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Cine: Jordi Dauder es Manuel Azaña

Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 5-11-2011 | 7 noviembre 2011

Se anuncia –finalmente- el estreno de Azaña, tres días de julio, de Santiago San Miguel

 

Quejereta, que también es el guionista. San Miguel con la ayuda de Dauder ha hecho un aporte a la memoria…

Se anuncia –finalmente-   el estreno de Azaña, tres días de julio, de Santiago  San  Miguel Quejereta, que también es el guionista. San Miguel es un cineastas vasco de larga trayectoria –menda  lo recuerda entre las firmas de la emblemática revista Nuestro cine-, y responsable de una filmografía tan voluntariosa como poco brillante. Es evidente que en este caso se trata de una producción eminentemente voluntarista, rodada con muy pocos medios y con muy pocos apoyos, lo que, entre otras cosas, nos plantea las enormes dificultades en este país de país de abordar temas de lo que se ha venido a llamar “la memoria histórica”.

Cierto es además, que películas como A los cuatro viento (Juan Antonio Zorrilla, 19849, las que Josep Mª Forn hizo sobre Companys (Un procés a Catalunya, 1979) y más recientemente sobre El coronel Maciá, o Una pasión singular,  dedicada a Blas Infante, no han estado a la altura de las circunstancias sin como producciones ni como aportes profesionales, de manera que, salvo contada excepciones como Tierra y Libertad o Pa Negre, han sido muy pocas las películas de ficción sobre la República y la guerra que han estado a la altura de lo que contaban. Para encontrar joyas hay que hurgar en los documentales, en trabajos como los de Basilio Martin Patino o Jaime Camino entre otros. Tengo pendiente ver La voz dormida, de Benito Zambrano con el grupo republicano del Garraf, pero ya voy advertido para la decepción por más que algunos de mis camaradas más llanos en temas fílmicos, la ponderan como “impresionante”. El tema sin duda lo es, pero la película…

Azaña está encarnado por  Jordi Dauder, recientemente fallecido,  lo que parece que ha influido en el anuncio de su estreno de una película que terminó de rodarse en el 2007, siendo producida por MiD PC y Valentí Films y la distribuidora Versus Films, con la cesión de unos   derechos de antena que fueron adquiridos por Televisión Española y Televisión de Catalunya, pero que tampoco se ha pasado por el medio.

Cierto es que la película cuenta a su favor con la entrega de Jordi que era uno de esos actores capaz de llenar una pantalla y de dar vida a cualquier personaje. Este fue uno de sus pocos papeles como protagonista en una trayectoria que concluirá con Catalunya über alles¡ (2011), de Ramón Termes, un hermoso y valiente alegato contra el racismo catalanista en la que Jordi encarna a un político más o menos inspirado en Josep Anglada aunque también podía tomar cosas de Duran i Lleida que, al fin y al cabo se complementa. Y ya que estamos en esta última, me dicen que la productora le ha puesto a disposición de las campañas de Unitat contra el feixisme…

En una entrevista con Julio Castro / Ana Delicado para -laRepública.es, Jordi se refiere al personaje en los siguientes términos: Bueno, la guerra civil me ha marcado a mí y ha marcado a todos en este país. Yo siempre digo (es una frase un poco brutal) que la guerra civil hay que volver a hacerla, pero esta vez hay que ganarla, porque siempre da la sensación de que seguimos perdiéndola, a pesar de que estemos en democracia.

Me ha marcado muy profundamente, y marcó muy profundamente a mi familia, como a tantas familias en todo el país. Yo conocí a mi padre en la cárcel. El recuerdo es, seguramente, un recuerdo deformado (los recuerdos de la infancia no son siempre nítidos) pero la primera imagen es ir con mi madre a la cárcel de Valencia, un portalón enorme, una sala enorme, mi padre: un señor sentado allí en el suelo.

