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Eusebi Pérez Martín. En memoria de los republicanos españoles prisioneros en Mauthausen

Laura S. Leret, Caracas, | 2 agosto 2011

El catalán exiliado en Venezuela, Eusebi Pérez Martín, comenzó su odisea a los 16 años, en julio de 1936

 

El catalán exiliado en Venezuela, Eusebi Pérez Martín, comenzó su odisea a los 16 años, en julio de 1936, cuando él y sus hermanos, ingresaron como voluntarios en una columna de milicianos, a combatir a favor de la República. Al poco tiempo, solicitó el ingreso en la escuela de mecánicos de aviación de Alcázares (Murcia), aprobó los exámenes y en seis meses egresó como cabo, asignado a una patrulla de aviones rusos ‘Polikarpov’, los llamados “Chatos”. Sobre aquellos días, Eusebi Pérez Martín rememora, en una entrevista realizada en el 2006: “Teníamos muy pocas escuadrillas, atendíamos a todos los frentes, eso fue horroroso, un desgaste enorme y estuvimos de un lado para el otro. Así fue toda la guerra, la deficiencia de materiales en aviones nos obligaba a multiplicarnos y siempre era con desventaja, de uno a diez era la proporción. Salían las escuadrillas de nuestros aviones y se encontraban con 4 ó 5 escuadrillas enemigas. Se luchaba con el corazón. Además, teníamos que sufrir los ametrallamientos y los bombardeos, porque los fascistas lo que querían era cazarnos en el suelo, sobre todo, y podían hacerlo. Las dos primeras bajas que tuvo la tercera escuadrilla fueron dos mecánicos de aviación, sin habernos derribado ni siquiera un avión”, dijo.

La supremacía militar de Francisco Franco arrinconó al ejército Republicano, ante la caída inminente de Cataluña en enero de 1939, la tropa junto a los civiles comenzó su éxodo hacia Francia. La mayoría caminó con sus pertenencias a cuestas por las carreteras mientras los aviones alemanes ‘Stuka’ los bombardeaban. Otros atravesaron los nevados Pírineos. Al momento de despedirse de España, Eusebi Pérez Martín miró hacia atrás: “lo único que se veía  era una negrura interrumpida por las luces de los cañonazos”. El gobierno francés recibió a los españoles en las playas heladas de la costa del Atlántico norte, cerca de las poblaciones de Argelés, Barcarés, Saint-Cyprién, Bram. Las condiciones de los campos de refugiados eran infrahumanas. Pérez Martín fue a parar al campo de concentración de Gurs (Pirineos Atlánticos, Francia).

La Guerra Civil destruyó innumerables familias en España, en el caso de la familia Pérez Martín, una hermana enfermó y sin la debida atención médica falleció, su hermano Jesús, quedó atrapado en España y fue fusilado. El hermano mayor, Eduardo, fue prisionero de la organización Todt haciendo el muro del Atlántico para los alemanes, Eusebi nunca más supo de él. Su hermano Mariano se refugió en el Campo de Judes (Septfond), y trabajó en una granja de sol a sol. Francisco, el único hermano que no fue miliciano, estuvo en la cárcel cinco años en Barcelona por llamarse Pérez Martín

Eusebi fue reclutado por los franceses, al igual que miles de republicanos españoles en las Compañías Militarizadas de Trabajadores Extranjeros. Pérez Martín marchó hacia Cognac, departamento fronterizo con Alemania, con un grupo compuesto de 150 hombres, chóferes, radiotelegrafistas, mecánicos, oficiales de aviación; allí metieron pico y pala, ese invierno, haciendo la carretera de entrada a un campo de aviación. Los alemanes estaban cerca, ya habían invadido la frontera. El teniente francés disolvió la compañía de Eusebi, los franceses se retiraron, los españoles  se quedaron en Cognac.

Un alemán motorizado fue asesinado, comenzaron las razias contra los españoles. Eusebi y sus compañeros fueron llevados en tren a la ciudad de Angulema. Les obligaron a pasar a otro tren con dos mil refugiados, familias españolas con niños. Se pensaba que serían llevados a la Francia libre o a la Unión Soviética, su destino, desconocido para ellos, era Austria, el campo de nazi de Mauthausen.

“A las 8:30 de la mañana rodearon el tren y a las 9:00 nos trajeron unos calderos con comida, comida buena, no como la del campo que era agua. Llegaron unos oficiales, uno por cada vagón, abrieron las puertas, y por estatura nos decían, tú, para bajo, tú para bajo y agarraron a los hombres por estatura. Agarraban muchachos de 13 ó 14 años que eran desarrollados y también los bajaban, a las mujeres y los niños los dejaron en el tren. Ese tren era, horrible… la gritería de las madres, hijos, hermanas, de las que quedaron en el tren”.

Las mujeres y los niños que quedaron en el tren fueron devueltos a la España de Franco, llevadas a prisión y separadas de sus hijos. Del convoy de los 927 españoles, bajaron 430 hombres, sobrevivieron 73.

“Entré al campo de Mauthausen (Austria) el 24 de agosto de 1940 con el número 3.859. Durante ese tiempo estuve cuatro veces en el quirófano del campo, con el miedo en el alma, la impresión de verse amarrado con unas correas y saber que allí hacían experimentos, los presos que entraban allí, pocos salían vivos. Tuve dos operaciones en mis codos. Una a causa de un golpe recibido en el codo izquierdo, y otra en el derecho donde los estudiantes hicieron una práctica de cirugía. La tercera operación la tuve en la rodilla, resultado de una patada que me hicieron, cuando el practicante se dispuso a cortar, el doctor, Joseph Poladha, ex rector de la Universidad de Praga (antigua Checoslovaquia), preso por su disidencia política, le mostró hacer el corte más arriba, pues de lo contrario me iba a dejar cojo. La última operación fue para sacarme la bala de la nalga, un soldado para probar el fusil me utilizó como blanco”.

