Agenda
Artículos y Documentos
Federación Foros por la Memoria
Noticias
Videos de Memoria Histórica
Home » Artículos y Documentos

‘Desaparecidos sin causa’

| 13 octubre 2011

El leonés González de Prado presenta el libro ‘Desaparecidos sin causa. Asesinatos en las cabeceras del Carrión, Cea y Esla’, una obra de siete años de trabajo

 

Analía Fernández

Imagen de la portada del libro publicado por González de Prado.

Dice no querer ser protagonista, y por ello su libro habla muy poco de él, aunque bien podría haber contado alguna que otra historia en primera persona. Su obra está dedicada a Luisa, su madre, aunque en la publicación no hay ninguna referencia a ella, “no sé si por olvido o porque realmente no quise hacerlo”. Aquella madre que le mintió “descaradamente” sobre algunos de los episodios más oscuros de la historia de España. A sus 64 años, este prejubilado de banca, nacido en Villalmonte (León) aunque afincado en Palencia, publica un libro que ahonda en la ‘desaparición’ de unas 300 personas en las cuencas de los ríos Carrión, Cea y Esla. Un trabajo de campo que le ha llevado siete años de dura labor, desde que se prejubilase y decidiera buscar “otro trabajo” para “no caer en depresión”. Una ocupación cuyo único objetivo ha sido hacer visibles las historias y nombres de aquellos que fueron sacados de sus casas y asesinados sin haber cometido más crimen que el ser afines a la República.

Presenta en Palencia su libro ‘Desaparecidos sin causa. Asesinatos en las cabeceras del Carrión, Cea y Esla’, al que ha dedicado años de trabajo. ¿Qué ha sido lo más duro en todo este tiempo?

Curiosamente, lo que más tiempo me ha llevado es algo que al final no está en el libro, que es el estudio del ambiente en los pueblos de estas cuencas antes de que se produjese el golpe de Estado. La información que llega a los ciudadanos por aquel entonces, por lo que se veía en la prensa, son mentiras claramente intencionadas y me ha costado asimilar la mentalidad que tenían aquellas personas que fueron sacadas de sus casas sin que conste que han cometido delitos mayores. Se han quedado muchas cosas fuera, pero entonces el libro habría tenido 100 páginas más y nadie hubiese querido leerlo (ríe). Es curiosa la coincidencia en casi todos los casos, las pocas variaciones en el método utilizado –muy planificado- de sacar a la gente de sus casas. Ha sido complicado encontrar a gente que quisiera aportar sus experiencias.

Pese a todo, ha recorrido un sinfín de pueblos para recoger testimonios en primera persona. ¿Le sorprendió algo de lo que escuchó?

Efectivamente, he visitado la mayoría de los pueblos de la zona, como Guardo, Velilla y Otero de Guardo, en Palencia, y también muchos de la zona de la provincia de León. En esos pueblos, por muy pequeños que sean, existe algún familiar de una víctima del franquismo, que fue sacado de su casa y asesinado sin más explicación. Me han contado algunas anécdotas, algunas muy duras e incomprensibles, pero la mayoría de los posibles testigos pasa ya de los 85 ó 90 años y no recuerdan demasiado o no quieren hablar del tema. Recuerdo por ejemplo el caso de un chico de Velilla de 15 años, que fue asesinado simplemente porque no habían podido matar a su padre dos días antes. ¿Qué crimen podía haber cometido un chaval?… En muchos casos el pretexto era que les llevaban a la cárcel o al cuartel a tomar declaración y nunca volvían. En este caso, el padre del joven se libró de la muerte, que no de la cárcel, por un cúmulo de casualidades y consideraron necesario que debía ser su hijo el que muriera en su lugar. Se te pone la carne de gallina cuando descubres que, por ejemplo, en Guardo, en un mismo día quedaron decenas de huérfanos. Lo más triste de esto es que ninguno de los asesinados habría impedido a quienes ganaron la guerra ganarla. Lo habrían hecho igual, sin matar a una sola de las casi 300 personas que asesinaron en esta zona.

¿Por qué eligió la zona de las cuencas de los ríos Carrión, Cea y Esla para su estudio?

Nací en un pequeño pueblo de León, Villalmonte, al lado de la localidad palentina de Guardo, y son los pueblos que tengo de referencia de cuando era pequeño. Me sonaba algo de lo que se comentaba sobre los desaparecidos, aunque en mi casa nunca me contaron nada al respecto.

Relata en su libro historias que los propios protagonistas reconocen no haber contado a sus hijos, pero sí a sus nietos. ¿Desempeña quizá esta generación un papel fundamental en la identificación de represaliados?

