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Las cárceles de la guerra. Las navidades vizcainas de 1937

Ascensión Badiola / Deia, 25-12-2011 | 26 diciembre 2011

En aquellos años oscuros, Euzkadi y el resto de la geografía en manos de los rebeldes era una enorme prisión

 

 

En diciembre de 1937 ya habían transcurrido tres meses desde que el Euzko Gudarostea hubiera entregado las armas y caído en manos de los rebeldes y, seis, desde que las tropas de Franco entraran en Bilbao, un 19 de junio. La estampa carcelaria en Bizkaia, al igual que en el resto de territorios caídos en manos de los sublevados era impresionante.

Se puede afirmar que en aquellos años oscuros, Euzkadi y el resto de la geografía en manos de los rebeldes era una enorme prisión. El número de apresados para el periodo de finales de 1937 y primer trimestre de 1938, tanto en cárceles como en campos de concentración fue de 105.300 prisioneros, una cifra equivalente a toda la población de Araba en 1930. A este número hay que añadir los 200.000 vascos evacuados al extranjero o a la España republicana. En Bizkaia se cree que había 29.350 prisioneros, otros 6.300 vascos en Santoña, 2.461 prisioneros en el campo de concentración de Deusto y 3.486 en el de Urduña.

Las navidades del año 1937 fueron trágicas para los vascos recluidos tanto en Euzkadi como en otros territorios, en especial en Castro, Laredo y Santoña por la crudeza de la guerra, que se manifestó en el número de muertos en el frente, en el de enfermos por las carencias sustanciales a un conflicto bélico, o en las penurias que tuvo que soportar la población civil con motivo del racionamiento de víveres y productos básicos, pero sobre todo, lo fueron para los cientos de soldados nacionalistas y republicanos que estuvieron recluidos en las distintas prisiones a cargo de la Dirección General de Prisiones en territorio sublevado, tras pasar por un Consejo de Guerra y para los miles de hombres que pasaron por campos de concentración sin juicio previo alguno, a la espera de ser reclasificados, conducidos a otros campos, sometidos a la auditoría de guerra o enviados a batallones disciplinarios de trabajo. El sufrimiento en sus distintos escalones iba desde el temor a ser elegido en una saca para entrar en el siguiente grupo de ejecución al amanecer, hasta aspectos tan elementales como recibir comida, que también fue utilizado como forma de castigo.

Comida entre la ropa Un capellán recluido en El Dueso relató en un diario: Durante los cinco primeros meses estuvo terminantemente prohibido recibir alimentos del exterior. Quizá por eso el alborozo fue grande cuando para las navidades de 1937 se permitió que las familias pasasen toda la comida que quisieran, escondida en los sacos de la ropa. Los víveres enviados con enormes sacrificios y privaciones nunca llegaron a su destino. Fueron robados y repartidos entre los oficiales.

En la semana anterior a la Nochebuena el volumen de ejecuciones se elevó a 131 presos, entre ellos, la madrugada del 17 de diciembre fueron fusilados los oficiales de carrera del ejército de Euzkadi: Azkarate, Irezabal, Lafuente, Arenillas y otros diez más. La pérdida de esperanza y el desánimo de los prisioneros vascos se extendió, especialmente cuando comenzaron las ejecuciones de altos mandos del Euzko Gudarostea, que según el Pacto de Santoña eran los que habían recibido especial garantía de respeto a la vida.

Las primeras noticias esperanzadoras de que Franco admitiría comenzar a negociar canjes no llegaron hasta los primeros meses de 1938. El primer intercambio oficial firmado por Franco admitía el cambio de Miguel Primo de Ribera por el doctor José Bago Lecosaca, canje que encabezaba una lista de otros 23 prisioneros más por cada bando y que se realizó por conducto de la embajada británica en Hendaia. A partir de ese momento se comenzaría a instaurar el sistema de canjes que funcionó en los años siguientes y que salvó la vida de muchos condenados a muerte nacionalistas, socialistas, anarquistas y republicanos de todo signo.

