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Carta de Ana María Viéitez al Secretario General del PSOE

Ana Mª Viéitez Gómez, AfrIIRep, 26-07-2011 | 24 septiembre 2011

Tras mucho reflexionar sobre la situación creada en relación con la cuestión de las víctimas del franquismo….

 

 

Madrid, 26 de julio de 2011

José Luis Rodríguez Zapatero,

Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE

 

Tras mucho reflexionar sobre la situación creada en relación con la cuestión de las víctimas del franquismo y teniendo en cuenta que mi edad no deja lugar a expresiones de deseo o bucólicas interpretaciones, he decido escribirte esta carta en tu carácter de Secretario General del PSOE para dejar constancia de por qué abandono mi militancia en el partido.

La causa principal es que considero que tú personalmente y quienes te han acompañado desde antes de las elecciones de 2004 habéis procedido en forma artera y engaño cruel con las víctimas del franquismo en general, pero también y específicamente con las víctimas del PSOE.

Creo que entre las causas de la debacle electoral no está sólo la cuestión de la crisis económica, sino también el comportamiento sin valores éticos ni de derechos humanos y de apoyo a un discurso negacionista que ha pretendido no hacer justicia, sino consolidar la interpretación franquista de la historia.

La maniobra comenzó con la presentación de una proposición no de ley relativa a la anulación de los juicios sumarísimos, propuesta por el Grupo Parlamentario Socialista el 28 de julio de 2003 y debatida posteriormente en el Congreso, que consideramos sería la posición del PSOE si ganaba las elecciones; ésto no por una interpretación esotérica, sino porque fue lo que se nos dijo y garantizó por parte de la diputada por León, Amparo Valcarce García, que fue quien presentó el proyecto y quien en un artículo en “El Socialista” de octubre de 2003, fundamenta y explica esta posición que cumplía con nuestras demandas de anulación de los juicios sumarísimos.

Basta leer la fundamentación del proyecto para darse cuenta cuán lejos quedó este texto de la conducta y del discurso de Ramón Jáuregui, de la entonces vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, y de otros muchos aliados, como los parlamentarios de IU   Joan Herrera Torres  y Gaspar Llamazares, que han participado directamente en la planificación, defensa y puesta en escena parlamentaria de esa política negacionista.

Las diferencias conceptuales y de categorías jurídicas entre este texto y la denominada “Ley de la Memoria”, de la que seguiré hablando, marcan la grandeza de la mentira y la enormidad del engaño.

Otro ejemplo, entre otros muchos para ampliar esta cuestión, es el escándalo producido por la visita al campo de exterminio de Mauthausen en 2005. Esta visita, de un hecho histórico, pasó a una burda maniobra que obligó al Grupo Parlamentario socialista a pedir perdón al pleno de la Cámara. Sin ánimo de escarnio, sino simplemente pedagógico y para una mejor comprensión de lo que quiero decir, creo que hay que comparar tu actuación en Mauthausen con la del dirigente socialdemócrata alemán Willy Brandt cuando éste, en su visita a Polonia en diciembre de 1970, se postró de rodillas ante el monumento en homenaje a las víctimas del levantamiento del gheto de Varsovia.

Lo que pasó es muy sencillo de explicar: los asesores de la presidencia de Gobierno rechazaron nuestra propuesta de organización de la visita a Mauthausen, presentada al diputado Álvaro Cuesta Martínez, presidente a la sazón de la Comisión de Justicia y a quien nos habían desviado después del fracaso de las conversaciones con el diputado Jáuregui.

En lugar de aceptar nuestra propuesta, realizada con la mejor buena fe, desde Moncloa organizaron por sus medios la primera visita de un Presidente de Gobierno a un lugar que fue la tumba de miles de republicanos españoles. El problema de fondo estuvo en que el organizador utilizado para ello era un falsario del que se sospechan relaciones con el sistema de inteligencia franquista.

Este comportamiento marca de nuevo los límites éticos. Simplemente se quiso instrumentar esta visita y a la vez mantener la “neutralidad” franquista durante la II Guerra. El espectáculo de ver al embajador español entrando a hurtadillas con la bandera nacional española para evitar los símbolos republicanos que se utilizan desde siempre en Mauthausen y de los que también éramos portadores, es por sí sola la representación de la profunda impostura.

Una vez más, la distancia entre ambos discursos marca la grandeza de la mentira y la enormidad del engaño.

A partir de esas fechas sólo se significaron tres cosas:

a) la financiación desproporcionada de las asociaciones con la finalidad evidente de su cooptación política

b) la financiación de los desenterramientos ilegales, práctica moralmente indigna de un país civilizado, a más de claramente ilegal y,

c) la implementación del discurso de la “Ley de la Memoria” y la aprobación de la misma en el Parlamento.

La denominada “Ley de la Memoria” fue publicada en el Boletín Oficial de las Cortes Generales el 07 de noviembre de 2007.

A más de tres años de su aprobación ya los tribunales se han encargado de dejar muy claro que no es una ley penal, que no anula ninguna ley franquista y que no reconoce jurídicamente a las víctimas y, como consecuencia, esa ley “legaliza” toda la legislación franquista, consiguiendo por esta vía evitar incluso la inaplicada cláusula contenida en la Disposición Derogatoria, número 3, de la Constitución de 1978.

Ver cómo en el parlamento se reproducían los argumentos de “legitimidad” y “legalidad” utilizados por José Antonio Primo de Rivera en 1930 en contra de los principios de nulidad utilizados por los abogados republicanos D. Felipe Sánchez Román y D. Luis Jiménez de Asúa, me produjo una sensación de asco y repugnancia por lo que tienen de negación de principios éticos y democráticos.

Esta vez los argumentos doctrinales defendidos por José Antonio Primo de Rivera eran utilizados para defender la “Ley de la Memoria” en el Parlamento. Pero esta vez por Diputados de Izquierda Unida y Diputados socialistas.

Pero quiero dejar constancia de la valentía ética del Diputado de Izquierda Republicana de Catalunya, Joan Tardá, quien en plena soledad parlamentaria representó honorablemente a las víctimas republicanas, y más ampliamente a las víctimas del franquismo, en su intervención parlamentaria de 31 de octubre de 2007.

Una vez más, la distancia entre ambos discursos marca la grandeza de la mentira y la enormidad del engaño y me exime de una mayor fundamentación.

Agradeceré se informe de mi baja al departamento que corresponda dentro de la organización del partido.

Atentamente,

 

Firma: Ana Mª Viéitez Gómez

*Esta carta fue registrada y entregada el 26 de julio de 2011