Sí, y cuando te ofrecen de golpe la posibilidad de hacer Manuel Azaña, hay una anécdota muy peculiar que le conté a Santiago San Miguel, que es el director de la película: llamé a mi hermano (los otros dos ya murieron) y le dije “que voy a hacer el personaje de Manuel Azaña” y me dijo “¡hombre, mi gran amigo!” “¿Qué dices?” dice “Sí, sí, cuando tu padre estrenó la obra de teatro, Margarita Xirgu, que era una gran actriz, vivía en Badalona. Invitó a tu padre a charlar una tarde con ella, y aquella tarde, Manuel Azaña estaba en casa de Margarita Xirgu. Tu padre fue conmigo y con otro hermano que teníamos, y yo estuve toda la tarde sentado en las rodillas de Manuel Azaña, y nos hicimos amigos íntimos. Una persona entrañable.”

Entonces es curioso, porque son casualidades, pero, cuando te ofrecen hacer el papel de Manuel Azaña te apasiona ver un excelentísimo guión, y pones todo lo que crees que el personaje debe transmitir, tanto en lo que fueron sus ideales de defensa de la República (más que defensa de la República), como en el aspecto patético de su propio fin.

Creo que Azaña fue un personaje altamente ético, un hombre que quiso hacer la revolución, contenida, limitada, una revolución burguesa, pero con tintes radicales interesantes. Sucede en los discursos “España ha dejado de ser católica”, pero también en la reforma agraria, la reforma del ejército,… Es decir, metió una cuña en lo que era el atraso histórico de nuestro país, con la voluntad de sacar finalmente a España de ese pozo en el que estaba metida, y modernizar el país.

Lamentablemente, el golpe de estado fascista vino a quebrar eso. Lo cual no quiere decir que Azaña fuese un hombre coherente al cien por cien con sus ideales, es decir, él no es socialista, aunque se acercaba mucho a un pensamiento socialista, pero ni por orígenes ni por formación podía serlo: era un hombre de izquierda, liberal, republicano, pero con páginas negras, como es Casas Viejas, que es una página negra a la cual curiosamente casi no se refiere en  sus diarios; pasa muy por encima del asunto.

Después hubo un enfrentamiento muy fuerte con Luís Companys: cuando Azaña llega a Barcelona, a los pocos días del golpe de estado, la ciudad está tomada por la CNT, por el POUM, por la clase obrera, las fábricas ocupadas, las calles ocupadas, las barricadas, etcétera. Y Azaña se enfrenta muy fuertemente con Lluís Companys y le dice que tiene que librarse de “esos facinerosos”, y Companys le dice “esos facinerosos, como usted los llama, son los que han salvado la República”. Hay un problema ahí con el hecho de la violencia. Yo pienso que tanto el enfrentamiento con Lluís Companys, como lo de Casas Viejas, como el propio golpe de estado, tres aspectos de situaciones violentas, le crean un desasosiego absoluto: por eso intenta negociar con el golpe de estado (cuando no había negociación posible, no se negocia con los golpistas).

Y después, prácticamente se le hunde el mundo. Aquello que él consideraba como una posibilidad de transformación se va al carajo, y Azaña, yéndose ya hacia Francia, creo que fue ya en Montauban, cuando lee en la prensa el fusilamiento de Lluís Companys, tiene prácticamente un ataque, pierde casi el habla.

Algunos, como Jiménez Losantos, hablan de que Azaña se volvió loco: mejor que no hable de Azaña, Jiménez Losantos. Y mejor que no hable de nada. Pero no es una locura lo de Azaña, es un hombre al cual, en un corto período de tiempo le fusilan a su mejor amigo (a pesar del enfrentamiento) Lluís Companys, condenan a muerte a su cuñado Rivas Cherif, su médico (al cual él le había pedido que según cuál fuese la situación, le matara) se suicida, su hermano acaba de  morir, la República se ha ido al carajo. Esto hunde a Azaña. Es un final patético.

