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Bonifacia Lera: «A mi padre le mataron por ser socialista»

Diario de León, 21/08/2011 | 22 agosto 2011

Bonifacia tenía poco más de medio año cuando mataron a su padre

 

BONIFACIA LERA VARELA

El camión de la muerte transportó a los mineros, como corderos, muy lejos de las minas de carbón del valle de Sabero, pero a Serapio Lera, que era picador en el pozo de la Herrera, le llevaron a su tierra sin pretenderlo.

Era oriundo de Arenillas de Valderaduey (Sahagún), el pueblo de su madre, la abuela Manuela, que pertenecía a una familia de esquiladores. El padre, Gregorio, también era de la comarca de Campos y cambió el oficio de guarda y pastor por el de minero. Se instaló en Olleros de Sabero y allí crió a siete hijos, todos varones.

La guerra le arrebataría a dos de ellos, Serapio y Bonifacio, el más pequeño. Quiso la casualidad, según cuenta la hija de Serapio, Bonifacia Lera, que el hombre que tuvo que enterrar a los paseados en Joarilla de las Matas «conocía a un tío mío» y así fue como tuvieron noticias del lugar donde estaba su padre.

«Mi madre fue a Sahagún a pedir un certificado de defunción, pero tuvieron que ir varias veces a Cistierna a declarar. Yo la acompañé una vez, cuando iban como testigos dos vecinos y la hermana de mi madrina», cuenta.

No recuerda la fecha, pero fue por los años 80, cuando la democracia ya había llegado a España y se aprobaron pensiones e indemnizaciones para personas que murieron o sufrieron prisión víctimas del franquismo.

Bonifacia tenía poco más de medio año cuando mataron a su padre. El único recuerdo que tiene es una foto que su madre encargó cuando estaba viuda: «Con una foto pequeña que le hicieron a mi padre cuando salía de la mina, que llevaba una chaqueta al hombre, y otra de mi madre, de años después, prepararon este retrato», dice mostrando la fotografía de papel ovalada.

Los demás recuerdos de su padre pertenecen a la memoria de su madre, Balbina Trinidad Varela Iribirri, fallecida en 1995. «Era un hombre muy bueno que no se metía con nadie; no bebía y no fumaba. Le mataron simplemente por ser socialista», afirma con amargura. No sabe quiénes estuvieron detrás de la muerte de su padre ni de los otros que iban con él en el camión. «Dicen que fueron los falangistas», añade.

La muerte de su padre, a los 34 años, destrozó el hogar que había formado el matrimonio en Olleros de Sabero. Balbina, con 33, se decidió a marchar a León capital, con sus cuatro criaturas, tres chicas y un chaval, en busca de un trabajo en pan.

Olleros de Sabero quedó «echo una ruina» después de la Guerra Civil, explica la hija pequeña, y ¿dónde iba a trabajar una mujer viuda de un rojo en un pueblo en el que sólo había minas?

 

Les acogieron en una pensión de una conocida del valle. «Esperábamos a que se acostaran los huéspedes y dormíamos con los colchones tirados por el suelo», recuerda. Con el tiempo y con lo que ganaba «trabajando por casas y limpiando oficinas» pudo alquilar una casita en los Altos de Nava. Bonifacia Lera oyó contar la historia muchas veces cuando alguien del pueblo les visitaba. «Los sacaron del cuartelillo del pueblo en un camión en el que iban otros veinte. Eran todos del valle», explica.

Además de Serapio fue paseado también el más pequeño, Bonifacio. «Le quemaron en la plaza», asegura la hija de Serapio. Su madre, cuenta, «estaba embarazada de mí y como se agarraban a las verjas del cuartelillo le daban con la culata». Balbina Trinidad Varela Iribierri, su madre, siempre decía a su hija cuando le recordaba que era sietemesina: «Esos cabrones me adelantaron el parto».

La hija de Serapio no puede evitar el llanto cuando habla de su tío. En su memoria la llamaron Bonificia. «Siempre le decía a mi madre que por qué me habían puesto ese nombre que era feo. Y mi abuela respondía que así tenía que ser. Que yo era la que más se parecía a ella y a él».

Otro hermano de Serapio, de nombre Antonio, también sufrió las consecuencias de estar en el bando equivocado al caer el Frente Norte que se libró entre las montañas de León y Asturias. Fue detenido por dos veces y condenado en un consejo de guerra a doce años y un día por pertenecer «a los partidos marxistas», según la sentencia que obra en su expediente de prisión.

A Bonifacia no le sorprende que se excave la fosa en Joarilla de las Matas. «Sabíamos de siempre que estaba allí». Le gustaría recuperar los restos de su padre. «Todos los hermanos tenemenos un panteón familiar» y sólo pide que «no me cueste dinero porque cobro una pensión de 600 euros y pago 219 de renta». También apoya la exhumación: «Que la gente sepa las salvajadas que hicieron».

http://www.diariodeleon.es/noticias/afondo/a-mi-padre-le-mataron-por-ser-socialista-_626817.html