Bilbao se convirtió en un gran centro de reclusión. Se utilizaron como centros de privación de libertad no solamente cárceles, como la de Larrinaga, sino que sirvieron para este fin las plazas de toros, los barcos, -estos ya se habían utilizado para encarcelar a presos derechistas en los años previos a la entrada de las tropas sublevadas- y otros muchos edificios: las escuelas (Cervantes y Tiboli entre otras); el colegio de Escolapios; el convento de El Carmelo u otros lugares como el edificio de Tabacalera en Iturribide. También se utilizaron casonas como el chalet de Orue, una mansión que había pertenecido a una familia nacionalista y que al quedar abandonada al comenzar la guerra se reutilizó para cárcel de mujeres.

De todas ellas, la más destacable fue la prisión de Larrinaga, hoy inexistente, y que se encontraba frente a lo que hoy en día es la casa Galera. Larrinaga fue mucho más que un centro de reclusión, puesto que allí se empezaron a trasladar los primeros prisioneros de Santoña para su ejecución y con el paso del tiempo, a medida que la auditoría de guerra iba confirmando las sentencias de pena de muerte, se convirtió en la antesala de todos aquellos que iban a ser fusilados o agarrotados. Paradójicamente, casi todos los testimonios coinciden en que el régimen carcelario de este centro, el día a día, no era especialmente duro con respecto al de otras prisiones.

“Hasta la hora fatal” Desde la Galería n.º 2, celda 34, de la cárcel de Larrinaga, un preso de Castro Urdiales que fue fusilado en la madrugada del 15 de diciembre de 1937, escribió:

Son las seis y media y estoy tranquilo ante la hora fatal. Me he confesado y comulgado. No tengo la fe que vosotros, pero Dios Misericordioso me perdonará. Ya sé que rezaréis por nosotros y Dios os lo tendrá en cuenta premiándoos. Azcarraga y Olavarrieta me han ayudado en este trance.

Hasta la eternidad.

Albino.

A través de esta nota tan sencilla y conmovedora se ponen de manifiesto muchas de las circunstancias que rodearon a aquellos días terribles y que se deducen igualmente de las distintas cartas que escribieron los prisioneros antes de ser ejecutados. Por un lado, la resignación ante una muerte inevitable, característica que se repite en los numerosos testimonios de aquellos días: La gente se ríe de la muerte y la espera con una tranquilidad tremenda. Todos, abertzales y rojos, vivimos como hermanos. Por otro, las profundas convicciones religiosas de los gudaris que sirvieron para ayudar a superar aquel trance a otros soldados menos creyentes.

A este respecto, hay que recordar que el Euzko Gudarostea fue el único ejército que contaba con su cuerpo de capellanes, los sacerdotes llamados por los rebeldes, los curas «rojo-separatistas», por su talante nacionalista y porque desde el principio de la guerra estuvieron a pie de trinchera para dar apoyo espiritual a los gudaris y a todo soldado que lo necesitase, fuese del bando que fuese. Euzkadi fue la única zona de la España republicana en la que la Iglesia no fue perseguida, dejando por ello sin justificación al alzamiento como guerra santa, puesto que fueron precisamente los alzados quienes atacaron a los integrantes de una sociedad gobernada por un partido confesional, como era el PNV, y a buena parte del clero vasco, ejemplo de ello fueron los 211 sacerdotes encarcelados, los 300 desterrados y los 16 fusilados, entre los que se encontraba el ideólogo e impulsor de la cultura vasca José Ariztimuño Olaso, de sobrenombre Aitzol.

La represión de las mujeres Aunque la cifra de mujeres fusiladas solamente fue de 19, con respecto a los 584 prisioneros ejecutados en el periodo 1937-1939, ya que ellas no estuvieron en el frente, también sufrieron represión y encarcelamiento por ser madres, esposas, hijas del enemigo o por haber manifestado en algún momento opiniones o ideas contrarias a las del Nuevo Régimen franquista.

