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Asturias: La movilización que hizo vacilar a Franco

Lne.es, | 13 abril 2012

La reedición de «Las huelgas de 1962 en Asturias» pone el foco sobre la gran protesta que arrancó en las Cuencas hace medio siglo

 

Gijón, J. L. ARGÜELLES

«Hay una luz en Asturias / que alumbra España entera, / y es que se ha levantado / toda la cuenca minera», cantaba Chicho Ferlosio donde podía, lejos siempre de la autoridad competente, mientras Picasso dibujaba una lámpara minera ya ecuménica y los estudiantes barceloneses eran detenidos por entonar «Asturias, Patria Querida», una canción hasta entonces sólo de borrachos. La reedición de «Las huelgas de 1962 en Asturias», publicado por Trea hace una década, y la celebración del medio siglo de aquella primera gran movilización social (hubo más de 300.000 huelguistas en toda España, con paros en 28 provincias) ha vuelto a poner el foco sobre una protesta que fue, entre otras cosas, un serio aviso para el franquismo.

«Aquellas huelgas fueron más que un conflicto e hicieron vacilar al régimen, además de suponer una bisagra entre dos épocas», afirmó ayer Rubén Vega, coordinador de «Las huelgas de 1962 en Asturias». «Aquella dictadura intransigente cedió por primera vez; el ministro (José) Solís tuvo que venir a Asturias a negociar con los mineros en huelga, no con el Sindicato Vertical, algo que no había pasado nunca», añadió el historiador y profesor de la Universidad de Oviedo. Esta reedición de un libro que estaba ya agotado se presentó ayer en el Ateneo Obrero de Gijón, donde también intervinieron el director de Trea, Álvaro Díaz Huici, además de los presidentes de la Fundación Juan Muñiz Zapico, Francisco Prado Alberdi, y de la centenaria institución ateneísta, Luis Pascual.

Las huelgas de 1962, cuyos ecos se prolongaron en años posteriores como consecuencia de la represión desatada por el franquismo, se iniciaron en el pozo Nicolasa, en Mieres, un 7 de abril de hace medio siglo. La sanción a siete picadores provocó una ola de solidaridad, primero entre los mineros de la instalación de Ablaña, entonces propiedad de Fábrica de Mieres, y posteriormente de toda la minería asturiana. Una protesta a la que se fueron sumando, en distintos momentos, otros trabajadores y estudiantes de distintas provincias españolas. Una mera reivindicación laboral se convirtió de pronto, para pasmo de los jerarcas del franquismo, en una reivindicación a favor de las libertades políticas y sindicales que el sistema negaba con ferocidad desde el final de la Guerra Civil.

Vega destacó ayer el amplio eco internacional que tuvo la protesta en un momento en el que Franco trataba de llegar a acuerdos con el Mercado Común. También la solidaridad que desató entre intelectuales (Ramón Menéndez Pidal encabezó el famoso manifiesto de solidaridad con los mineros asturianos) y una parte de la propia Iglesia católica. «Fue una movilización política por muchas razones», hizo resaltar Vega. Éste defendió, además, un concepto de la Historia -plasmado en este libro que firma un amplio número de investigadores- en el que el protagonismo corresponde más a la sociedad que a los personajes relevantes. Puso el ejemplo de la historiografía sobre la transición política española: «Lo que ha habido es un relato que daba ese protagonismo a las élites».

Para Díaz Huici, este libro ha adquirido también «un valor simbólico por la regresión política, social y económica del país». «Hay en sus páginas el ejemplo de una lucha por conquistar posiciones que ahora corren serio peligro de perderse», hizo resaltar el editor. El libro fue resultado de un encargo de la Fundación Juan Muñiz Zapico, de CC OO. A juicio de su presidente, Prado Alberdi, no es muy habitual que se publiquen ahora libros sobre obreros y huelgas. Criticó que Hunosa «haya negado su permiso para colocar una placa conmemorativa en el pozo Nicolasa».

http://www.lne.es/asturias/2012/04/12/movilizacion-hizo-vacilar-franco/1226582.html