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“Tiempo del escritor Marín Sancho 1899-1936”

La Librería de Cazarabet, | 4 junio 2012

De Manuel Pérez Lizano

 

128 páginas          13,5 x 20 cms.. 12,00 euros. Aladrada

 

La lucidez y la creatividad de un aragonés y de una época. Un libro recupera la figura de Manuel Marín Sancho, asesinado en 1936

El zaragozano Manuel Marín Sancho (1899-1936), fue escritor, periodista, archivero, profesor, investigador y divulgador. Doctor en Filosofía y Letras, fundador y director de periódicos y revistas (como Aragón, del Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón), colaborador en otras publicaciones (El Noticiero, La Voz de Aragón…), primer presidente del Centro Natación Helios, esperantista, amigo de los principales artistas aragoneses de la época y divulgador de su obra, entre otras muchas facetas. Aragonesista y republicano de talante abierto e integrador, su condición de masón le llevó a la muerte en su ciudad natal durante la Guerra Civil.

Este libro hace justicia a uno de los aragoneses más lúcidos del primer tercio del siglo XX. Marín Sancho desplegó a lo largo de su corta vida (truncada trágicamente en 1936) una intensa actividad cultural y cívica. El amor por el arte y por la creatividad, la inquietud por el progreso, el compromiso social y político… jalonan una trayectoria que, a su vez, es testimonio de una época de esperanzas, del Aragón culto y tolerante, que quedó arrancado de cuajo con el estallido de la Guerra Civil.

El autor de la biografía, Manuel Pérez-Lizano, es crítico de arte, comisario de exposiciones e historiador de las tendencias artísticas y de las vanguardias en Aragón. Ha mostrado su trabajo en multitud de publicaciones y catálogos de exposición. Su texto se basa en una minuciosa investigación sobre archivos, prensa, testimonios orales y documentación de la familia de Manuel Marín Sancho, enmarcado todo ello dentro de una contextualización histórica en las primeras décadas del siglo XX.

 

MEMORIA DE MANUEL MARÍN SANCHO

por Antón Castro

La historia de Iñigo Manuel Marín Sancho (1899-1936) resulta conmovedora. Su primogénita María Luisa, nacida en 1927, dice: “Su muerte fue una canallada. Sigo queriendo a mi padre con locura. Nos llevaba a todas partes: al boxeo al Monumental, al teatro, yo conocí muy bien el mundo de las tablas entre bastidores. A veces nos contaba cuentos, y nos traía juguetes, incluso pupitres plegables”. Su hijo Basilio, que conserva muchos de los cuadros y esculturas que le regalaron los más importantes artistas aragoneses de la preguerra a su progenitor, revela: “Yo tengo recuerdos más bien difusos. En 1933, nos trasladamos a Barcelona porque mi padre empezó a dar clases en el Instituto Salmerón. Recuerdo que era un apasionado de la música clásica: tocaba la viola y solíamos ir con mi madre a los conciertos que daba con la orquesta sinfónica. Vivimos allí hasta 1936, en que fue fusilado. Nosotros, mi madre, mi tía Vicenta, mis hermanas María Luisa y Teresa y yo regresamos a Zaragoza a principios de julio, y mi padre lo hizo en vísperas de la Guerra Civil”. Tras el estallido de la contienda, Manuel Marín Sancho, que pertenecía a la logia Constancia 16, no tardó en ser detenido. Lo soltaron a los pocos días, aunque debía pasar prácticamente a diario “por las dos checas que había en el Coso, una era de requetés y otra de la Falange. A finales de septiembre, lo encerraron en Torrero y finalmente, la noche del uno de diciembre fue fusilado por su condición de masón. Mi padre era republicano, creía que la forma ideal de gobierno era la República, pero tampoco era un hombre que se hubiera significado de manera radical”. José Antonio Ferrer Benimelli en su libro “La masonería en Aragón” narra la detención y la ejecución de Manuel Marín Sancho, que era periodista, dramaturgo, crítico de arte y de literatura, archivero, paleógrafo. Las razones de la muerte eran tan precisas como falsas: “Fractura de cráneo y hemorragia interna”. Con él, en aquellos meses, fueron abatidos, entre otros muchos, los médicos Moisés y José Miguel Alcrudo, Andrés Cobo San Emeterio, el arquitecto Francisco Albiñana.

