fue aprobada (Ministerio de Información) y después prohibida (Ministerio de la Vivienda). Más tarde se autorizó con importantes cortes y cambios. En la versión original, el protagonista (Fernando Fernán Gómez) terminaba con su familia y sus enseres en la calle. “Los problemas de vivienda eran tremendos, pero el régimen no podía tolerar que se exhibiera un desahucio”, señala Romero. El director fue obligado a buscar un final feliz y la familia encontraba acomodo en una inmobiliaria llamada La Nueva Esperanza.

El sueño prohibido de ‘Bienvenido Mr. Marshall’

Obra imprescindible del cine nacional, Bienvenido Mr. Marshall (1953) también fue proyectada en El Pardo antes de ser autorizada. Los censores temían que el discurso de Pepe Isbert para recibir con alegría a los americanos fuese interpretado como una burla de los que Franco pronunciaba. Curiosamente con esta escena no hubo ningún problema y la película de José Luis Berlanga pasó el control. Con algunas salvedades. Así, los ángeles exterminadores obligaron a cortar la secuencia en la que la maestra soltera sueña con jugadores de rubgy “altos, jóvenes y sudorosos”, subraya Romero.

El mensaje antimilitar de ‘Senderos de gloria’

El hecho de que Senderos de gloria (1957) mostrara de forma descarnada la sucia realidad de los conflictos armados -la acción transcurre en la Primera Guerra Mundial- la transformó en una película extremadamente incómoda. En España, la cinta de Stanley Kubrick, protagonizada por Kirk Douglas, se silenció por su mensaje antimilitarista. Y no llegó a las pantallas hasta 1986 -en 1980 se proyectó en el Festival de San Sebastián en una retrospectiva del director estadounidense- casi tres décadas después de su rodaje, cuando Franco llevaba 11 años enterrado en el Valle de los Caídos.

‘Mogambo’ o el salto de adulterio a incesto

Uno de los paradigmas de la estupidez censora, según Romero. En el doblaje al castellano en 1953 de la película Mogambo de John Ford, mentes retorcidas quisieron ocultar al público español la relación amorosa que Clark Gable pretendía entablar con Grace Kelly. No se les ocurrió nada mejor que convertir a los personajes de Kelly y Donald Sinden (marido y mujer) en ¡hermanos! Si no había matrimonio no había adulterio, una inmoralidad penada por la Iglesia y por la pacata sociedad de entonces. No cayeron que con el cambio el adulterio se trocaba en algo mucho más morboso: un incesto.

‘Con faldas y a lo loco’ por apología gay

“Nadie es perfecto”, la genial frase final pronunciada por Joe E. Brown en el papel del añoso millonario que vive una estrambótica relación con un Jack Lemmon trasvestido no gustó nada a los controladores oficiales de la dictadura. Narra José María García Escudero, que fue director general de Cine, que al autorizar la revisión de películas prohibidas, tuvo que ver muchas y numerosos expedientes. Entre ellos salió el de Con faldas y a lo loco (1959), de Willy Wilder, con Marilyn Monroe y Tony Curtis. Uno de los textos rezaba: “Prohibida la película mientras subsista la veda de maricones”.

http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/voraz/tijera/dictadura/elpepurtv/20110710elpepirtv_3/Tes