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Fraga, ese hombre

Don Ricardo. A sueldo de Moscú, Diciembre de 2006 | 10 enero 2012

Si se muere, bien muerto está, y si vive, que tenga sobre su conciencia los crímenes cometidos

 

Yo no quiero que se muera don Manuel Fraga. Tampoco quiero que viva. Si se muere, bien muerto está, y si vive, que tenga sobre su conciencia -estrecha, siniestra, viscosa, oscura- los crímenes cometidos. Pero sí me interesa recordar que la jauría ha salido estos días en defensa de un individuo que, si el mundo fuera como debe ser y la justicia se materializara, hoy estaría en libertad por razón de su edad, pero condenado como autor del asesinato de Julián Grimau. Nada de lo que voy a recordar es nuevo, y de hecho, está publicado aquí y allá, pero conviene de vez en cuando sacar a la luz estos hechos para que todos recordemos que ese hombre al que la jauría defiende -incluso acosando jovencitas si es necesario- no sólo deseó la muerte de una persona, sino que la provocó con sus propias manos.

Sí, con sus manos y con las de otros 19 hombres sin piedad -siete militares, tres miembros del Opus Dei, que supongo que ya habrán muerto reconfortados por los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica de Su Santidad, y otros nueve desalmados- que eran los integrantes del Consejo de Ministros que el día 19 de abril de 1963 fueron conminados por su Caudillo a emitir su voto personal acerca de la ejecución de la sentencia de muerte que había sido dictada contra el dirigente comunista Julián Grimau por un Consejo de Guerra ilegal, inmoral e ilegítimo presidido por un farsante que ni siquiera era abogado y que había negado al procesado incluso una simulación del derecho a la defensa, según manifestó una y otra vez su defensor militar. Todos ellos, sin excepción, incluido el Presidente Honorífico del Partido Popular, don Manuel Fraga, entonces Ministro de Información y Turismo, votaron a favor de la ejecución de la sentencia.

Hay que destacar que el papel representado por don Manuel Fraga en el asesinato de Julián Grimau fue principal, y no el de un miembro secundario del Consejo de Ministros que se limita a emitir su voto criminal y a olvidarse rápidamente del asunto, no sin antes visitar al confesor, por si las moscas. No. El hoy máximo representante institucional del Partido Popular tuvo una participación especialmente intensa en dicha tropelía y lo hizo con orgullo y con convencimiento absoluto de lo que hacía. Se ve que no ha visitado al confesor, al menos por este tema. Ni ganas.

Spain is different

Don Manuel no era un ministro cualquiera. O no quería serlo. Desde el año anterior ocupaba la cartera de Información y Turismo, y ahora, con motivo del asesinato de Julián Grimau que preparaba junto a sus secuaces, se disponía a demostrar a la prensa internacional cuál era el verdadero contenido de ese slogan que había puesto en marcha desde el otro departamento del ministerio para atraer el turismo: Spain in different.

Toda la farsa del consejo de guerra contra Julián Grimau estuvo enmarcada en una espectacular campaña propagandística dirigida por don Manuel Fraga desde el Ministerio de Información y Turismo. Como preludio, mantuvo en secreto una importantísima decisión adoptada por el Consejo de Ministros apenas dos semanas antes del juicio contra Grimau, y que de haber sido pública habría impedido que el juicio se celebrase en la jurisdicción militar y probablemente habría obligado al Gobierno a indultar al dirigente comunista. El 5 de abril, el Gobierno de Franco aprobó la creación del Tribunal de Orden Público, una instancia de siniestro recuerdo para mucha gente, pero que de hecho vino a rebajar el nivel de la represión por la sola razón de que los delitos políticos pasaban a ser juzgados por la jurisdicción civil. De haberse sabido esto el 19 de abril, el Gobierno de Franco no habría tenido otro remedio que indultar a un condenado a muerte el día anterior que, al día siguiente no habría podido ser juzgado en los mismos términos.

