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Homenaje a Martínez Barrio en el cincuentenario de su muerte

Arturo Del Villar. Eco republicano, 12.1.12 | 13 enero 2012

El 1 de enero de 1962 falleció repentinamente el presidente de la República Española

 

El 1 de enero de 1962 falleció repentinamente el presidente de la República Española, Diego Martínez Barrio, en París, donde radicaban las instituciones republicanas en el exilio. El cuerpo del tercer presidente de la República Española quedó expuesto en su domicilio de la rue Vaugirard, al que se acercaron no solamente los exiliados españoles, sino también diplomáticos, principalmente latinoamericanos, y políticos franceses contrarios a la dictadura instalada en España.

Su cadáver fue inhumado en el cementerio de Saint-Germain-en-Laye, en un acto que reunió a un elevado número de exiliados, con asistencia del Gobierno en pleno, presidido por el general Emilio Herrera. Evocaron la importancia política del presidente Julio Just, vicepresidente del Gobierno y ministro de Emigración e Interior; José Maldonado, presidente de la Comisión Ejecutiva de la recién constituida Acción Republicana Democrática Española (ARDE), y Rodolfo Llopis en nombre del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Martínez Barrio había posibilitado la continuidad de las instituciones republicanas en el exilio, y lo hizo con una total dedicación. Tuvo que enfrentarse a muchas dificultades, causadas por la diversidad de opiniones habitual en el republicanismo español, pero supo irlas venciendo con tino y paciencia.

Nacido en Sevilla el 25 de noviembre de 1883, a los 22 años se afilió a la Juventud Republicana, y en 1907 al Partido Republicano Radical recién fundado por el corrupto y corruptor Alejandro Lerroux. Es claro que no estuvo acertado en la elección, pero tardó nada menos que 27 años en darse cuenta de ello. En 1908 ingresó en el Grande Oriente Español, del que llegó a ser gran maestre gran soberano gran protector.

Trabajó como tipógrafo, una profesión que requiere cultura, adquirida por él en las lecturas, ya que la modestia de su familia no le permitió cursar estudios. En 1910 entró activamente en la vida política, al ser elegido concejal del Ayuntamiento de Sevilla. En 1923 resultó elegido diputado a Cortes, pero quedó anulada la designación.

PREPARANDO LA REPÚBLICA

Su incorporación a la actividad política nacional tuvo un gran escenario: la plaza de toros de Madrid, en el multitudinario mitin republicano celebrado el domingo 28 de setiembre de 1930. Habló en representación del Consejo Republicano de Andalucía, después de Gerardo Abad y Marco Miranda, y antes de Manuel Cárceles, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Niceto Alcalá-Zamora y Alejandro Lerroux. Todos los oradores coincidieron en su censura a la monarquía golpista, y en señalar por ello la necesidad de proclamar la República.

En diciembre tuvo que exiliarse, ante el fracaso de la huelga general revolucionaria y del pronunciamiento de Jaca que terminó con el fusilamiento de Galán y García Hernández. Ese crimen cometido por la monarquía hizo que en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 triunfase contundentemente la conjunción republicano-socialista, lo que obligó al rey a huir de España a toda prisa, por miedo a que el pueblo siguiera el ejemplo de los revolucionarios bolcheviques.

El día 14 quedó proclamada la República Española, y constituido un Gobierno provisional, bajo la presidencia de Alcalá-Zamora, en el que se le adjudicó el Ministerio de Comunicaciones. Fue confirmado por Azaña, al ocupar la presidencia el 14 de octubre. Este Gobierno dimitió en diciembre, una vez aprobada la Constitución y elegido presidente de la República Alcalá-Zamora; el Ministerio de Comunicaciones desapareció del nuevo organigrama ministerial.

EN EL GOBIERNO

Martínez Barrio había sido elegido diputado a las Cortes Constituyentes, y continuó su actividad en el Parlamento sin excesiva relevancia. Con la designación de Lerroux como jefe del Gobierno el 12 de setiembre de 1933 se le asignó el conflictivo Ministerio de la Gobernación, en el que no pudo tomar decisiones, porque el Gobierno dimitió el 7 de octubre. Al día siguiente pasó a ocupar él la presidencia de uno nuevo, encargado de convocar las elecciones generales del 19 de noviembre.

