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Supervivientes de la memoria

Información.es, | 19 marzo 2012

Los alicantinos Antonio Ballesta y Francisco Aura, viejos presos de Mauthausen, participan en un documental en el que defienden buscar a desaparecidos en guerras

 

Historia viva. De Albatera y de Alcoy, Antonio Ballesta y Francisco Aura, respectivamente, son dos supervivientes del campo de exterminio nazi Mauthausen que cuentan su historia en un documental elaborado por la Fundación General de la UA en el que defienden la necesidad de buscar a todos los desaparecidos en conflictos bélicos.

Dos supervivientes españoles del campo de concentración de Mauthausen consideran necesaria la localización de desaparecidos y fallecidos en conflictos bélicos para “cerrar heridas” y, aunque han tratado de “olvidar” para retomar sus vidas, piden que estos episodios atroces no mueran en la memoria de la sociedad. Solo así las familias podrán “descansar”.

Es la opinión de dos alicantinos, Antonio Ballesta, de Albatera y de 101 años, y Francisco Aura, alcoyano de 94, quienes han dado su testimonio de vida y horror en el documental “Estación de peaje”, elaborado por la Fundación General de la Universidad de Alicante, bajo la dirección histórica del catedrático Josep Miquel Santacreu.

Ballesta recibe a EFE en su casa, una modesta vivienda de la capital alicantina, y, entre fotografía y fotografía, comenta algunos aspectos de aquel horror, como la falta de alimentos.

“Los mendrugos de pan que ellos -los nazis- tiraban, para nosotros eran un banquete”, rememora. Aunque intenta decir más cosas de las que su salud le deja, recuerda que perdió a Raúl, su mejor amigo, mientras su hermana, con la que vive, relata que “Antonio subía aquella escalera famosa de Mauthausen casi desnudo y cargando sobre su espalda ladrillos”.

Mientras habla, de forma pausada y áspera, enseña las cartas que enviaba a su familia y algunos carnés identificativos de aquellos años “cuando yo -dice entre risas- tenía el pelo negro”. “Yo pensaba que las cartas las tiraban al retrete, pero llegaron”, afirma aún sorprendido.

El documental, cuyo título responde a la traducción en español de Mauthausen, plasma con entrevistas e imágenes “la supervivencia” de estos dos antiguos combatientes del Ejército republicano que, tras huir a Francia finalizado el conflicto bélico español, fueron apresados por las tropas nazis.

En declaraciones a Efe, Santacreu explica que, a pesar de que más de 500 valencianos estuvieron presos en Mauthausen -de los que alrededor de 200 lograron sobrevivir-, “muy pocos de estos últimos han querido rememorar ante una cámara lo que padecieron”.

La mayoría de los supervivientes “aún tiene miedo de narrar lo ocurrido”, pero Ballesta y Aura son “partidarios de hablar, pues para ellos supone una liberación”.

Ambos presentan problemas de salud, pero “tienen lucidez mental”, lo que les permite “recordar y comentar”. “Son dos supervivientes natos”, añade el catedrático.

“Mientras los entrevistaba me preguntaba constantemente cómo pueden pasar esas cosas, cómo el ser humano puede llegar a esos niveles de degradar al prójimo, pero también de cómo una persona es capaz de sobrevivir”, señala Santacreu.

Además del testimonio de estos dos alicantinos, que permanecieron en Mauthausen entre 1941 y 1945, los realizadores viajaron hasta el campo de concentración para rodar imágenes y entrevistaron a jóvenes alemanes, italianos y españoles que visitan con sus colegios estas históricas instalaciones del horror.

A pesar de que ambos combatieron con el ejército republicano y sufrieron las condiciones de Mauthausen, Ballesta y Aura no se conocen.

Salieron de España por lugares distintos y los franceses los recogieron en campos de exiliados. Sin embargo, al cabo de un tiempo les comunicaron que no podían seguir allí, que “si querían podían enrolarse en la Legión francesa, formar parte de los batallones de trabajadores de la línea Maginot -fortificación defensiva gala en la frontera con Alemania- o buscar trabajo”.

Ballesta, que decidió por lo segundo, fue apresado por los alemanes cuando éstos invadieron Francia. En el campo de concentración, vio “caer a muchos”, sufrió severos castigos, algunos “por el simple hecho de no saber decir bien su número en alemán”, y siempre intentó situarse en medio de los pelotones de trabajo para evitar los golpes de los alemanes.

Las familias de estos dos alicantinos guardan la correspondencia que éstos les remitían desde Mauthausen, lo que les permitía conocer que aún seguían vivos y dónde estaban.

http://www.diarioinformacion.com/alcoy/2012/03/19/supervivientes-memoria/1235398.html