Los dos hermanos aseguran que se “enteraron de todo”. María Luisa recuerda que le escribían y le mandaban dibujos de casitas a la cárcel, “algunas eran copiadas. El dibujo se me daba muy bien”. La familia entonces no tenía casa propia; vivía en un gran caserón de la plaza de Sas que era de la tía María, hermana del periodista, y del tío Gregorio, un agricultor con muchas tierras. “Ambos fueron nuestros padrinos. Mi madre se quedó con una exigua pensión por la condición d e mi padre de archivero del Ayuntamiento de Zaragoza, donde trabajó con Manuel Abizanda Broto. Y nada fue fácil. La casa tenía más de veinte habitaciones. Salimos adelante gracias a mis padrinos”.

Basilio inicia un auténtico viaje en el tiempo. Su padre nació en Zaragoza en 1899, en el seno de una familia de clase media que se dedicaba a la construcción de instrumentos musicales: guitarras, laúdes, bandurrias; el artesano le regaló una guitarra a Alfonso XIII, que lo recibió en palacio, y además presentó magníficas piezas en uno de los pabellones de la Exposición Hispano-Francesa. Manuel Marín Sancho era el menor de cinco hermanos. Siempre sintió inquietudes intelectuales y con el paso de los años, tras licenciarse en Filosofía y Letras y haber estado episódicamente en la guerra de África, “mi padre veía fatal, y en cuanto se dieron cuenta lo devolvieron a España”, entró a trabajar en “El Noticiero”, que dirigía José María Sánchez Ventura, se vincularía con el Centro Naturista Helios, llegó a ser su segundo presidente, y desplegó una actividad increíble: fue director de revistas como “Aragón” del SIPA, en 1929 coordinó un número donde publicó a los más importantes artistas plásticos, todos los números de “Amanecer” y varios de “Relieves”, e incluso llegó a fundar el efímero diario “Independencia”.

Uno de sus amigos de entonces era el periodista y escritor Andrés Ruiz Castillo, que lo definió como “una auténtica revolución que llegó a fundar Prensa Ebro, una agencia de publicidad”. “Mi padre poseía un gran sentido del humor, siempre sonreía. Era alegre y confiado”. Redactó algunas piezas teatrales, entre ellas “El tapiz” (1928), basado en las pinturas de Goya, y sobre todo escribió el libreto de la ópera “Igual que hermanicos. Estampas aragonesas. Zarzuela en tres actos”, que se estrenó el cuatro de enero de 1934 en el Teatro Principal con música de Luis Aula, que también dirigió la Orquesta Sinfónica de Zaragoza. El crítico Pablo Cistué de Castro dijo que “Manuel Sancho Marín ha hecho un libro de zarzuela tan documentado y de tal honradez que se aleja del tipo a que la generalidad de los libretistas nos han acostumbrado”. Decía que la obra aborda “los amores de dos mozos a una misma moza”, y elogiaba al tenor Faustino Arregui, a la actriz y cantante Sélica Pérez Carpio y al “formidable actor cómico” Eduardo Marcén.

En casa de Basilio Marín Ferrer hay obras de Honorio García Condoy, de Ansuátegui, de Bayo Marín, grandes amigos del periodista y escritor fusilado. Hace poco, el profesor madrileño Francisco Galera le mandó el expediente de su padre, y en medio había una copia que ha activado la memoria y el dolor: el Jefe Superior de Policía de Zaragoza mandó una carta a la cárcel de Torrero para que soltasen al meteorólogo Odón San Emeterio y a Manuel Marín Sancho. La carta estaba firmada el 30 de noviembre, pero no llegó a su destino. Esa misma noche ambos, con otros muchos, fueron ejecutados.

 

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