Esas elecciones fueron limpias, por implicación personal del jefe del Gobierno. Y limpiamente las ganó la derecha, al negarse los socialistas a repetir la conjunción con los republicanos. A consecuencia del resultado volvió a formar Gobierno Lerroux, quien encargó a Martínez Barrio la cartera de Guerra. El 23 de enero de 1934, a consecuencia de una remodelación, pasó a desempeñar de nuevo la cartera de Gobernación, por poco tiempo, ya que dimitió el 1 de marzo.

Había dejado de ser un fiel seguidor del lerrouxismo, al comprobar las maquinaciones de su líder. Lo mismo Lerroux que sus colaboradores inmediatos perseguían lucrarse con la política, a costa de la misma República. El 16 de mayo consumó su distanciamiento del Partido Republicano Radical, solicitando su baja. Según explica en sus Memorias, editadas por Planeta en 1983, el detonante fue el acercamiento de Lerroux al líder de la extrema derecha anticonstitucional, José María Gil Robles.

JUICIO SOBRE LERROUX

El 7 de agosto de 1937 anotó Azaña en su diario una larga conversación con Martínez Barrio, en la que trataron sobre el tema esencial de la marcha de la guerra, pero también abordaron cuestiones personales. Resultaba inevitable tratar sobre el pasado político que había conducido a aquella circunstancia extrema, y el sevillano se confesó así al alcalaíno:

–He estado 30 años con Lerroux. Le conocía poco personalmente. Yo vivía siempre en Sevilla. Nuestra relación política era epistolar. Después, en Madrid, formé otra opinión. Lerroux es muy afectuoso, muy simpático… me quería mucho. Pero en el Partido Radical no se podía estar. Me dirán que he aguardado demasiado tiempo. Sí, sí. ¡Había tantos afectos! En las Cortes del 33, yo no conocía en el partido más que a cuarenta o cincuenta diputados republicanos. Los demás eran tanto o más monárquicos que los de Gil Robles. Yo no estaba además conforme con ciertas cosas. En las Cortes constituyentes, mientras Lerroux le hacía a usted la obstrucción, yo le hacía la obstrucción a Lerroux. Cuando, el año 34, inicié mi separación de Partido Radical, a Lerroux no le faltó nada para suplicarme de rodillas que no me fuera. Me tomó un odio profundo… [Citado por las Obras completas de Azaña, vol. 6, Madrid, Presidencia del Gobierno, 2007, p. 425.]

Lerroux había logrado consolidar un partido republicano con amplias bases populares, integradas por sus “jóvenes bárbaros”, a los que se unió Martínez Barrio. Pero muy pronto se conocieron sus trapicheos económicos, que desprestigiaron al partido, cuyos dirigentes eran tan corruptos como el líder. Por eso resulta extraño que Martínez Barrio tardase tanto tiempo en tomar la decisión de abandonar la “hermosa legión de rebeldes” para evitar contaminarse con sus chanchullos, culminados con el escándalo llamado del estraperlo en octubre de 1935.

Comenta Azaña, después de copiar esta confidencia, que al dejar el partido corrupto de Lerroux podía haberse afiliado a alguno de los republicanos honrados existentes, pero prefirió fundar uno nuevo. De esa manera es claro que contribuía a atomizar más aún el republicanismo, lo que equivale siempre a favorecer a los contrarios.

JEFE DE SUS PARTIDOS

El 17 de julio de 1934 puede considerarse la fecha fundacional del nuevo Partido Radical Demócrata, en acto celebrado en el Teatro Victoria, de Madrid. Allí expuso Martínez Barrio los presupuestos inspiradores de la nueva agrupación, en la que contaba con 16 diputados radicales que abandonaron también el partido junto a él, dos socialistas y otro del Partido Republicano Conservador, con los que formó una minoría parlamentaria.

Es muy breve la historia de ese partido, porque el 30 de setiembre se fusionó con una fracción escindida del Partido Radical Socialista, liderada por Félix Gordón Ordás, para constituir la Unión Republicana. Es paradójico que quienes abandonan un partido para crear otro lo llamen Unión, pero es frecuente .Fue elegido presidente Martínez Barrio.

Este partido llegó a consolidarse, y el 15 de enero de 1936 fue uno de los firmantes del pacto de Frente Popular, representado en el acto por Bernardo Giner de los Ríos. El fracaso en 1933 había obligado a la izquierda a unir sus fuerzas frente al avance de la derecha anticonstitucional, y lo hizo a tiempo, ya que obtuvo la mayoría parlamentaria en las elecciones generales del 16 de febrero.

