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La Academia de la confusión

Juliá Casanova. El País, 05-05-2012 | 7 mayo 2012

La Academia de la Historia lleva camino de convertirse en un cadáver al que muy pocos van a respetar

 

JULIÁN CASANOVA, 5 MAY 2012

La Academia de la Historia lleva camino de convertirse en un cadáver al que muy pocos van a respetar. Tras la polvareda levantada por el Diccionario biográfico español, se encargó a una comisión que lo revisara. Y ahora se sabe que esa comisión ha propuesto, entre otras cosas, “la redacción complementaria de diez entradas”. Eso quiere decir que el Diccionario mantendrá, por ejemplo, la biografía de Francisco Franco firmada por Luis Suárez, pero aparecerá en una adenda una versión diferente sobre el personaje elaborada por otro historiador. Es la mejor forma de decirle a la gente: hay tantas historias como historiadores. O de una forma más cruda: el oficio del historiador es poco fiable, porque todo depende del prisma con que se mira al pasado.

Al historiador se le debe supone ingenio y talento literario, capacidad para recopilar de forma exhaustiva los hechos, pero, sobre todo, conocimiento de las fuentes y de los métodos críticos para su evaluación. Si los historiadores que elaboraron esas biografías cumplieron con ese requisito, no habría ninguna razón para alterarlas. Cuando se ha decidido hacerlo, es porque muchas cosas fallaron en el plan y ejecución de esa magna obra.

El Diccionario biográfico contó con un apoyo institucional muy notable y se supone que estaba diseñado para convertirse en una obra de referencia, demostración de los avances de la investigación y de la enseñanza de la historia. Ocurrió, por el contrario, que algunos colaboradores no ejercieron de historiadores, sino de abogados y propagandistas. Y en vez de reconocerlo, la Academia, para proteger también a algunos de su insignes miembros, tomó el camino de la confusión y de la falta de trasparencia.

Llegados a este punto, sería mejor abandonar esa empresa de revisión. Que el Diccionario, en el que se invirtieron muchos esfuerzos y dinero, se quede así, con colaboradores que hicieron muy bien su trabajo y con otros que todo lo que aportaron fue una versión deformada y mutilada de la historia y de sus métodos críticos más elementales. Dejemos que la Academia de la Historia siga moviéndose en el reino de las elites, de aquellos que toman decisiones al margen de la lógica evolución de los métodos, enfoques y debates históricos. Una institución con esas señas de identidad pudo tener pasado, pero no tiene presente ni futuro.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/05/actualidad/1336239754_949707.html