Sólo en Bilbao en el mencionado chalet de Orue llegó a haber 700 mujeres en el momento más álgido o en Zornotza donde la cárcel para mujeres se ubicó en el centro del pueblo, en lo que hoy es el colegio del Carmelo, y fue prisión desde 1939 hasta 1947 y de la que se hizo eco de su inauguración el semanario Redención, órgano del Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo. Aunque se desconoce el número total de mujeres que pasaron por allí y sus nombres, se sabe que convivieron las mujeres con sus bebés e hijos pequeños y allí murieron 43 mujeres y una niña de diez meses. Concretamente, era la hija de Julia Manzanal, que durante la guerra había sido comisario político en el Batallón Comuna de Madrid del Quinto Regimiento y había sido trasladada con ella a Amorebieta. La niña falleció en enero de 1940 de una meningitis tuberculosa. Julia nunca dejó de denunciar el trato negligente que le dispensaron las monjas encargadas del gobierno de la prisión y los médicos.

Además de las de Orue y Amorebieta, hubo más cárceles para mujeres en Bizkaia, concretamente, en Durango, en el antiguo convento de monjas que hoy alberga el colegio de las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de Nevers. El 28 de diciembre de 1940 fueron enviadas desde la cárcel de Ventas a esta cárcel de Durango 350 presas, entre ellas, Rosario Sánchez, La Dinamitera, y Tomasa Cuevas. Las características de todas ellas fueron similares a las de la cárcel de Saturraran en Gipuzkoa.

Campos de concentración La Universidad de Deusto, que previamente había sido cuartel de milicias y en el segundo semestre de 1937 se convirtió en campo de concentración, bajo la dirección de la Inspección de Campos de Concentración del Cuartel General del Generalísimo Franco, al mando del coronel inspector Martin Pinillos, fue el campo de concentración vizcaino más importante, seguido del del Uduña.

Cuando la gente empezó a huir en masa hacia la frontera francesa para librarse del ensañamiento franquista, la autoridad militar franquista improvisó en la capital vizcaina la Prisión Militar de la Universidad de Deusto, con el mismo fin que otros centros creados en el resto del Estado. Por citar sólo los del entorno más inmediato, en Bizkaia existieron los de Urduña, Molinar de Carranza y Lezama; en Álava, los de Murguía y Sobrón; en Gipuzkoa, el de Irun; en Navarra, los de Iratxe, el fuerte de San Cristóbal y Casablanca; en Burgos, los de Miranda de Ebro y San Pedro de Cardeña; en Cantabria, los de Santoña, Laredo, Corban y Santander.

En Bizkaia los más representativos por su importancia en cuanto al número de prisioneros que albergaron y como centro distribuidor de mano de obra gratuita para los distintos batallones disciplinarios de trabajo fueron, en primer lugar, el de Deusto y, después, el de Urduña. Ambos centros, al igual que el resto de campos de concentración que hubo a lo largo de la geografía franquista fueron creados en el segundo semestre de 1937 y clausurados entre el final de 1939 y el primer trimestre de 1940. Los campos de Deusto de Urduña fueron, al igual que el resto, centros de detención ilegal y extrajudicial, pertenecientes a la administración militar y utilizados para internar y clasificar, sin juicio previo, a los prisioneros de guerra y evadidos republicanos de la guerra civil. Además, el campo de Deusto sirvió, hasta el final de su existencia, como base para la constitución de batallones de trabajadores prisioneros. Allí se realizaba el encuadramiento e instrucción de dichas unidades, que anteriormente se había llevado a cabo en el campo de Miranda de Ebro. Por el contrario, las colonias penitenciarias militarizadas, como fueron las empresas militarizadas dedicas a fabricar material de guerra (Altos Hornos, Babcok Wilcox, Echevarría, etc), los destacamentos penales o los trabajos de regiones devastadas (reconstrucción de Gernika), sí tuvieron como antecedente el Consejo de Guerra. Se trataba de personal penado y, como tal, dependiente de administraciones no sólo militares sino también civiles, como el Ministerio de Gobernación o el de Justicia.

Han transcurrido setenta y cuatro navidades y los nietos y biznietos de las víctimas de aquella guerra, apenas conocen los sinsabores que pasaron sus antepasados. Son pocos los que todavía hoy sobreviven al olvido de aquellos años lamentables y algunos de ellos han dejado voluntaria o involuntariamente de recordar, pero a todos ellos y muy en especial a los supervivientes de la tragedia que todavía pueden darnos fe de lo que sucedió, les deseo de todo corazón unas felices navidades 2011.

http://www.deia.com/2011/12/24/sociedad/euskadi/las-navidades-vizcainas-de-1937