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El camión de la muerte

Diario de León, 21/08/2011 | 22 agosto 2011

22 mineros fueron obligados a subir al camión de la muerte el 5 de noviembre de 1937

 

Varios ‘paseados’ en Joarilla de las Matas eran huídos y milicianos del frente norte y creían que les llevaban a un campo de concentración de Valladolid, según el único superviviente

ANA GAITERO | VALLE DE SABERO

«Corderos al camión», cuenta Bonifacia Lera que decían los curas de Sabero y Olleros a los mineros que cargaban en el cuartel de la Guardia Civil en noviembre de 1937. Era el principio de un largo paseo. Les esperaba la muerte en campo abierto. De los 22 mineros que cargaron el 5 de noviembre sólo uno salvó la vida de forma excepcional.

«Me jugué la última carta y salté del camión corriendo a campo traviesa. Se formó mucho jaleo, me tiraron muchos tiros y tuve la suerte de que ninguno me encontró». Zósimo Valbuena Sánchez, vecino de Sotillos de Sabero, fue uno de los 22 mineros obligados a subir al camión de la muerte el 5 de noviembre de 1937.

En un segundo decidió su destino cuando iba a ser fusilado, sin juicio ni acusación formal, como el resto, en el monte de Joarilla de las Matas, donde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica exhuma la conocida como fosa de los mineros. Quienes los enterraron vieron la insignia de la empresa en algunas ropas.

Zósimo Valbuena corrió mejor suerte que los demás. Gregorio González, de Olleros de Sabero, quien también escapó murió por el camino, malherido, por falta de atención.

El 9 de mayo de 1938 el jefe provincial de milicias de la Falange comunicaba la detención de Zósimo Valbuena: «En el día de hoy, en una descubierta hecha por las fuerzas de este destacamento en las que iban Guardia Civil, Falangistas y soldados de O. P. se hizo un registro en el pueblo de Sotillos encontrando en una casa a Zósimo Valbuena Sánchez, sujeto pasado al campo rojo en los primeros días del movimiento y oculto desde la liberación de Asturias, quedando a cargo de dicho individuo el comandante de esta plaza».

Zósimo Valbuena nunca habló del paseo, ni siquiera cuando fue juzgado y condenado posteriormente a veinte años de prisión en un consejo de guerra. Pero lo dejó escrito. Su nieta, Begoña Valbuena, conserva un folio con la indicación «sigue» y la interrogante de qué o a quién se encontró el huido cuando se escapó, saltando una tapia, tras ser detenido por falangistas en el pueblo de Castro Arriba.

En esta hoja, que se reproduce en la página siguiente, da cuenta del viaje en el camión desde Sabero hasta Tierra de Campos. Los mineros creían que iban a un campo de concentración a Valladolid, pero fueron fusilados de cuatro en cuatro en el paraje que ahora se excava en Joarilla de las Matas. «Mandaron bajar a los cuatro primeros y les ponen en silueta para organizar el tiro. Les fusilan. Vuelven por otros cuatro y hacen la misma operación. Al volver a por otros cuatro, allí me tocaba a mí formar parte de dicho deporte; pero entonces es cuando surge lo que aquellos señores no esperaban y yo me juego la última carta saltando del camión y corriendo a campo traviesa».

Zósimo Valbuena no menciona que fuera atado a otro minero,. De hecho, sólo algunos de los cuerpos hallados hasta ayer en la fosa de Joarilla —14— tenían las manos atadas.

En el expediente del Consejo de Guerra, al que ha tenido acceso Diario de León a través de Aerle, le acusaron de «marxista y propagandista», de participar en detenciones de «personal de derechas» y de pertenecer a la UGT. Todo ello basado en los testimonios de tres vecinos «adictos al glorioso Movimiento Nacional» y cuyas declaraciones fueron remitidas por el sargento del cuartel de Sabero, Marcial García.

Otros dos vecinos interrogados por el instructor señalaron que Zósimo «no frecuentaba la iglesia», si bien aclararon que «esto era corriente en aquellos tiempos, pues unos por falta de creencias y otros por miedo, eran muchos los que estaban en esta circunstancia». También aseguraron que su vecino era «bastante correcto en su vida pública y privada».

El huido declaró que al estallar la guerra estaba en el campo, que en octubre se puso a trabajar en la mina y que «por miedo se pasó al campo rojo» refugiándose en casa de unos parientes en La Vid. Se alistó como miliciano en el Batallón 250 y «cuando el derrumbamiento de Asturias se encontraba en Lechosa». No se presentó a las autoridades, dijo en su defensa, por encontrarse enfermo y por «miedo a malos tratos», ya que no estaban las autoridades «de antes».

