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El Fòrum per sa Memòria de Ibiza eleva la cifra de muertos del franquismo

Diariodeibiza.es, | 14 abril 2012

Los testimonios hacen poner en duda el dato ´oficial´ de 69 fusilados por los nacionales

 

ALBERTO FERRER | IBIZA
El Fòrum per sa Memòria presenta el mapa de las ocho fosas comunes de víctimas de ambos bandos

Un año después de recibir el encargo del Govern, el Fòrum per sa Memòria de Ibiza presentó ayer el mapa de las fosas comunes en las Pitiusas, con las ocho ubicaciones en las que milicianos, y sobre todo los nacionales, escondieron a los muertos del bando contrario. Y eso a pesar de que la cifra oficial de muertos del lado perdedor en Ibiza se ha considerado de 69, usando como fuente el Registro Civil, en el que todo se hacía constar, supuestamente. Porque según el historiador Sergio Moreno, a cargo del estudio de las fosas en Ibiza, hay testimonios que contradicen gravemente su fiabilidad.

Moreno rememoró el relato de una viajante suiza, Cecile Elisabeth Houriet, quien relató profusamente en un libro solo disponible en francés y firmado bajo el seudónimo de Cillette Offaire, su estancia de varios meses en la isla en 1936 –hasta que fue expulsada por los vencedores–. Presenció el entierro de Augusto Tarrés, que una señora le explicó que había muerto al colocarse en la línea de tiro de un compañero de partida cuando se les escapó Miquel Torres, vecino de Sant Llorenç, cuando iban a fusilarlo con otra docena de afines a los republicanos en el muro del cementerio de ses Figueretes. La mujer añadió que los franquistas dieron el paseo a otra decena de represaliados la noche anterior y también la víspera de aquella. Pero según el Registro, oficialmente, Tarrés –superviviente junto con su padre, que quedó paralítico, de los fusilamientos del Castell– y un tal Antonio Ribas Romero fueron los únicos fallecidos aquella noche y no constan otros fusilamientos antes de ese 22 de septiembre de 1936.

Por ello, Moreno alberga «serias dudas» de las cifras que hasta ahora se han manejado y cree que pudieron bien ser «muchos más» que los reconocidos hasta ahora. También porque el Registro y el Padrón sólo hacen constar las muertes entre los residentes en la isla. Eso explicaría porque oficialmente el bombardeo italiano de la Marina del 13 de septiembre de 1936 solo causó 13 fallecidos, cuando diversos testimonios hablan de más de cuarenta: «¿Qué pasó con los 8.000 milicianos que había entonces en la ciudad?», Moreno cree plausible que cayera alguno de ellos.

En cuanto a dónde se escondieron los fallecidos de uno y otro bando, el historiador se refirió, por orden cronológico, a la fosa del Cementeri Vell que el juzgado de instrucción municipal ordenó abrir ante la capilla y que fue objeto de homenaje por el bando nacional. Sobre la fosa se instaló el monumento funerario que aún existe. Esta acogió hasta 1941 los restos de los 94 fusilados por los milicianos en el Castillo antes de salir apresuradamente de la isla tras el bombardeo que anunciaba la inminente invasión de las fuerzas franquistas. De ellos se sabe prácticamente todo, porque el Ayuntamiento remitió a Palma un detallado informe de lo sucedido con nombres y apellidos de los caídos durante la «ocupación roja». Ese año se trasladaron los restos de los fusilados a la catedral, donde siguen hoy día en una fosa común que se ha respetado a pesar de las reformas que ha sufrido el templo.

Con todo, Moreno apuntó que en las diversas actuaciones en el Cementeri Vell se han hallado restos óseos, según testimonios, debido a que los milicianos echaron granadas de mano a los calabozos, por lo que «algunos cuerpos quedaron muy despedazados».

En cuanto a los represaliados por los nacionales, el historiador los agrupó en dos periodos, que en total abarcan casi dos años. El más intenso fue el primero, que va de la llegada de los franquistas, el 20 de septiembre del 36, y hasta mediados de 1937, con una intensa purga de viajes constantes al cementerio, en cuya tapia de entrada fueron acribillados por decenas los republicanos. En el segundo, los viajes ya no eran en grupo, sino que se trata más de un goteo de víctimas, también con el mismo destino.

Los cuerpos se llevaron al pequeño terreno del cementerio no católico, de suelo no consagrado, reservado a suicidas y adúlteras, por ejemplo. Para los republicanos se fueron abriendo pequeñas fosas ad hoc, hasta que el enterrador, que llevaba hasta allí los cuerpos con una carretilla por un sendero lateral y hasta una puerta independiente, ahora emparedada, decidió que ya no quedaba sitio y empezó a enterrarlos en un lugar al que pensaba que nunca se le daría otro uso: el pasillo de entrada al camposanto, flanqueado por panteones familiares. Allí estaba el padre del ceramista Gabrielet, por ejemplo, secretario del Ayuntamiento de Santa Eulària, cuya familia recuperó el cuerpo tras convencer al enterrador.

A esta represión sistemática hay que añadir los muertos en otras ubicaciones, cuyo paradero se desconoce, como el de dos fusilados en Sant Llorenç, además de varios desaparecidos en Sant Antoni, Santa Eulària y también en Sant Joan.

En el caso de Formentera, a la ubicación de cuatro fosas ya conocidas, en las que se enterró a 12 represaliados, Santiago Colomar añadió la reservada a los 58 fallecidos «literalmente de hambre» en es Campament entre 1941 y 1942, que están «perfectamente documentados con nombres y apellidos» gracias al Padrón de 1940, en el que los 444 presos fueron inscritos. De todos modos, Colomar apuntó a que puede que hubiera más que los 1.500 republicanos, principalmente extremeños, que constan oficialmente. La duda la abre el director de la Colonia Penitenciaria, Ángel Llorente, que informa en una circular a sus superiores de que el centro alberga a «900 reos y se esperan mil más».

La fosa en la que se les inhumó, –y Colomar señaló que fueron de los primeros inquilinos del nuevo cementerio, abierto en 1940– se halla tras la primera hilera de sepulturas abiertas en el suelo del camposanto y se presume que estará intacta desde entonces.

Por la «falta de interés» del Consell, según el presidente del Fórum, Luís Ruiz, el acto se celebró en la sede de los sindicatos en Vila, ya que la máxima institución les negó el uso de S´Alamera (ayer mismo se les informó de que el espacio no estaría libre ni ayer ni hoy, aniversario de la II República). En él se rindió homenaje también al investigador y periodista Xicu Lluy, recientemente fallecido, quien «tenía la habilidad de hacer preguntas incómodas, como qué hacían dos ibicencos y cinco formenterenses en los hornos de Mauthausen», según destacó el historiador Artur Parrón.

http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2012/04/14/forum-eleva-cifra-muertos-franquismo/548939.html