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CT o la Cultura de la Transición

Kiko Amat, | 19 junio 2012

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Ed. Debolsillo

El libro más importante que van a leer este año es éste. A efectos prácticos, quizás se convierta también en el libro más útil que han leído en los últimos treinta años, pues explica de forma retroactiva todo lo que ha sucedido en este país hasta hoy. Es decir, explica el hoy: cómo estamos donde estamos, en este país pobre y bobo y de derechas donde reina la desigualdad y la mendacidad y el caciquismo y la gilipollez más supina.

Les voy a contar de qué habla, y voy a hacerlo con las palabras de Guillem Martínez y Amador Fernández-Savater, dos de los trabajadores culturales y periodistas que han acuñado y definido el término (CT). Un término que cambia radicalmente, a todos los efectos, la dialéctica política y cultural de nuestro país. A partir de ahora, todo debe analizarse en el contexto de la Cultura de la Transición (CT) y su pertenencia a ella (o su marginalidad, impuesta por la misma).

Nos lo cuentan así: la CT es el paradigma cultural hegemónico de las últimas tres décadas en este país. Se trata del proceso mediante el cual las izquierdas de la transición optaron por la “desactivación” de la cultura (“ese campo de batalla pasó a ser un jardín”, como afirma GM) y –no se lo pierdan- en otorgar el papel de formular la realidad y sus límites al Estado. La CT nace con las derrotas de los movimientos radicales de los 70 (contracultura, movimiento obrero autónomo, anarquistas libertarios, etc.) y se consolida en 1977 con los pactos de la Moncloa (los pactos oficiales del franquismo con la oposición que terminaron efectivamente con “la izquierda del interior” en los últimos años del régimen). El resultado de todo ello es que desde 1981 no se dispone de ninguna lectura de la realidad que no sea la facilitada por el Estado. Tanto GM como AFS subrayan ejemplos tan obvios de esa situación como el23Fy, muy especialmente, el 11M del 2004, con los atentados de Atocha. Esa aberración en particular explica a la perfección la “extraña y asombrosa” Cultura de la Transición, una cultura –como arguye GM- única en el mundo. En otros lugares del planeta, la prensa está educada para contradecir al Estado: es su función más básica. Incluso países con gobiernos que dejan mucho que desear (Estados Unidos, o el Reino Unido) conservan sólidos espacios de prensa libre que aún utiliza el método periodístico clásico (observación de la realidad + control del poder). En la España del 11M, sin embargo, los medios españoles mantuvieron la (ficticia) versión gubernamental de los hechos (“Es la ETA”) durante cuatro días enteros (¡cuatro!), cuando hacía más de tres que se había hecho pública (gracias a los corresponsales extranjeros) la verdadera autoría de la masacre. De hecho, el presidente llegó a llamar personalmente a varios directores de diario para “intensificar la propia tesis frente a los atentados”. Esto es algo inconcebible en cualquier otro país (que no sea Corea del Norte, como aduce GM). En la Gran Bretaña tienen a Cameron, pero también The Guardian, un periódico de enorme tirada y que es irreductible en su independencia y mosca-cojonerismo anti-gubernamental. En España estamos con el culo al aire, y sepan que la cultura no va a defendernos.

En efecto, el rasgo primordial de la CT es que está completamente alineada con el poder. Su labor consiste en desactivar la cultura de elementos problemáticos, crear estabilidad política y cohesión social (que todo el mundo piense lo mismo). Fabricar consenso, en resumen. Es una cultura vertical, modulada de arriba hacia abajo, una cultura circunscrita y altamente jerárquica. Según GM: “La cultura no se mete en política –salvo para darle la razón al Estado- y el Estado no se mete en cultura –salvo para subvencionarla, premiarla o darle honores”. En la CT desaparecen los productos culturales “problemáticos”, la CT decide qué es cultura y qué no, y (fundamental) establece los marcos de discusión, lo que AFS define como “los límites de lo posible”. Como muy bien explica el libro, “el sistema de partidos y el mercado no son ni pueden ser objeto de discusión (…) Se puede hablar sobre nacionalismo, la lengua o el laicismo, pero no sobre la precariedad, los desahucios y las hipotecas”. Podemos discutir, sin duda, pero solo de temas aprobados y desactivados previamente por el Estado (y el mecanismo CT que actúa como su mamporrero). Esto convierte a la cultura en una gigantesca máquina propagandística del Estado, una cultura sin crítica alguna hacia el sistema, salpicada de falsas controversias y rebeldes de porexpán. Es la cultura de El País, Almodovar, los suplementos culturales y los debates matutinos, “la culpa es de la ETA”, Pep Guardiola y Rafael Nadal, y los no-debates estériles que se suceden con pasmosa regularidad en los foros de opinión y en las voces de los columnistas a sueldo. Una cultura paupérrima, servil, elitista y repugnante. Y muy de derechas.

Este libro les aclarará todo eso, y lo hará de una forma tan precisa e ilustrada que van a entenderlo todo de golpe. Todo. La existencia de algo como Babelia y el éxito de la Movida, Marías y Cercas, Ramoncín y Loquillo y Alaska, las películas sobre la Guerra Civil, el papel de la SGAE, la “libertad sin ira” y la ausencia de crítica literaria, y la porquería de pop y cine y literatura mainstream que nos ha tocado sufrir. También, para que no se nos depriman, muestra el libro las primeras fracturas en la CT (15M, el “No a la guerra” del 2003, la oposición a la ley Sinde…) y traza un posible escenario futuro, en todas sus disciplinas y entornos (internet, prensa, música, incluso en el humor). Todo ello lo van a encontrar en esta espléndida selección de textos (además de GM y AFS están Isidro López, Víctor Lenore y muchos otros), y por cinco ridículos euros. Ya no tienen excusa para evitar comprender lo que está sucediendo. Kiko Amat

http://www.kikoamat.com/web/2012/06/libro-del-mes-junio-2012-vv-aa-ct-o-la-cultura-de-la-transicion/