Gracias a un enfermero alemán del hospital, que tenía contactos en el campo, Eusebi conseguí ser trasladado al comando de la armería. Un trabajo que le resguardaba del frío en invierno y del calor en verano. Un oficio que le permitía recibir un mejor trato. Un “enchufado” como él mismo reconocía.

Unos 9 mil combatientes españoles del ejército republicano, a quienes los nazis identificaron con el triángulo azul de apátridas (para el dictador Franco no había español fuera de España) fueron internados en el campo de Mauthausen. Sobrevivieron 2.235, varios de ellos se exiliaron en Venezuela: Jesús Ramón Martínez, Luis Rioja, Manuel Huelves, Carlos Rodríguez, XXX y Domingo Félez.

La gran mayoría de los españoles murió por inanición y agotamiento por el trabajo, en la explotación de la cantera donde cargaban piedras sobre sus hombros que pesaban 70 kilos, en los comandos que trabajaban en las áreas exteriores del campo donde las temperaturas llegaban a -20 C°. Muchos murieron durante los bombardeos de los aliados, como en el cercano campo de Steyr, donde los republicanos eran usados como mano de obra esclava en la fabricación de municiones. Cuando un español ya no podía trabajar, lo montaban en un transporte para ser trasladado al campo anexo de Gusen o era llevado al Castillo de Hartheim (Alkoven), y allí lo remataban.

Unos días antes de la llegada del ejército de los Estados Unidos, cuando no quedaba mi un solo nazi en el campo, Eusebi Pérez Martín con un grupo de españoles, algunos oficiales rusos y prisioneros de otras nacionalidades formaron un comité internacional, tomaron algunas ametralladoras y pistolas de la armería y se instalaron en las oficinas y en el perímetro del campo; en caso de que los nazis volvieran, lucharían contra ellos. Un lamentable accidente ocurrió entre los mismos españoles. Un grupo armado salió del campo en labores de exploración, regresaron en un coche que habían encontrado por el camino. Eusebi y sus compañeros no reconocieron el vehículo, les ordenaron detenerse, al no hacerlo, un compañero de Eusebi disparó y uno de los españoles; José Bisbal, que estaba adentro del coche murió.

El 5 de mayo de 1945 dos patrullas exploradoras del ejército estadounidense localizan el campo, intercambian palabras con algunos de los prisioneros, buscan refuerzos. Al día siguiente, la fortaleza es ocupada por la 11 división acorazada del ejército de los Estados Unidos.

Eusebi Pérez Martín volvió a Mauthausen en los años 1995, 2000, y 2005 cuando varias organizaciones internacionales, entre ellas la Amical de Mauthausen, hicieron un peregrinaje al campo de concentración, un acto que se repite cada 5 años. Una convocatoria que reúne a unas 35.000 personas provenientes de 30 países. En el 2005 por primera vez le correspondió a España ser la nación protocolar del evento. Eusebi Pérez Martín acompañado de su hijo mayor, salió de Barcelona con una comitiva de 220 personas. Estaban presentes, el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, el embajador de España en Austria (Juan Manuel de Barandica y Luxán) y otros compañeros españoles del campo. La Asociación Amical de Mauthausen, escogió a Eusebi como orador de orden: “Hoy la representación española siente hondamente el orgullo de haber sido elegida para dirigirse a la totalidad de los deportados, a los supervivientes y a todos los que sufrieron sus causas. Lo hacemos doblemente satisfechos puesto que los republicanos españoles, con ser los primeros en llegar a Mauthausen en el año 40, ya estaban en él, veníamos de lejos, no sólo en la distancia sino también en el tiempo, los españoles ya sabíamos de anteriores represiones, ya conocíamos otras alambradas y deportaciones, antes y más que nadie, sabíamos de éxodos y exilios”.

Eusebi Pérez Martín se casó en Francia con una hija de republicanos españoles. Se embarcaron para Venezuela en 1948. Tuvo dos hijos y varios nietos. Trabajó como mecánico en la línea aérea Aeropostal, Laboratorios Klinos, Industria Nacional Eléctrica. Fue presidente de la Liga de Fútbol de La Guaira (Vargas), presidente del Torneo Ibérico. En el año 2007, falleció de un infarto. Sus cenizas, según sus deseos, fueron esparcidas en Parque Nacional El Ávila (Caracas).

 

Laura S. Leret

Es una venezolana-española, licenciada en Sociología, por la San José State University, California, Estados Unidos de América.

Egresada con una maestría del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela Libro publicado: El Círculo, Poesía, Caracas, 2007.

Asimismo, Laura Leret, es la nieta del capitán Virgilio Leret y de la escritora Carlota O’Neill. Su abuelo era el jefe de la base de hidroaviones en Melilla, fue asesinado el 18 de julio. Mi abuela lo cuenta en su biografía “Una mujer en la guerra de España”, ella estuvo presa casi 5 años. El papel literario de ‘El Nacional’ publicó un artículo sobre el tema en el 2005 “Regreso al arte Testimonial de Carlota O´Neill.

Laura S. Leret, también publicó un artículo sobre Domingo Félez Burriel en ‘El País’, el 9 de mayo de 2010 titulado “Soldado, Preso y Guerrillero”.

El pasado 17 de julio se cumplió el 75 aniversario del golpe de Estado contra la República Española, de allí este homenaje a Eusebi Pérez Martín.

http://www.cronicasdelaemigracion.com/articulo/cronicas/2011-08-01/eusebi-perez-martin-memoria-republicanos-espanoles-prisioneros-mauthausen/13442.html