Agenda
Artículos y Documentos
Federación Foros por la Memoria
Noticias
Videos de Memoria Histórica
Home » Artículos y Documentos

“En España también hubo un holocausto. Los judíos no tienen el monopolio de esa palabra”

Revista Vanity Fair, 26 de julio de 2012 | 27 julio 2012

Entrevista a Paul Preston

 

 

El historiador está promocioando su libro sobre el holocausto

“Me han llamado neonazi por escribir este libro”, confiesa Paul

“Queipo de Llano era un monstruo y el coronel Vallejo-Nágera organizó experimentos con las presas para ver cómo extirpar el gen rojo”.

 

Por ANDRÉS GUERRA |

 

Paul Preston (Liverpool, 1946) no es un hombre simpático. Posiblemente, tampoco le hace falta. En su currículo figuran los títulos de doctor en Historia por la Universidad de Oxford, catedrático de Historia Contemporánea Española y director del Centro Cañada Blanch para el Estudio de la España Contemporánea en la London School of Economics británica. Entre los premios que ha recibido, brilla especialmente el Príncipe de Asturias de Historia Contemporánea, compartiendo espacio con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y la Encomienda de la Orden del Mérito Civil. Con Hugh Thomas e Ian Gibson, forma la consabida tríada de hispanistas británicos que tanto incomodan a ciertos sectores poco partidarios de revisar nuestra Historia más reciente. Con todo ello en mi conciencia y sorteando los canales habituales de prensa, me atrevo a abordarlo en un acto promocional. Está firmando ‘El holocausto español’ (Debate) en La Casa del Libro. A pesar del asalto y quizá porque en cuanto aparece un lector con su obra en la mano para que se la firme, me hago a un lado, Mr. Preston acepta atenderme. No obstante, me recordará socarrón varias veces las fórmulas de salvoconducto “seré breve” y “ya para terminar” que utilizaré al principio y al fin de la entrevista.

 

– ¿No teme que le digan que el término holocausto va demasiado lejos?

No hago comparaciones. Uso una palabra que está perfectamente justificada para lo que pasó en España: murieron medio millón de personas. No hay comparación con lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial porque, de hecho, ocurrieron cosas similares en casi todos los países ocupados. Evidentemente no es lo mismo pero yo sostengo es que el holocausto español es el comienzo de un proceso. Implícita en tu pregunta está la idea de que los judíos tienen el monopolio de esta palabra.

– Al menos, la escrita con H mayúscula.

Yo creo que tú lo crees. Pero no es el caso. Se trata de una palabra que en sus orígenes quiere decir sacrificio quemado, pero al llegar al siglo XIV se utiliza en todos los idiomas europeos para significar una gran masacre. Aplicarlo a lo que les sucedió a los judíos empezó hacia los años 50, no durante. Después ha habido una polémica masiva con cientos de libros y miles de artículos sobre si es lícito el monopolio de esa palabra. La gran mayoría de intelectuales judíos creen que es mejor no usar holocausto por sus orígenes y prefieren la hebrea ‘shoah’, que significa calamidad o catástrofe. Y ahora vuelvo a las críticas: he recibido dos, en privado, de dos locos. El primero me llamó neonazi por utilizar esa palabra en el título y el segundo me acusó de poner en cuestión la legitimidad del estado de Israel. Los dos sin leer el libro. Otros me critican diciendo que no se pueden comparar las dos cosas. Pero no lo hago. Escogí una palabra que expresase mi indignación por lo que ocurrió.

– ¿Mataron de formas distintas cada uno de los dos bandos?

