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Bendita memoria

Luis Argüelles-Meres. Lne.es, | 11 octubre 2011

A propósito de la reaparición pública de Gerardo Iglesias

 

LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES El Paraíso gime en el fondo de la conciencia mientras la memoria llora. Y es así como se piensa en el sentido metafísico de las lágrimas y en la vida como el desarrollo de una añoranza. (Cioran).

Tenía que ser en otoño, cuando el paisaje de esta tierra adquiere esa belleza tan singular con la que comparece la melancolía. Tenía que ser en tiempo de seronda, cuando lo agridulce nos apodera más que nunca. Tenía que ser en un momento como éste, cuando la ciudadanía se va quitando la venda y se percata de lo que es, salvo excepciones, la mal llamada clase política, colaboradora necesaria de la ruina económica de un país en el que, discursos aparte de los unos y los otros, el paro se sigue desbocando. Tenía que ser ahora, cuando un personaje como Gerardo Iglesias saliese a la palestra con un libro en el que reivindica la dignificación de una memoria que muchos quieren que permanezca sepultada.

«Memoria, ciega abeja de amargura», como escribió el poeta. Memoria, la que se da cita en el libro de Gerardo Iglesias, de unas vidas marcadas por la épica de una lucha a muerte contra una dictadura que (tampoco hay que olvidarlo) murió matando.

Discurso de la memoria, que nada tiene que ver con la venganza, sino con la justicia poética e histórica, que vienen a ser la misma cosa. Discurso de la memoria de unos personajes que hicieron la guerra por su cuenta y riesgo desde los montes asturianos a la represión, a la tiranía.

Claro que estorba la memoria, claro que se quiere soslayar de qué momento histórico venimos. Claro que resulta incómodo para muchos recordar y reconocer determinadas biografías que plantaron cara a la opresión desde esa soledad épica de un guerrillero que se sabe condenado a la derrota.

Claro que estorba la memoria, que pone de manifiesto historias de sufrimientos y de luchas que en nada compaginan con el envoltorio de unas siglas que obvia todo eso y que desvirtúa su significado.

Planteaba Gerardo Iglesias en la presentación de su libro reivindicar al presidente de Asturias la creación de un museo que se hiciese eco de lo que fue la guerrilla. No sé si se encauzaría así lo que el libro atesora y recoge. Pero, en todo caso, entre las muchas cosas que nos faltan en Asturias, una es la gran novela que recoja y acoja la épica del mundo minero. Nuestro «Germinal», hasta donde yo sé, está sin escribir y no es que falte su modelo para armar. Y puede que el correlato de ese mundo al que me refiero fuese el de la guerrilla, puro individualismo que luchó contra la represión y también contra los elementos, esos mismos elementos que configuran la voluntad de nuestra geografía y la geografía de nuestra voluntad.

Y, fíjense ustedes, Gerardo Iglesias no se reivindica a sí mismo con este libro, como paradigma de alguien que no hizo de la política profesión, como testimonio vivo de alguien que no se agarró al cargo dejando en el empeño ideales y coherencia. Lo que hace es invocar y reivindicar las vidas y trayectorias de unos cuantos paisanos suyos y nuestros a los que no se les reconoció su heroísmo, a los que no se les reconoció que hicieron de la lucha por las libertades y la justicia su hilo conductor.

Fíjense ustedes: un político de la santificada transición escribe un libro que es un homenaje a la memoria de unos ciudadanos que en no pequeña medida representan lo que aquel período histórico contribuyó a olvidar.

Fíjense ustedes: estamos hablando de un político que ubica sin titubeos los genuinos referentes de la izquierda asturiana, referentes nada cortesanos, referentes que nunca hubieran hecho las genuflexiones que tanto ponen en práctica algunos.

Cuando la política española en general y la asturiana en particular no son, por desgracia, muy ajenas al cervantino patio de Monipodio, alguien que lleva años apartado de ella, sin comparecer en la vida pública, emplaza lo que deben ser los baluartes de una izquierda desnortada y desvirtuada.

Bendita memoria, digo, la que no se avergüenza de haber puesto la vida al servicio de unos ideales que en su momento conmovieron y asombraron al mundo. Bendita memoria de un tiempo y un país que merece un reconocimiento que hasta ahora no tuvo, no ya por parte de sus enemigos, sino también por parte de sus supuestos herederos.

Y, más allá del contenido del libro, no podemos no congratularnos de que Gerardo Iglesias vuelva a la vida pública con este libro, puesto que su trayectoria personal está jalonada por la congruencia, la que tuvo y mantuvo en su momento frente a un Santiago Carrillo que esperaba manejarlo a su antojo, la que tuvo y mantuvo en un momento en que el PSOE decidió desdecirse e ir camino de aquel «abrazo aristocrático» del que habló en su momento Nicolás Redondo a propósito de la deriva que tomó el felipismo poco después de haber obtenido la victoria política más abrumadora de la izquierda en toda nuestra historia contemporánea.

Bendita memoria, digo, en la que, también, echamos de menos un Plutarco que nos señalase las vidas paralelas de los políticos coetáneos de Gerardo Iglesias. La coherencia de este último, frente a los bandazos de algunos de sus «camaradas» que, refugiados en una ortodoxia dogmática, no tardaron en tomar una deriva difícilmente justificable desde el decoro y la decencia.

¿Quién recoge los clamores? ¿Quién recupera los afanes y donaires que, a día de hoy, a poco que los escuchemos, siguen hablándonos de salud y República?

http://www.lne.es/opinion/2011/10/11/bendita-memoria/1141045.html