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Comunicando la memoria histórica

Borja González Andrés. GEA Photowords /Rebelión , | 6 marzo 2012

Entrevista a Mirta Núñez, historiadora y organizadora de las primeras jornadas de ‘Comunicación y Memoria Histórica’

 

 

El juicio contra Baltasar Garzón por haber intentado investigar los crímenes del franquismo, ha vuelto a colocar a la Memoria Histórica en la primera línea informativa durante las últimas semanas. Cientos de periodistas –españoles y de otras muchas nacionalidades– han seguido con atención este proceso judicial del que, entre otras preguntas, se deriva una muy directa: ¿cómo se informa sobre la Memoria Histórica? Con ella arranca la entrevista a Mirta Núñez, historiadora, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y organizadora de las primeras jornadas de ‘Comunicación y Memoria Histórica’, que se celebran el 6 y 7 de Marzo, en la Facultad de Ciencias de la Información.

El título de estas jornadas es ‘Comunicación y Memoria Histórica’, por lo que la primera pregunta es obligada. ¿Cómo informan los medios de comunicación sobre la Memoria Histórica en nuestro país?

Se ha abierto un nuevo segmento en los medios para tratar un contenido muy poliédrico, con muchas perspectivas: desde las exhumaciones de las fosas hasta la actuación del juez Baltasar Garzón, pasando por el tratamiento historiográfico del tema. Todo eso es Memoria Histórica, un abanico muy amplio. Creo que los medios son el mejor vehículo de expresión de los posicionamientos políticos respecto a este fenómeno. La izquierda templada representada por ‘El País’ lo atiende y ‘Público’, desgraciadamente desaparecido, lo atendía mucho más. Al otro lado, la derecha expresa de manera muy clara, primero su predominio mediático –eso es indudable–, y por otro lado, su animadversión hacia este tema.

Cuando se nombra el concepto de Memoria Histórica, una parte de la derecha sostiene que no es bueno “reabrir viejas heridas” ni “dividir a los españoles” de nuevo. La Memoria Histórica, ¿divide? ¿reabre heridas?

Desde mi punto de vista, no. Por supuesto que no. Hay una realidad histórica que se ha mantenido oculta, pero llevamos ya más de 30 años de democracia y es mejor tarde que nunca para que resurja una atención social, política e historiográfica sobre algo que existió, y que tiene presencia aún en nuestros días. Cuando dicen que la Memoria Histórica reabre heridas es porque éstas no estaban bien cerradas, evidentemente. Y el hecho de que solo ahora hayamos podido acceder, por ejemplo, a los consejos de guerra aplicados a civiles y militares leales a la República, muestra todo lo que estuvo oculto y perseguido durante la dictadura, y olvidado –no explícita pero sí implícitamente– durante la Transición.

Volviendo a la celebración de las jornadas, habéis escogido una imagen para el cartel y los dípticos compuesta por un corazón y una pala, clavándose en un suelo de letras y palabras. Completar el proceso de la Memoria Histórica, ¿es una cuestión de razón o de pasión?

Ambos aspectos se conjuntan perfectamente. Por ejemplo, en el ámbito de la represión hay que subrayar los vínculos familiares que se han mantenido desde el final de la guerra, pero también las repercusiones sociales. No olvidemos que no sólo se trata de cuestiones familiares, sino de una parte de la sociedad que fue perseguida, encarcelada, fusilada en muchos casos. No es una leyenda, es algo que se verifica en numerosas ocasiones desgraciadamente.

Hablábamos al comienzo de la actuación de Baltasar Garzón. Hace unos días el Tribunal Supremo absolvía al magistrado por haber tratado de investigar los crímenes del franquismo. ¿Qué lecciones podemos extraer de todo este proceso judicial?