La prensa ante el proceso

El periodista José Antonio Nováis, que cubrió el proceso de Grimau para diversos medios de comunicación extranjeros de los que era corresponsal en España, recuerda en ¿Quién mató a Julián Grimau?, escrito en colaboración con el que fue su defensor civil, Armandino Rodríguez Armada, al hoy Presidente de Honor del Partido Popular y entonces ministro de Información y Turismo, que en una rueda de prensa ofrecida meses antes del consejo de guerra anunció que en unos días «daremos un dossier espeluznante de crímenes y atrocidades cometidas personalmente por este caballerete». Nováis, que era español, estaba habituado a estas salidas de tono, pero recuerda que le llamó la atención el escándalo que las palabras de Fraga habían provocado en los corresponsales extranjeros: «Novais, en un estado de derecho, un ministro no llama criminal a nadie si antes no ha dictado sentencia un juez», le decian.

Recuerda Nováis también como los periódicos extranjeros para los que trabajaba le pedían artículos y comentarios sobrel proceso de Grimau, y su desesperación ante la más absoluta falta de información, y cómo el Minisro Fraga estuvo mintiendo y negando la celebración inminente del Consejo de Guerra hasta la misma tarde del día anterior. «La mentira es el arma política de las dictaduras -refleflexiona Novais-. Pero dentro de estas dictaduras hay mentiras inteligentes y mentiras ingenuas, por no decir estúpidas. ¿Qué adelantaba el Ministerio de Información con intentar engañar a los periodistas el martes, cuando el juicio iba a celebrarse el jueves? Estas ingenuidades, repetidas en múltiples ocasiones, hicieron que las informaciones dadas por el señor Fraga a lo largo de sus años de Ministro carecieran de la menor garantía para los periodistas solventes. Su política informativa fue nefasta para los intereses del Régimen que pretendía defender»

Ante la insistencia de sus jefes, que le pedían información sobre el juicio, Novais se encontraba en un verdadero apuro: «¿Qué decir de este Consejo de Guerra? En mis manos sólo tenía un folleto titulado `Crimen o castigo´, editado por los Servicios de propaganda del Ministerio de Información y Turismo, en donde Grimau, como indicaba el título, era un `criminal´, que había que `castigarle´. Pero los folletos de propaganda no son fuente de crédito para los periodistas. Mucho menos cuando ese folleto estaba editado por unos servicios que cuarenta y ocho horas antes habían negado que la instrucción del caso Grimau estuviera cerrada». El juicio empezó a las nueve de la mañana del 18 de abril de 1963 y a las dos y media de la tarde, ya había terminado: Julián Grimau había sido condenado a muerte.

Esa misma tarde, la sentencia fue ratificada y fue ratificada y a la mañana siguiente se reunieron los 19 hombres sin piedad que, capitaneados por su Caudillo, se hacían pasar por el Gobierno de España, entre ellos, don Manuel Fraga, hoy presidente honorario del Partido Popular. Todos y cada uno de ellos votaron a favor de la ejecución de la sentencia. Una vez más, don Manuel Fraga, sin duda orgulloso de su papel, compareció ante los medios de comunicación: «Dados los crímenes cometidos por Grimau, no hay que esperar que el derecho de gracia se ejerza en su favor».

Todavía esa misma noche tuvo don Manuel ocasión de poner en práctica su sadismo y su criminal sangre fría, cuando el ex ministro Joaquín Ruiz Jiménez y el abogado Manuel Jiménez de Parga se presentaron en una recepción que se estaba celebrando en la Embajada de Colombia, para intentar una última y desesperada gestión a favor del reo: «No hay que preocuparse, no lo van a fusilar», les dijo. En ese mismo momento, Julián Grimau estaba en capilla y su asesinato se produciría unas cinco horas y media después, como don Manuel muy bien sabía, porque lo había ordenado aquella mañana en el Consejo de Ministros.

La ejecución

La Guardia Civil, que era quien tenía que haber llevado a cabo la ejecución, se negó a participar en el asesinato que estaba a punto de cometerse. La Capitanía General de Madrid, que era la segunda instancia, se negó a nombrar un pelotón de fusilamiento, así que finalmente, la sentencia fue ejecutada por 12 soldados de reemplazo asustados -e inocentes, éstos sí- que descerrajaron 27 tiros en el cuerpo torturado de Grimau. El teniente al mando tuvo que rematarlo con tres tiros de gracia, y con ello inició un periplo de psiquiatra en psiquiatra porque nunca pudo superar lo que le habían obligado a hacer.

¿A ustedes les parece justo que Julián Grimau esté muerto y don Manuel Fraga, que mandó matarle, viva aún? A mí, y a muchos como yo, no.

Pero no deseamos que se muera.

http://www.asueldodemoscu.net/2006/12/fraga-ese-hombre/