Creo que sí, no tanto en saber qué es lo que pasó, pues eso está sobradamente contado, pero sí en la medida en que son ellos los que pueden saber dónde están esos restos de sus familiares que nunca vieron. Está claro que han perdonado, pero no quieren olvidar lo sucedido y son quienes pueden ahora encontrar a sus familiares.

¿Es usted uno de esos nietos?

Yo nunca pregunté nada. Trabajando en el libro he llegado a descubrir que tanto mi madre como mi abuelo fueron perseguidos pero la casualidad quiso que se libraran de la muerte, pero ellos nunca me lo contaron. Mi madre escondía a su padre, y un día recibió una citación a la que no pudo acudir porque tenía que hacer otras cosas. Al día siguiente nos enteramos de que todos los que habían acudido a la cita habían ‘desaparecido’. Recuerdo que cuando yo tenía 7 u 8 años encontré una pistola que más tarde descubrí que es la que usaba mi abuelo por si le descubrían.

Quizá de ahí le viene el interés por el tema…

Creo que eso me nació después. Como nunca me contaron nada ni me explicaron las cosas me empecé a interesar por conocer la historia tal y como ocurrió. Mi madre, que murió con 96 años, me llegó a mentir descaradamente cuando la preguntaba por algo cuando ya estaba trabajando en el libro. Mi abuelo era concejal de la República. Cada vez que la preguntaba algo, me decía que para qué quería yo saber eso. Ella no quería que yo supiera realmente lo que ocurrió. Y así ocurre en muchos casos, lo que ha hecho más difícil aún la recopilación de información. Ha sido un trabajo muy arduo, con mucha dedicación en el que he procurado no faltar al respeto ni insultar innecesariamente a los que participaron en aquellos actos, a quienes considero responsables directos de la muerte de todas esas personas.

¿Cree que la Justicia e instituciones se implican lo suficiente en la identificación de las víctimas del franquismo?

La justicia, con la Ley de Amnistía del 77, no puede hacer nada ya por identificar a quien cometió los crímenes. Que las condenas fueron injustas, sí, y ves que a muchos les matan por ser ‘peligrosísimos’ para el régimen y así lo reflejan los jueces en la sentencia en muchos casos. En otros se alega desobediencia, pues claro que hubo desobediencia. Y en base a eso las muertes estaban justificadas. Los casos que relato en el libro son diferentes, porque fueron buscados en casa, no se ha demostrado en ningún momento que sean traidores o enemigos del régimen. La historia ya ha condenado al régimen de Franco, pues se inició una guerra por un motivo tan rastrero que no queda más que decir. Valoro la Ley de Memoria Histórica del Gobierno actual por pretender que quien quería saber dónde están los restos de sus familiares puede ahora lograrlo.

Pero, ¿cree que todos los esfuerzos que se están haciendo son lo eficaces que cabría esperar?

Nunca nada es todo lo eficaz que puede llegar a ser. Si lo hubiese sido a estas alturas nadie tendría que estar preguntándose dónde está enterrado su abuelo. Creo que la Ley ha hecho bastante bien, pero no lo puede hacer todo. Además, hay que tener en cuenta que es un trabajo muy complicado de llevar a cabo. Se ha hecho mucho hasta el momento, pero el todo supondría que nadie se estuviera que estar preguntando todavía dónde están los restos de sus familiares.

¿Existe quizá en la actualidad poco conocimiento de todas las circunstancias que rodearon tantas y tantas desapariciones en el conflicto bélico?

Me hubiese gustado ahondar más, por ejemplo, en qué visión se ofrece a los escolares sobre este tema, pero me habría extendido demasiado. No obstante, sí creo que las cosas no se están contando cómo fueron. La Guerra Civil fue un pretexto para muchas otras cosas. El resumen será drástico, pero fue una guerra injusta e inútil, en el sentido de que, al final, la democracia que quería la República está funcionando y, finalmente, a España llegó lo que tenía que llegar, que es un régimen similar al del resto de los países europeos.

¿Qué opinión le merece que se quiera desenterrar a Franco del Valle de los Caídos?

Creo que la propia definición implica que no está cumpliendo su fin. Si se creó un espacio para los caídos, Franco no debería estar allí, porque no cayó. Creo que está bien si realmente lo llegan a hacer, porque no debería estar con el resto de personas que tienen antepasados verdaderamente represaliados. Si la idea es que sea un valle para los caídos, que estén solamente los que de verdad cayeron.

http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Desaparecidos-Sin-Causa-vn81901-vst280