Este juicio ha evidenciado muchos aspectos, y muy importantes, respecto a la realidad actual de España. Con el juez Baltasar Garzón, que ha transgredido vetos implícitos de la Transición y bloques tradicionales de poder, como el judicial –que en aquella Transición no sufrió grandes avances–, se ha demostrado una situación sorprendente en nuestro país para asombro del resto del mundo. Aunque la solución de esos tres juicios a Garzón, casi paralelos, también nos enseña algo muy significativo: la corrupción del caso Gürtel (es decir, tratar de quitarle el disfraz al poder económico corrupto) y no la Memoria Histórica, es lo que ha provocado su expulsión de la carrera judicial. Y hay que ver el recibimiento que Garzón ha tenido recientemente en Argentina, con el discurso de su presidenta, Cristina Fernández, en el inicio del curso político. Ha sido impresionante, y demuestra que lo que no se le ha reconocido en nuestro país, se le reconoce en América Latina, donde tiene el prestigio que le corresponde a su acción valerosa.

Tras conocerse la absolución de Garzón, la portavoz del Consejo General del Poder Judicial, Gabriela Bravo, aseguraba que cualquier investigación sobre los crímenes franquistas debería hacerse dentro del marco de la Ley de Memoria Histórica. ¿Qué margen de maniobra ofrece esta ley para iniciar procesos judiciales?

Lo que ocurre es que la caja de Pandora que se ha abierto con este caso es tan grande, que se ha visto cómo existen otros muchos ámbitos jurídicos a los que se puede acudir, más allá de la Ley de Memoria Histórica. No creo que esta ley sea la única vía, ni muchísimo menos. Y aunque hay advertencias que pretenden ser disuasorias, creo que en este terreno, pasado lo que hemos pasado, seguiremos adelante. Seguiremos adelante aquellos que creemos que todo esto se debe conocer, porque es una parte importante de nuestra historia y también de nuestra realidad. Además, parece que ahora no se quieren ver las raíces de nuestra historia, que están presentes en la actualidad. Digan lo que digan, hay un marco jurídico, liberal y democrático y está vigente para todo. Y mientras exista ese marco, no solamente estará presente la Ley de Memoria Histórica.

Además de este juicio, en los últimos meses hemos sido testigos de varias noticias como, por ejemplo, la polémica desatada con algunas definiciones sobre el franquismo en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. ¿Crees que existe, en algunos sectores sociales, políticos y mediáticos, cierta ambigüedad para hablar de la dictadura?

Por supuesto. Uno de los logros de la dictadura fue el uso inmenso de eufemismos y ahora nos encontramos con que una institución oficial edita, creo que son, medio centenar de tomos con un contenido que podría haber salido a la calle perfectamente en los años 50 o 60. Es decir, que ya desde los últimos años del franquismo el propio régimen pretendió dar su versión de la historia y echar a andar, por ejemplo, ese concepto que aparece en el diccionario de régimen “autoritario” pero no “totalitario”. Yo siempre les digo a mis alumnos que las palabras tienen conceptos detrás, no son inocuas. Hay tantas afirmaciones que uno se pregunta cómo es posible que se haya permitido la edición de ese diccionario como afirmación única, sin ninguna otra interpretación.

Hemos hablado de jueces e historiadores. En este caso, ¿a quienes corresponde la investigación de nuestro pasado?

Cada uno, en su ámbito, tiene una función. Jueces, historiadores, antropólogos… y la propia ciudadanía, que tiene la función del conocimiento, para no colgarse de los tópicos tradicionales. Cuando me preguntabas al comienzo de la entrevista si la Memoria Histórica abría heridas, respondí rotundamente no, porque lo que se da a conocer no es una leyenda, es una realidad y la realidad no abre heridas. El problema es que durante demasiadas décadas nos hemos basado en el silencio de una buena parte de la población.

Borja González Andrés es estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), diploma en Periodismo Preventivo también por la UCM y colaborador en prácticas en GEA PHOTOWORDS.

Fuente: http://geaphotowords.com/blog/?p=13339

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=145846