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Una fosa común, la mayor de Andalucía

Página 12-Argentina, | 3 octubre 2011

En la zona operó un centro de detención, tortura y ejecución utilizado por las fuerzas de Franco

 

La Federación Estatal de Foros por la Memoria y el Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar presentaron las conclusiones de un estudio en el que encontraron restos de personas fusiladas durante la Guerra Civil Española.

Por Adrián Pérez

Con ánimo perplejo, la audiencia mundial asistió en el último tiempo a cientos de entierros colectivos descubiertos en tierras tan distantes como Colombia, Ruanda o Kosovo. La semana pasada, la Federación Estatal de Foros por la Memoria y el Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar presentaron las conclusiones de un estudio sobre la mayor fosa común encontrada en Andalucía. Y, tal vez, una de las más importantes de España. Desde noviembre de 1936 hasta marzo de 1937, el Cortijo de Marrufo funcionó como cuartel del Ejército, la Guardia Civil y la Falange y fue utilizado como campo de concentración, donde se detuvo, torturó y ejecutó a hombres, mujeres y niños. Testimonios de antiguos pobladores indican que las fuerzas de Franco habrían enterrado entre 300 y 600 cuerpos en ese sitio.

El Cortijo de Marrufo se abre paso entre un frondoso bosque ubicado en el valle de la Sauceda, en el límite entre las provincias de Cádiz y Málaga. En 1936 su población se estimaba en 2 mil personas. En tiempos de la República, antes del alzamiento de los franquistas, muchos creían que en esa región se realizaría la reforma agraria. Pero con la llegada de los militares golpistas, las tropas nacionales –encabezadas por el ejército sublevado, falangistas, carlistas y la Guardia Civil– avanzaron a fines de octubre de ese año desde el sur de Cádiz hacia el norte y nordeste de la provincia.

Fernando Sigler es doctor en Historia y profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Olvera. Como coordinador de la investigación histórica, señala que en su intento por escapar de las tropas sublevadas, mil personas huyeron hacia la zona donde se encontró la fosa. El investigador estima que una cantidad similar permaneció detenida en el Cortijo de Marrufo, convirtiendo a esa finca en un centro de detención, tortura y exterminio masivo. Se cree que entre ocho y diez personas fueron detenidas a diario en un lapso de seis meses. “Los refugiados estuvieron en el valle de la Sauceda, último reducto de resistencia republicana en la provincia de Cádiz, hasta el 1º de noviembre de 1936, cuando la zona fue completamente ocupada”, apunta. Los bombardeos de la aviación nazi también dejaron su impronta, arrasando la Sauceda.

En Marrufo, una pequeña iglesia ofició de prisión para mujeres y niños. Los hombres fueron encerrados en otros edificios. Por la cantidad de ajusticiamientos practicados sin juicio previo, Sigler afirma que el período que se extiende entre noviembre del ’36 y marzo del ’37 se conoce como la época del “terror caliente”. “A través de testimonios y documentos históricos llegamos a la conclusión de que en Marrufo se produjo una matanza masiva, donde fueron asesinadas entre 300 y 600 personas”, calcula. “La propia documentación oficial del bando sublevado dice que hubo ‘una limpieza’ en la zona”, agrega.

Concretamente, la fosa común se encontró en una meseta, en forma de pendiente, situada a 250 metros de un caserío libre de vegetación. Según los testimonios, cuando finalizaban los fusilamientos se colocaban piedras encima de las fosas y cruces de hierro para señalar el lugar, pero con el tiempo fueron desapareciendo. La investigación demandó diez años de trabajo. El proceso de excavación se dividió en dos fases, señala Jesús Román, coordinador arqueológico de la búsqueda. En junio y agosto se hizo una exploración electromagnética de terreno con detectores de metales.

“Testimonios de familiares y testigos de la época indicaron que allí estaban enterradas personas fusiladas por las tropas franquistas durante la Guerra Civil”, sostiene el arqueólogo. En esta etapa, el objetivo fue localizar evidencias de presencia balística (vainas y proyectiles, tanto de armas largas como de armas cortas) que pudieran haber estado relacionadas con los fusilamientos. Entre casquillos y vainas se hallaron 70 piezas correspondientes a rifles máuser. También pirotecnia sevillana y de fabricaciones de Toledo, munición utilizada por el Ejército y las fuerzas sublevadas. El terreno explorado fue de cinco hectáreas, espacio similar al que podrían ocupar diez canchas de fútbol profesional.

Con los proyectiles y vainas a mano, se procedió a la apertura del terreno –a través de excavaciones de un metro por dos– para verificar la existencia de restos humanos. De cinco sondeos, dos dieron positivo. En ambos casos se encontraron restos humanos pertenecientes a cuatro personas, enterrados a una profundidad de 30 a 50 centímetros. Los arqueólogos también dieron con cráneos perforados por impactos de bala.

El proyecto finalizó una vez comprobada la existencia de la fosa común. No obstante, resta un proyecto de exhumación de mayor envergadura, que los investigadores estiman podría comenzar en junio de 2012. “Hace falta que en esta etapa el gobierno de España y la Junta de Andalucía se involucren más, pero con la mano y el corazón abiertos, para que los familiares cierren un duelo que ya lleva 75 años”, advierte el arqueólogo español. En diálogo telefónico con Página/12, el contador José María Pedreño no duda del uso que se le dio a la hacienda andaluza en el pasado. En este sentido, traza una comparación con los delitos cometidos por el terrorismo de Estado y las dictaduras en América latina: “Entre noviembre de 1936 y marzo de 1937, el Cortijo de Marrufo fue un centro de detención, tortura y ejecución utilizado como cuartel general de los golpistas. Las vejaciones que allí se cometieron podrían compararse con las aberraciones que tuvieron lugar tanto en Argentina como en Chile. Ha sido un lugar tan tétrico como la ESMA o Villa Grimaldi”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-178097-2011-10-03.html