PRESIDENTE DE LAS CORTES

Al abrirse las Cortes el 16 de marzo Martínez Barrio fue elegido su presidente. Conforme al artículo 74 de la Constitución, el presidente de las Cortes debía sustituir al de la República “en caso de impedimento personal o ausencia” del titular, o cuando el cargo quedase vacante. Fue lo que ocurrió el 7 de abril, cuando las Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora. Por eso Martínez Barrió se convirtió a las diez de la noche en presidente interino de la República, hasta que el 10 de mayo fue elegido Manuel Azaña para desempeñar el cargo, lo que probablemente fue un grave error, al privarle de capacidad ejecutiva, que estamos pagando todavía los españoles.

Azaña encargó formar Gobierno a su amigo Santiago Casares Quiroga, después de la negativa del Partido Socialista a permitir que lo hiciera Indalecio Prieto, como deseaba el presidente. No era el hombre adecuado para detener la conspiración militar en marcha, y así fue posible que el 17 de julio se sublevase la guarnición de Marruecos, arrastrando a la rebelión a parte de los militares en la península.

Al saberse incapaz de actuar con eficacia, Casares dimitió a las nueve de la noche del 18, y Azaña encargó a Martínez Barrio la formación de un Gobierno con representación de los firmantes del Frente Popular. Sin embargo, el PSOE se negó a colaborar, conforme a su costumbre. En la madrugada del 19 presentó la lista de su gabinete al presidente de la República, pero el griterío en las calles le animó a desistir, y no tomaron posesión de sus carteras. Había empezado una guerra que Alemania e Italia hicieron propia, al ayudar a los rebeldes para probar sus tácticas antes de lanzarse a la conquista de Europa.

ÚLTIMA SESIÓN DE CORTES EN ESPAÑA

El 1 de febrero de 1939 las Cortes celebraron su última sesión reglamentaria en España. Tuvo lugar el acto en el castillo militar de Figueras, con asistencia de 55 diputados y algunos ministros. El doctor Negrín, jefe del Gobierno, comentó la situación bélica, que era muy complicada, pero permitía conservar la esperanza si se lograba sostenerla hasta que las naciones democráticas, entonces olvidadas de la República Española, se vieran en la necesidad de atajar los afanes imperialistas de la Alemania nazi y la Italia fascista.

Ante el avance de los rebeldes por Catalunya, el 6 de febrero cruzaron la frontera francesa los presidentes de la República y de las Cortes, con un reducido séquito. Se instalaron inicialmente en la Embajada de la República en París, pero Azaña se trasladó enseguida a Collonges-sous- Salève, en donde el día 27 firmó la carta de dimisión como presidente de la República, dirigida a Diego Martínez Barrio como presidente de las Cortes.

De conformidad con el citado artículo 74 de la Constitución, se convirtió de nuevo en presidente interino de la República. Dadas las circunstancias, convocó una reunión urgente de la Diputación Permanente de las Cortes en París, a celebrar el 3 de marzo. Acudieron 16 diputados, que aceptaron la dimisión de Azaña y propusieron colaborar con el Gobierno de Juan Negrín con la intención de “liquidar con el menor daño y sacrificio posibles y en función de un servicio humanitario, la situación de los españoles”.

MÉXICO, UNA NUEVA ESPAÑA

El ya presidente interino preparó su regreso a España, a la zona centro, hasta entonces leal, cuando se produjo la sublevación del coronel Casado en Madrid, decidido a entregar la ciudad heroica a los rebeldes de 1936. Hubo de suspender el viaje, y realizar otro más lejos, al Distrito Federal de México.

El presidente Lázaro Cárdenas era un decidido partidario de la República Española, a la que ayudó en la medida de sus posibilidades, y tras la derrota aceptó acoger a cuantos quisieran exiliarse en su país. El 10 de enero de 1945 se celebró una nueva reunión de las Cortes en el exilio, esta vez en el Club France, del Distrito Federal mexicano, al que otorgó el Gobierno la extraterritorialidad. Asistieron 72 diputados, y se adhirieron otros 49. Empezó el acto con la lectura de los nombres de 127 diputados muertos a consecuencia de la guerra o la represión feroz de los vencedores.

Una vez más el PSOE, siguiendo indicaciones de Prieto, mostró su disconformidad con la reunión, alegando carencia de legitimidad, por lo que hubo de suspenderse la sesión. La actitud de los socialistas con respeto a la República fue de colaboración al principio, pero fueron distanciándose de los partidos republicanos, hasta organizar la absurda revolucioncilla de octubre de 1934, que tanto perjudicó el prestigio de la República. Durante la guerra a menudo obstaculizaron decisiones importantes, aunque es preciso reconocer que el doctor Negrín desempeñó acertadamente su papel de jefe del Gobierno durante aquellos meses difíciles.

