Agenda
Artículos y Documentos
Federación Foros por la Memoria
Noticias
Videos de Memoria Histórica
Home » Artículos y Documentos

Feminicidio de Estado durante el franquismo

Teresa Sosa. Diario de Los Andes, 29-01-2012 | 30 enero 2012

El aparato ideológico del Estado fomentó desde su inicio la idea de la inferioridad de la mujer

 

El 24 de enero de este año se inició en Madrid el procesamiento judicial del juez Baltasar Garzón, acusado por la derecha española, afecta al franquismo, de prevaricación por investigar los crímenes y desapariciones (miles fueron mujeres) de la dictadura franquista. Según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de ese país, hasta hoy 113.000 hombres y mujeres, víctimas del franquismo permanecen en fosas comunes. Nuestra solidaridad con el juez Garzón ante la cacería que le han montado

Durante el franquismo (1939-1975) el aparato ideológico del Estado fomentó desde su inicio la idea de la inferioridad de la mujer .El régimen franquista ejercía censura a todo lo referente a la moral sexual, relacionado a su vez con el trato y la educación a las mujeres, en el marco de una ideología tradicionalista y conservadora que fomentaba el retorno de la mujer al hogar. En conjunto, el franquismo ejercía terrorismo de Estado contra las mujeres. El incipiente feminismo español quedó en la clandestinidad con la llegada de Franco al poder.

Más tarde nacerá en numerosas mujeres una necesidad de defensa contra la represión y la marginalidad; se organizan y luchan contra el poder para obtener una vida digna. Se crean las primeras Asociaciones de Vecinos. Dentro de ellas existían grupos de mujeres que se interesaron por la cultura como medio de defensa y de independencia frente a la subordinación a los maridos. Ellas pasaron de ser totalmente analfabetas a saber leer y escribir gracias a las nuevas instituciones llamadas Escuelas para Adultos. En ellas se culturizaban y podían defenderse mejor del control, la represión y la marginación.

Las llamadas “derrotadas” por el franquismo, que fueron ajusticiadas por haberse mostrado partidarias de la República, las que pertenecían a la clase obrera, que vivían en la miseria fuertemente influidas por la Iglesia o las que participaron en la resistencia, continuaron luchando en la clandestinidad por la libertad de las mujeres, en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, en el Partido Comunista, en Juventudes Socialistas Unidas. El sentimiento general entre estas mujeres, algunas de ellas hoy día sobrevivientes, adultas mayores, es que lucharon “como cualquier hombre, así lo dice la poetisa Ángeles García-Madrid, una de las republicanas. “Una labor de la mujer republicana fue educar a sus hijas para que no aguantasen la potestad del hombre”, recalca.

En 1960 cuando ya el mundo se había planteado la necesidad de planificar y controlar los nacimientos; en España se seguía premiando a las familias numerosas y la Iglesia Católica continuaba adoctrinando sobre “criar y tener a todos los hijos que Dios te mande”. Además de fomentar la procreación, el Estado castigaba a las parejas que utilizaran algún método anticonceptivo. Así se origina un mercado negro de anovulatorios, se roban talonarios de recetas en las consultas médicas y de hospitales, se encargan a amigos que salen al extranjero, se intentan conseguir en farmacias sin receta médica.

Represores de Estado

Gonzalo Queipo de Llano (1875-1951, teniente general) uno de los más crueles represores arengaba a los falangistas por radio para que violasen a las mujeres marxistas y republicanas, al tiempo que les concedía inmunidad para sus crímenes: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.

Por otra parte, el comandante y médico psiquiatra Antonio Vallejo Nágera (1889-1960) fue una de las figuras clave de la represión franquista en la posguerra porque la revistió de un manto seudocientífico. Jefe de los servicios psiquiátricos del ejército de la dictadura franquista, le fue encargado un estudio que demostrase la inferioridad mental de las personas de ideología marxista.

Una de sus conclusiones fue: “A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella”. Pidió en otro de sus estudios la creación del Cuerpo General de Inquisidores.

Toda la bibliografía de Vallejo Nágera estuvo encaminada a demostrar que el marxismo es una enfermedad mental, que existe un gen rojo que hace enfermar a las personas y que lo mejor es que los rojos no tengan hijos/hijas o, si los tienen, se les separe de sus padres.

El 23 de agosto de 1938 Franco autorizó la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, cuya finalidad era «investigar las raíces biopsíquicas del marxismo», tal y como le había demandado Vallejo Nágera. Para las investigaciones actuales del genocidio del franquismo ha resultado decisivo para desvelar el drama de las y los niños perdidos acceder a la documentación del gabinete de Vallejo Nágera.

Este represor publicó los resultados en Biopsiquismo del Fanatismo Marxista, que según él demostrarían la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad, social y política, la brutalidad de su fanatismo e incluso su fealdad. Intentaba probar que el adversario era un infrahumano malvado y, a partir de ahí, todo está permitido contra él/ella.

La dramática conclusión de sus teorías la expuso en: La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos/hijas de los padres marxistas, pues “la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible”.

Los antes mencionados, son algunos de los marcos legitimadores de la represión que se desarrolló durante y después de la guerra civil española de manera sistemática por parte del régimen franquista: a quien no se le podía matar, se le humillaba y represaliaba.

Violencia femenicida

El caso de las mujeres y la violencia que se ejerció contra ellas es especialmente significativo, porque ellas eran una de las partes más débiles de la sociedad española y porque eran consideradas seres inferiores: “El fin esencial de la mujer, es servir de complemento al hombre, formando con él, individual o colectivamente, una perfecta unidad social” (Sección Femenina, constituida en 1934 como la rama femenina del partido político Falange Española, adoptó las figuras de Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús como modelos de conducta y símbolos de su acción. Se disolvió en 1977, tras la muerte del Franco)

O como señala más claramente Vallejo-Nájera: “Si la mujer es habitualmente de carácter apacible, dulce y bondadosa débese a los frenos que obran sobre ella; pero como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal, cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las inhibiciones fregatrices de las impulsiones instintivas, entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas. Suele observarse que las mujeres lanzadas a la política no lo hacen arrastradas por sus ideas, sino por sus sentimientos, que alcanzan proporciones inmoderadas o incluso patológicas debido a la irritabilidad propia de la personalidad femenina”.

Especial fue la dedicación del régimen franquista a la represión de la mujer del bando vencido. Se las obligaba a barrer las iglesias y las casas de los señoritos. Las familias de los condenados rojos debían saber cargar con el estigma de los vencidos. Rojas y mujeres de rojos eran lo mismo.

Aniquilar a las “derrotadas”

Se las podía violar, confiscar sus bienes. Había que vigilarlas, reeducarlas y purificarlas, con aceite de ricino si era necesario, para que arrojaran los demonios de su cuerpo. Como portadoras de culpa que eran, se les rapaba la cabeza, una imagen cotidiana de los años cuarenta, para que los vencedores señalaran todavía más a la «pelona»

http://diariodelosandes.com/content/view/178534/105826/