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Revisionismo e historia

Alberto Reig Tapia. Público, 18/07/2011 | 19 julio 2011

El objetivo político es mantener la ortodoxia de los propagandistas de Franco

 

ALBERTO REIG TAPIA*

* Catedrático de Ciencia Política de la Universitat Rovira i Virgili. Autor de varias obras sobre el revisionismo neofranquista.

 

A finales de los años noventa, cuando los historiadores habían llegado a un relativo consenso sobre las cuestiones fundamentales asociadas a la Guerra Civil y al franquismo, explotó el fenómeno revisionista de la mano de publicistas como Pío Moa. Tomó este el testigo que dejara vacante Ricardo de la Cierva. Primero reescribió la historia de la II República al gusto de la derecha políticamente operativa, a continuación la de la Guerra Civil e inmediatamente la del franquismo. Despejado el camino, ha sido capaz de renovar en solitario (Stanley G. Payne dixit) toda la historiografía española contemporánea.

Siguieron otros muchos publicadores torrenciales, como José María Marco, bien aplicado en reescribirle la biografía a José María Aznar (que sería un liberal desde la misma cuna). Marco hace los deberes como dios manda y carga contra la Institución Libre de Enseñanza, los ilustrados, liberales y regeneracionistas españoles o las reformas de toda índole emprendidas por la II República española edulcorando la eficacia denigratoria de propagandistas como Joaquín Arrarás (hagiógrafo de Franco y de la “cruzada”), Eduardo Comín Colomer (comisario de Policía experto en masonería y comunismo) o José María Pemán (antiinstitucionista ferviente y el poeta de Franco que clamaba por el “exterminio” de los rojos). Otros, como César Vidal, experto en ciencias ocultas y otros populares saberes pero, ante todo, autor de incontinentes publicaciones sobre todo lo divino y lo humano, pone también su granito de arena radiofónico a esta nueva cruzada en nombre de La Verdad revelada en horario nocturno.

Otros propagandistas, como Ángel David Martín Rubio, abandonada su camisa añil falangista pero fiel a sus hábitos sacerdotales, se ha dedicado a blanquear la represión franquista y ennegrecer la ocurrida en zona republicana durante la Guerra Civil. Todos ellos son bendecidos por Federico Jiménez Losantos, el verdadero espónsor del neofranquismo liberal, quien lanzaba sus soflamas desde la Cope hasta que los obispos no pudieron resistir más las continuas denuncias y sentencias condenatorias que caían en cascada sobre su periodista estrella. Los revisionistas actuales son todos ellos, huelga aclararlo, genuinos liberales… de los de José María Aznar y Esperanza Aguirre, para entendernos.

Cabría agregar a esta escueta lista muchos más debidamente espoleados por otros periodistas y escritores del fuste de Sánchez Dragó, Carlos Dávila, Eduardo García Serrano jr., Alfonso Ussía, Hermann Tertsch o Juan Manuel de Prada… La lista es infinita, pero ya se sabe que, como dijo Vespasiano, pecunia non olet (el dinero no huele).

El objetivo político es mantener la ortodoxia de los propagandistas de Franco¿Cuál sería el objetivo político de este mal llamado revisionismo histórico? Mantener la ortodoxia histórica fijada por los propagandistas de Franco y sus continuadores. Es decir, la República (la democracia) y la izquierda (los socialistas) son los verdaderos responsables de la Guerra Civil que iniciaron ellos en 1934, y ahora sus continuadores (Zapatero y sus apoyos políticos) se empecinan en llevarnos por la misma senda. La sublevación militar de 1936 fue una legítima rebelión contra la izquierda que ya había destruido la democracia y, en cualquier caso, un golpe preventivo que se adelantó al que preparaba la izquierda; ergo Franco nos salvó del comunismo adelantándose a las pretensiones esclavizadoras de Stalin para el resto de Europa.

Se trata de despejar el camino a la derecha política más dura, reescribirle en liberal su propio pasado antidemocrático, arremetiendo contra la izquierda gubernamental, tan antidemócrata como la de 1936, empecinada en dividir y enfrentar a los españoles y llevarnos de nuevo a la senda de una guerra civil. Hay por ello que arremeter sin contemplaciones contra cualquier veleidad en materia de Memoria Histórica (nefando concepto) que trate de hacer justicia a las víctimas de la Guerra Civil (intolerable pretensión) que aún no han recibido la reparación debida (las republicanas, obviamente, puesto que las otras no pararon de ser reparadas a lo largo de la dictadura franquista).

La Guerra Civil no sólo la ganó Franco, sino que se trataba de que la siguiera ganando, historiográficamente hablando, después de muerto. Políticamente, se trata de monopolizar el Gobierno de España excluyendo a la izquierda reformista por todos los medios que el ejercicio del poder permite. Esta trata de disipar los restos caducos de un pasado envenenado por la Guerra Civil que la derecha intransigente provocó y la feroz dictadura institucionalizó, y a cuya sombra pudo vivir “una época de extraordinaria placidez” (Jaime Mayor Oreja dixit).

Sorprende que la RAH les eche una manita con el ‘Diccionario Biográfico Español’Cuando este mal llamado revisionismo histórico neofranquista vende cada vez menos y nada puede hacer ante las contundentes aportaciones de la historiografía española después de 33 años de democracia y expurgación a fondo de toda clase de archivos españoles y extranjeros, nos sorprende y anonada que la Real Academia de la Historia les eche una manita con la publicación de su magno Diccionario Biográfico Español. Era una ocasión de oro para consagrar definitivamente los avances imparables de nuestra historiografía en las últimas décadas. Lamentablemente, el fiasco ha sido mayúsculo.

En él, junto a académicas biografías de personajes escritas por historiadores profesionales dignos de su oficio que han respetado escrupulosamente las normas que la propia Academia exigía para la redacción de los correspondientes artículos, aparecen otras encargadas a personajes incapacitados ab initio de cumplir sus tareas con un mínimo de solvencia y que, para mayor escándalo, no se han aplicado las propias normas que han exigido al resto de colaboradores. ¿Cómo puede encargarse a Luis Suárez -un mediavelista monopolizador de los papeles de Franco depositados en su Fundación, que dice sentir “un profundo desprecio por la democracia”- la biografía de Franco, o a otro destacado azañófobo como Carlos Seco Serrano la de Azaña, al que no ha dedicado ni una línea de investigación original sin pasar al menos por la criba de evaluadores externos o especialistas acreditados, como se exige hoy en día en cualquier revista académica? Los resultados a la vista están. La pifia ha sido inaudita; los errores puramente factuales cometidos nos sumen en una profunda indignación. Desvergüenza e incompetencia a raudales deberían exigir dimisiones ya y renovación de tan indocta institución ya. Pero, al parecer, Spain is different en cuanto a historia y cultura política se refiere.

http://www.publico.es/espana/387598/revisionismo-e-historia