Por eso, su último discurso es un discurso conciliador: habla del genio de los españoles, de la sangre que hierve en las venas de los españoles, para explicar el conflicto de la guerra civil, y que ambos bandos luchaban por ideales, y que solicita paz, piedad y perdón. En la película, ese era el final y lo cambiamos, porque nos parecía un final conciliador y, más que todo, era un final patético en que Azaña había perdido un poco todas sus referencias ideológicas. Yo pienso que en este sentido, en el momento del golpe de estado, cuando le sacan del palacio donde está para esconderle, él se saca el sombrero y saluda diciendo “señores, hasta la III República”. Era una frase, y le dice a su mujer, Dolores, “¡Vaya frase! Parece de tu cuñado” que era Rivas Cherif.

Pero bueno, cuando venga la III República, no estaría mal que tuviera hombres de la altura ética de Manuel Azaña.

Por su parte, Santiago San Miguel ha dicho en su presentación: “La lenta maduración de este proyecto ha servido para impregnarlo, espero que para bien, de mi propia reflexión ante te que se cuenta y e! hecho mismo de contar; tal vez, igualmente, de una aparente complejidad que, pienso no es tal, pues la posible sorpresa ante la doble acción paralela se desvanece al identificar el juego que se está jugando (…)   Manuel Azaña es, sin duda, uno de los personajes fundamentales en la historia española del siglo XX. Es, también, el político más difamado, más calumniado, más olvidado. Despertó fervores apasionados y odios exacerbados. Ministro de la Guerra de la II República desde el mismo día de su proclamación (14 de abril de 1931 al 16 de diciembre de 1931); inmediatamente, Presidente del Gobierno Provisional (14 de octubre de 1931 al 16 de diciembre del mismo año). Sin solución de continuidad, sigue ocupando la Presidencia del Consejo de Ministros con el nuevo Gobierno, conocido como el bienio de Azaña”.

Nos dice también que: “Intencionadamente, la película en sus primeros veinte minutos, reconstruye los hechos y las apariencias al modo tradicional, recurre al gran guiñol. En ese momento surge la sorpresa y el espectador descubre que se encuentra ante una interpretación. El actor vacila en su interpretación. Surge el problema. ¿Podemos conocer el personaje? En este juego de acciones paralelas entre el actor y el personaje se puede afirmar que sólo podemos conocer lo que el propio personaje dijo e hizo. Por ello, la película termina con el actor protagonista enfrentado a la muerte ya la agonía de la muerte de Manuel Azaña”. También aclara el que  “la película no tiene    ningún    fragmento    documental.    Tan    sólo 20  segundos  incorporados al  propio  desarrollo dramático de la acción”.

Por mi parte, pienso que, por más que la película tampoco esté a la altura del personaje, de lo que no puede haber duda es de las intenciones y del esfuerzo del colectivo que le ha hecho, como tampoco las puede haber sobre su valor cívico y democrático, y al igual  Catalunya über alles¡ servirá a la lucha contra el racismo y la xenofobia, contra el fascismo cotidiano en Cataluña, esta evocación sobre Azaña podrá ser de gran utilidad para el debate sobre nuestra memoria asesinada. En cuanto a Azaña, mi opinión es que se trata de un personaje que está muy por encima de la clase que quiso representar, pero que solamente pudo gobernar presidiendo la coalición republicano-socialista.  En comparación con las bestias pardas que lideraron la sublevación militar, Azaña es alguien con una cultura y una humanidad que les resultaba insoportable. Otra cosa es que su sueño de una República democrática moderada -como las que existían en Europa- era de hecho tanto o más utópico que cualquier revolución socialista, y que su papel sobresale solamente en la medida en que esta revolución se queda a mitad de camino. Azña olvidaba que dichas democracia, en lo que tenían de verdad o sea de conquistas del pueblo, fueron frutos de   grandes transformaciones revoluciones desde el siglo XVII, crisis que allanaron el camino, pero que aquí se fueron sistemáticamente aplazando a lo largo de los tiempos.

http://www.kaosenlared.net/noticia/cine-jordi-dauder-manuel-azana