En julio, fue condenado a veinte años de prisión. De San Marcos fue trasladado al barco Upomendi, una cárcel flotante atracada en Vigo, en la que permaneció sin ver la luz y posteriormente realizó trabajos forzados en las minas de mercurio de Almadén (Ciudad Real).

En el expediente figura que la condena fue rebajada posteriormente a ocho años de cárcel y que obtuvo la libertad condicional en 1941. Pero también figura otro paso por la cárcel en 1958, seguramente por su participación en una huelga minera. «Mi abuelo estuvo también desterrado y vivió en Bilbao la Vieja. Luego le dieron trabajo en el pozo de la Herrera y fue capataz, pero fue de los que reclamaba mejoras en la jornada y en el salario cuando aquella huelga», declara la nieta mayor, Mari Juli Valbuena. «A mi abuelo le cogieron en casa porque mi abuela le mandó aviso de que su padre (mi bisabuelo materno) tenía los días contados. Bajó con un médico y luego él mismo se ocupaba de ponerle las inyecciones. Pero alguien le delató», afirma la nieta.

Zósimo Valbuena murió en 1992 en Sotillos, donde se le recuerda como un hombre «alegre, amable, servicial y buen vecino». Dicen que hizo todos los escritos para solicitar las indemnizaciones por prisión durante el franquismo. «Una vez jugaba yo con los carnés que tenía del partido o el sindicato y me los cogió de la mano y los quemó. No lo entendí. Cuando fui mayor me dijo que las cosas no eran ni blanco inmaculado, ni negro; todo el mundo pierde cosas en el camino. No quería que los suyos sufríeramos por sus ideas», añade la nieta.

En octubre de 1937 cayó el Frente Norte y se sucedían las detenciones de huidos y milicianos escondidos en el monte, en pajares o en sus propias casas. La saca de Zósimo salió del cuartel de la Guardia Civil de Sabero. El minero Serapio Lera González, de Olleros de Sabero, y Avelino Lago Blanco, también empleado de Hulleras de Sabero y vecino de Olleros, son los dos únicos fusilados inscritos como fallecidos en Joarilla de las Matas. Sus viudas declararon la muerte ante el Juzgado de Cistierna en los años 80, cuando el gobierno de Felipe González reconoció pensiones para miembros del ejército republicano o sus viudas. El testimonio de Zósimo Valbuena fue decisivo en este proceso.

La ARMH cree que en la saca iban también Antonio Pinto, Benigno Fuentes, Antonio Cubría, Sixto Rodríguez y Germán Rodríguez. En testimonios recabados por este periódico se nombra a Antonio Suárez Prieto, de Olleros, y otro minero apodado «Colillón», de apellido Duarte. «Se llevaron a tantos…», lamenta Julia Saldaña, de 89 años, vecina de Olleros de Sabero.

El paseo de los mineros concluyó en Joarilla de las Matas donde esta semana se han exhumado los restos de 14 fusilados. Dos más, un miliciano asturiano y un joven de 15 años, estarían en una fosa cercana aún sin localizar. Los otros dos serían Zósimo Valbuena y Gregorio González, de quien se cree que está enterrado cerca de Joarilla de las Matas en un lugar aún sin identificar.

Según la reconstrucción de los hechos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica «tenían previsto fusilar a los mineros en la finca de La Cenia, en Villómar, donde se calcula que hay más de 200 personas en varias fosas», pero «alguien dijo que allí ya no se enterraba a más gente y tiraron en dirección a Sahagún», señala Marcos González, vicepresidente de la ARMH. Muchos habían sido milicianos, militantes de los sindicatos UGT y CNT y huidos detenidos al volver a casa tras caer el Frente Norte.

La fosa de Joarilla de las Matas hace el número 43 entre las que se han excavado en la provincia de León desde el año 2000 por iniciativa de la ARMH y es, por ahora, la de mayores dimensiones en cuanto al número de personas enterradas. En las 42 exhumaciones practicadas por este colectivo se han hallado los restos de 153 personas.

En 1998 se realizó el primer hallazgo de restos de paseados en León. Efectivos del Greim de la Guardia Civil rescataron de una sima de Lario a 12 metros de profundidad, en el conocido como pozo Grajero, los restos de 13 personas fusiladas el 13 de noviembre de 1937.

http://www.diariodeleon.es/noticias/afondo/el-camion-de-muerte_626820.html