PRESIDENTE EFECTIVO DE LA REPÚBLICA

El 17 de agosto volvieron a reunirse las Cortes, esta vez en el Salón de Cabildos del Palacio del Gobierno, en el Distrito Federal. Asistieron 96 diputados, altos jefes militares, funcionarios exiliados, y también embajadores extranjeros y representantes del general Cárdenas. En el balcón ondeaba la bandera tricolor del República Española, porque se había concedido extraterritorialidad al edificio, y un batallón le rindió los honores de ordenanza.

Abierta la sesión por el vicepresidente segundo, Luis Fernández Clérigo, y leídas adhesiones y felicitaciones, se procedió a la promesa de Martínez Barrio como presidente de la República, momento de gran solemnidad, mientras en la calle sonaban las trompetas y los himnos de México y de la República Española. De esta manera, la legalidad constitucional se mantenía, frente a la ilegalidad de la dictadura instaurada en España como consecuencia de la victoria lograda por los sublevados.

Inmediatamente el doctor Negrín le entregó la dimisión de su Gobierno, y el presidente inició las consultas protocolarias para designar un nuevo jefe del Ejecutivo en el exilio. La mayoría de los consultados se decidió por José Giral, presidente de la minoría de Izquierda Republicana, y por lo tanto a él le hizo el encargo. No tuvo fácil su labor, porque los partidos políticos seguían enfrentados y divididos en el exilio, sin que la experiencia de la guerra les hubiera servido de advertencia. Ofreció carteras a los socialistas Negrín y Prieto, que las rechazaron, así como a Josep Tarradellas, de la Esquerra Republicana de Catalunya, que tampoco aceptó. Lo mismo hizo el Partido Comunista. Hasta el 7 de setiembre no consiguió Giral someter la lista de su gabinete al presidente de la República, que la aprobó. Así se consolidaron las instituciones legítimas españolas, y los sufridos vasallos del dictadorísimo conservaron la esperanza de conseguir recuperarlas algún día.

PARÍS, CAPITAL DE LA REPÚBLICA EN EXILIO

El 16 de febrero de 1946 embarcó Martínez Barrio en Nueva York rumbo a El Havre, desde donde se trasladó a París. Llegó a la capital francesa el 12 de marzo, y fue recibido por el Gobierno, ya instalado allí. La presidencia de la República Española se radicó en la avenida de Raymond Poincaré.

Toda la atención del presidente y el Gobierno se centraban en impedir que la recién creada Organización de Naciones Unidas admitiese al régimen dictatorial impuesto en España por la Alemania nazi y la Italia fascista. En la Conferencia de San Francisco se había aprobado el 19 de junio de 1945 excluir a la dictadura española de la nueva organización. Sin embargo, el 5 de marzo de 1946 los gobiernos de Estados Unidos de América, la República Francesa y el Reino Unido de la Gran Bretaña dieron a conocer la llamada por eso nota tripartita, en la que comunicaban que no intervendrían en asuntos interiores de España, porque “El pueblo español debe, a fin de cuentas, fijar su propio destino”, como si no supieran ellos que eso era imposible, ante la represión sanguinaria de la dictadura.

La Asamblea General de la ONU condenó al ostracismo a la dictadura española el 15 de diciembre de 1946, lo que significó un éxito del Gobierno legítimo en exilio. Por eso Indalecio Prieto pronunció un discurso el día 17 en México, proponiendo a los ministros del Partido Socialista y de su sindicato la Unión General de Trabajadores que dimitieran de sus cargos. Ante la situación creada, el Gobierno en pleno dimitió el 22 de enero de 1947. Una vez más la República era atacada desde dentro por quienes estaban obligados a defenderla. Es una maldición que parece perseguir a los republicanos, de la que no conseguimos librarnos, por más que resaltemos su coste. Los monárquicos estuvieron divididos entre dos opciones, y dieron lugar a guerras civiles desastrosas, hasta que comprendieron el error y se unieron. Los republicanos somos incapaces de hacerlo.

