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El contubernio de Munich

La Vanguardia, 05/06/2012 | 5 junio 2012

El 5 y 6 de junio de 1962 la ciudad bávara acogió una reunión de 118 políticos españoles de casi todas las organizaciones de oposición al franquismo

 

El régimen recibió la noticia con asombro y la calificó de traición

La primavera española de 1962 fue particularmente conflictiva. El 7 de abril, el pozo Nicolasa de Mieres se declaró en huelga. En días sucesivos, el resto de minas asturianas se fueron sumando al paro. La huelga duró casi dos meses,  participaron cerca de ciento cincuenta mil mineros y finalizó con la subida de los salarios –también del precio de la tonelada de carbón, que beneficiaba a los empresarios-. A lo largo de la primera quincena del mes de mayo, la huelga se fue extendiendo a otros sectores industriales y a diferentes provincias. El régimen decretó el estado de excepción para Asturias, Vizcaya y Guipúzcoa el 4 de mayo. Y ocho días después, el 12, la totalidad de la prensa nacional publicó una nota de Cifra de inserción obligatoria en la que se minimizaba el conflicto minero y se ensalzaban las virtudes de Asturias.

Con aquella nota recién impresa viajaron a Atenas, con motivo de la celebración del enlace entre el príncipe Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, unos cientos de españoles, en su mayoría bien situados bajo el franquismo, poco significados políticamente pero vagamente monárquicos. Entre aquellos cientos de españoles, había unas decenas realmente implicados en la vida política. Algunos de ellos, claramente opositores al franquismo desde el interior o aledaños del régimen, como Joaquín Satrústegui, Jaime Miralles, Vicente Piniés o Jaime García de Vinuesa, participaron un mes más tarde en la reunión de Munich. Sin duda, en las recepciones y en las tabernas griegas, se conspiró contra el franquismo y se discutieron las propuestas que llevaría la oposición interior al congreso europeo.

El 5 y el 6 de junio, en el marco del IV Congreso del Movimiento Europeo, se celebró el reencuentro, por primera vez desde el final de la Guerra Civil española, entre la oposición interna al franquismo, todos habían militado en el bando vencedor en 1939, y los vencidos del exilio. Del centenar largo de participantes, cerca de ochenta representantes lo hicieron desde España, el resto lo formaban exiliados de casi todas las tendencias, particularmente socialistas y republicanos. Los comunistas fueron vetados, condición indispensable para la viabilidad de la reunión. Salvador de Madariaga lo dijo claramente ante la asamblea “Aquí estamos todos menos los totalitarios de ambos bandos”. Pero en los pasillos del hotel Regine fueron vistos Tomás García del PCE y Francesc Vicens del PSUC; su actividad entre bambalinas seguramente no fue poca.

El gran impulsor de la reunión de Munich fue Salvador de Madariaga, debido a su estrecha relación con los dirigentes del movimiento europeo Maurice Faure y Robert Van Schendel. Junto a él destacaron José María Gil-Robles –antiguo líder de la CEDA-, Joaquín Satrústegui -monárquico liberal- y Dionisio Ridruejo – antiguo falangista y uno de los primeros críticos con el franquismo-. Aunque el principal organizador del evento, poco reconocido por la historia, fue Enric Adroher Gironella, de la sección catalana de la Asociación Española de Cooperación Europea (AECE).

La reunión pretendía iniciar un debate sobre el ingreso de España en la Comunidad Europea, sobre todo después de la nota de la Oficina de Información Diplomática del gobierno franquista, del  9 de febrero, en la que se informaba de la solicitud de negociaciones “en orden a una posible integración” en la comunidad europea. Las conclusiones de los opositores  fueron claras: España no podía pertenecer a la Comunidad Europea en tanto no tuviese un régimen democrático. Además, las instituciones europeas debían presionar  para debilitar la dictadura de Franco.

La resolución conjunta de la oposición española fue leída en el Congreso del Movimiento Europeo, pero no fue incorporada en las resoluciones finales. Y es que el poder de la diplomacia franquista era innegable. Tampoco la repercusión en la prensa europea fue notable, sólo Le Monde le dedicó una crónica significativa, que además fue utilizada por el gobierno español como pieza  acusadora contra los participantes.

Munich pasaría a la historia como el primer paso de las complicidades entre la oposición interior y exterior; una primera cita para coordinarse mejor en el futuro, pero las consecuencias políticas del encuentro fueron a corto plazo insignificantes. Solo la desmedida respuesta del régimen, sorprendido y encolerizado, le otorgó protagonismo durante el verano del 62. El diario falangista Arriba calificó la reunión de sucio contubernio contra España. El nombre tendría recorrido. El resto de la prensa, con mayor o menor entusiasmo, se adhirió a las descalificaciones. Las manifestaciones de apoyo al régimen inundaron pueblos y ciudades.

Los ochenta opositores del interior, que ya habían afrontado importantes dificultades para desplazarse a Munich, tomaron diferentes caminos al ver la virulencia de las reacciones  desatadas contra ellos. El 9 de junio se publicaba un decreto-ley suspendiendo durante dos años el artículo 14 del Fuero de los Españoles, relativo a la libertad de residencia. Gil-Robles fue detenido en el aeropuerto de Barajas y pocos días más tarde obligado a exiliarse en París. Además, tuvo que dimitir del Consejo Privado de Juan de Borbón, al ser desautorizado por éste. Satrústegui, Miralles, Álvarez de Miranda, Antoni de Senillosa o Íñigo Cavero, entre otros, fueron desterrados a diferentes islas de Canarias. Algunos, precavidos, se quedaron una temporada en el extranjero; el resto, sufrieron molestias y acoso durante largo tiempo.

El 10 de julio, el general Franco realizó el reajuste ministerial más importante desde 1957, con la intención de negociar con la CEE. Se creó la vicepresidencia del gobierno, encomendada a Agustín Muñoz Grandes y Manuel Fraga Iribarne fue nombrado nuevo ministro de Información y Turismo, sustituyendo a Gabriel Arias-Salgado, que pagó los platos rotos de Munich. Aprovechando la presentación del nuevo Gobierno en las Cortes, el ministro de la Gobernación dio la versión oficial sobre la reunión de la oposición y las medidas tomadas por el Ejecutivo. Las huecas explicaciones no podían ocultar los nervios del régimen ante la reunión de monárquicos, republicanos, liberales y socialistas para pedir la democracia en España. La dictadura franquista sabía que la vía de Munich podía destruir sus cimientos. Como hace poco señaló el historiador Paul Preston, en el contubernio se encuentra el origen de esa tercera España que llevó a cabo la Transición.

http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20120605/54303390132/el-contubernio-de-munich.html