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Franco y los parados

Rafael Fernando Navarro. Nueva Tribuna, 6-12-2011 | 8 diciembre 2011

La dignidad de aquellos esclavos muertos es nuestra propia dignidad

 

nuevatribuna.es | Actualizado 06 Diciembre 2011

Me molesta profundamente la tentación que tienen los políticos de interpretar el pensamiento de la totalidad de la sociedad. Me siento estafado, robado, desnudado por la violencia de quienes se apoderan de mi propia libertad de pensamiento. “La sociedad piensa”. “La sociedad quiere, necesita, aspira…” No hace falta poner de relieve que lo que la sociedad piensa, quiere, necesita es justamente lo que el político quiere imponer al margen precisamente de la sociedad en nombre de la cual se alza como intérprete soberano y absoluto. A golpe de estado suena, a usurpación de la libertad de un conjunto ciudadano que posiblemente esté muy en desacuerdo con los intereses del político usurpador.

Un comité de expertos ha llegado a la conclusión de que Franco tiene que ser exiliado del Valle de los Caídos. Precisamente porque allí deben descansar los “verdaderos caídos”, nunca quien los despeñó vida abajo hasta la muerte. Miles de esclavos republicanos construyeron ese monumento al nacionalcatolicismo. Campos de concentración y trabajos forzados soportaron la humillación de levantar, comiéndose la roca como casi único alimento, un monumento para un Dios anticristiano pero “cristianizado” por una Iglesia fascista, apóstata, traicionando el evangelio más elemental. La Jerarquía se alzó sobre la desvergüenza de la esclavitud. Al cuidado de esa Iglesia entregó el tirano el monumento convertido en basílica para reforzar así ante la historia la prostituta unión del crimen organizado con la Iglesia.

El dictador debe marcharse del Valle de los Caídos y José Antonio, fundamento ideológico del fascismo impuesto por Franco, podrá ocupar un lugar casi anónimo entre el resto de los muertos en una guerra-golpe-de estado.

Queda en manos del nuevo gobierno salido de las urnas la urgencia de llevar a cabo la decisión de esta comisión de expertos. Es verdad que el PSOE gobernante debió encargar con anterioridad este estudio y en consecuencia hacerse cargo del cumplimiento de sus conclusiones. Pero su indecisión ha llevado a que sea el Partido Popular quien gestione las consecuencias de este estudio. Y ha sido González Pons, quien erigiéndose en intérprete unívoco del sentir nacional, ha dicho con la impudicia que le caracteriza “que a los españoles no les preocupa la tumba de Franco, sino la cifra de parados” Seguros de la incapacidad ciudadana de aspirar a varias cosas a la vez, la derecha más derecha, incrustada indudablemente en el Partido Popular, coincide en arrogarse la voluntad del pueblo y proclama que a nadie le interesa el destierro merecido de un dictador que permanece al lado de los oprimidos hasta la muerte por su voluntad imperial de dominio. ¿No será que muchos “demócratas de toda la vida” quieren compaginar democracia y tiranía?

Nada se puede hacer sin el consentimiento de los descendientes del general. ¿Comprensible la necesidad de este consentimiento? ¿Tuvo en cuenta el dictador alguna vez el consentimiento de sus “súbditos”? Confieso que yo no puedo compartir ese sometimiento por la sencilla razón de que la dictadura de Franco no puede perpetuarse tras su muerte por la imposición de una familia que sólo por la generosidad de la democracia sigue teniendo un relieve en la vida de la sociedad española. Un nieto del dictador va diciendo por las televisiones que era un tierno abuelito, un buen hombre. Retumban las metralletas junto a cunetas y cementerios blancos. Una familia que no se corresponsabiliza con su pasado no es diga de un presente democrático.

Y por fin la Iglesia. Una Iglesia manchada con sangre esclava y que perpetúa la memoria de “nuestro jefe Francisco” Una Iglesia que lejos de pedir perdón por su macabra colaboración con el fascismo, sigue venerando la tumba sanguinaria de quien asesinó a miles de españoles muertos con la bendición de Su Santidad y confortados con los últimos sacramentos. Una Iglesia testigo de las sombras más espesas, cuando su misión es ser testigo de la luz.

Son muchos los que confunden pasado con historia. Es pura conveniencia. La historia configura el presente del hombre como constructor del futuro. El pasado incluye elementos que hay que destruir en algún momento para convertirlo en historia. La historia es el ayer fecundo como raíz del mañana.

La dignidad de aquellos esclavos muertos es nuestra propia dignidad.

http://www.nuevatribuna.es/opinion/rafael-fernando-navarro/2011-12-05/franco-y-los-parados/2011120518353800729.html