OTROS DOS GOBIERNOS

El presidente Martínez Barrio encargó la formación de otro Gobierno a Rodolfo Llopis, secretario general del PSOE, misión que aceptó una vez obtenida la obligada aprobación de Prieto, con el rechazo de Negrín. El 9 de febrero quedó constituido con representantes del PSOE, Izquierda Republicana, Unión Republicana, el Partido Comunista, la Esquerra Republicana de Catalunya, el Partido Nacionalista Vasco, la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo. Podía decirse, pues, que era un Gobierno de concentración nacional, pero Prieto no estaba de acuerdo con la inclusión de un comunista.

En el congreso celebrado por el PSOE en Toulouse entre el 25 y el 28 de julio, Prieto hizo un alegato feroz contra Llopis, y exhibió impúdicamente su histérica obsesión anticomunista. Dada la situación, Llopis se vio obligado a presentar la dimisión del Gobierno el 6 de agosto. El presidente de la República pidió a Álvaro de Albornoz, de Izquierda Republicana, la formación de otro Gobierno, lo que consiguió el día 15. Era el tercer Gobierno nombrado en el exilio en dos años, lo que demuestra la actitud suicida de algunos republicanos que no demostraban serlo.

Indalecio Prieto había logrado que sus conversaciones con las fuerzas monárquicas partidarias de instaurar la monarquía en la persona de Juan de Borbón se concretasen en el llamado pacto de San Juan de Luz, ignorando que el pretendiente al trono le estaba borboneando, según la definición acertada hecha en su día por el general Primo. El 25 de agosto el pretendiente había acordado otro pacto con el dictadorísimo, por el cual su hijo Juan Carlos estudiaría en España para aprender los métodos represivos del régimen. No obstante, Prieto se negó a reconocer su error, y una facción del PSOE le apoyó, fieles hasta la muerte política.

UN ULTRAJE A LA DEMOCRACIA

El 4 de noviembre de 1950 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó levantar las sanciones adoptadas contra la dictadura española. El Gobierno legítimo dio a conocer una nota de repulsa, en la que calificaba esa decisión de “ultraje a la conciencia democrática y una irrisión de la ideología de las democracias en lucha contra el nazifascismo”. La llamada guerra fría que enfrentaba a los Estados Unidos de América con la Unión Soviética, como dos formas politicoeconómicas irreconciliables de capitalismo y comunismo, además de la situación estratégica de España, y las reiteradas manifestaciones anticomunistas de la dictadura, provocaron que muchos políticos estadounidenses quisieran mantener la ilegalidad española en su beneficio.

Indalecio Prieto dimitió ese mismo día de sus cargos en el PSOE al admitir que “Por mi culpa, mi partido ha sido víctima de una ilusión que me ha deslumbrado”. A buenas horas lo reconocía. Por su parte, el Gobierno de Albornoz presentó su dimisión el día 30 al presidente de la República, quien solicitó que continuasen todos en sus cargos. Así lo hicieron hasta el 8 de julio de 1951, en que dimitieron irrevocablemente.

Encargado Félix Gordón Ordás de formar Gobierno, tropezó con los habituales obstáculos que ponían los partidos, por lo que hasta el 17 de noviembre no pudo llevar a término su cometido. Este gabinete fue remodelado el 20 de enero de 1956, después de la admisión de la dictadura española en la ONU el 14 de diciembre anterior.

CADA DÍA MÁS DIFICULTADES

Las instituciones legítimas, por el contrario, padecían dificultades económicas muy serias, al no encontrar financiación. Gordón Ordás realizó viajes por Latinoamérica para recaudar ayuda financiera, pero solamente el presidente Bethancourt de Venezuela respondió eficazmente; los demás hicieron promesas incumplidas, cuando no se negaron con toda claridad: el comercio internacional tiene sus normas, que no coinciden con los ideales políticos.

Las relaciones personales entre los presidentes de la República y del Gobierno se enfriaron, por disparidad de criterios políticos, así que Gordón Ordás dimitió el 18 de abril de 1960. El 9 de mayo formó Gobierno el general Emilio Herrera, integrado por él y Julio Just y Fernando Valera; posteriormente se fueron añadiendo otros ministros. La situación financiera se hacía cada vez más desastrosa, porque las instituciones republicanas perdían los pocos apoyos exteriores. En ese estado sucedió la muerte repentina del presidente de la República, el 1 de enero de 1962.

Diego Martínez Barrio mantuvo la legitimidad de la República Española, a pesar de hallarse en exilio. Saber que existían las instituciones republicanas constituía un referente para los españoles que padecían la dictadura. No dimitió nunca. Es un gran ejemplo de honradez republicana.

ARTURO DEL VILLAR

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