Hay dos grandes diferencias. La cuantitativa en primer lugar. Sabemos casi a ciencia cierta que los muertos en la retaguardia republicana fueron unos 50.000, ya que los republicanos trataron de identificar a todos. En el otro lado ha sido mucho más difícil por muchas razones, por ejemplo, porque muchos murieron lejos de sus casas, huyeron de las columnas africanas y desaparecieron sin papeles, por el esfuerzo en los últimos años del franquismo en destrozar documentación y que hay partes de España, sobre todo en Castilla, donde no se ha investigado por falta de apoyo a la búsqueda. Esos datos los han recabado historiadores privados y sin fondos. Aun con todas esas dificultades, tenemos 130.000 nombres. Extrapolándolo a los lugares donde no ha habido investigación o solo ha sido parcial, creo que 150.000 es una estimación conservadora. Puede decirse, por tanto, que a manos de los franquistas murieron tres veces más personas. En segundo lugar, la cualitativa: las matanzas en la zona rebelde están apoyadas por las autoridades, mientras que en la zona republicana fueron en contra de las autoridades. Además, los franquistas tienen un plan previo de exterminio; el único equivalente en el otro lado son ciertos anarquistas que pensaban que para crear un nuevo mundo, había que hacer tabla rasa de todo lo anterior. Pero fue siempre con la oposición de las autoridades republicanas.

– ¿Y respecto a otro tipo de abusos?

En el trato de las mujeres hay una diferencia notable. Había una política deliberada en los rebeldes militares de violaciones masivas. En la parte republicana era al revés, la II República venía de darle a la mujer unos derechos que no había tenido nunca antes. Para las columnas africanas de Franco era parte del pago: al entrar en los pueblos se les daba, según los oficiales, tres horas, seis horas… para hacer lo que quisieran. También había una justificación ideológica, un rechazo a la idea de la liberación de la mujer que trajo la II República y entender que todas las republicanas eran putas. Basta con escuchar las alocuciones radiofónicas de Queipo de Llano diciendo que nuestros legionarios son hombres de verdad y que esas zorras se van a enterar.

– ¿Hay homólogos españoles de los Himmler, Goering y Gobbles alemanes?

El exterminio en España era menos científico. Se podría hacer un paralelismo con cómo estaba de desarrollada la industria española y la alemana. Había gente cruel y enloquecida como Queipo de Llano, que era un monstruo, o el jefe de los servicios psiquiátricos del ejército de Franco, el coronel Antonio Vallejo-Nágera, que organizó experimentos con las presas para ver cómo extirpar el gen rojo. No con cirugía, sino apartando los bebés de las madres y haciendo cosas así. Ese coronel se alimentaba de las teorías eugenésicas alemanas.

– ¿Por qué esas matanzas de eclesiásticos en las zonas republicanas? ¿Tanto era el odio acumulado contra la Iglesia?

Yo creo que sí. Durante mucho tiempo hubo en España una injusticia social tremenda y sobre todo en el sur, donde había un hambre africana. Salvo algunas excepciones el clero lo justificaba diciendo que era decisión de Dios y debía soportarse con resignación. Al justificar la injusticia, para algunos los sacerdotes se convertían en culpables de ella. También hubo elementos criminales que aprovecharon las circunstancias. Cuando desaparecen las barreras del comportamiento civilizado, bien porque se colapsan las estructuras de orden público o porque está alentado por las autoridades, hay instintos criminales que aprovechan la oportunidad y eso sucede en ambos lados. El dolor de las víctimas es igual también en los dos lados. Y todo ello es parte del mismo holocausto.

– ¿A quién va a molestar especialmente su libro?

Yo espero que no moleste a nadie. Como historiador, mi deber es intentar contar lo que pasó. Sí tenía una esperanza, no sé si vana, de que al hacer un estudio cubriendo ambos bandos, quizá pudiera servir como elemento de reconciliación para diluir de alguna forma el resentimiento. Pero hay extremistas, particularmente de ultraderecha, que lo niegan todo. No obstante, hasta ahora ha habido unas 500 críticas y artículos sobre el libro en medios de papel y digitales y, por suerte, el 80% ha sido no solo positivo sino incluso elogioso.  También he recibido mails y comentarios en Facebook agradeciéndome el trabajo.

– ¿Cree que aún hay dos Españas, que aquellas heridas no están curadas?

Vivimos a dos niveles. La gran mayoría de la gente no piensa en la Guerra Civil sino en llegar a fin de mes, alimentar a los suyos y conseguirles una buena educación. Pero leyendo los periódicos, hay según qué cosas que siguen siendo noticia y en cierta medida, se sigue luchando la Guerra Civil en el papel. Durante 40 años de franquismo, con un dominio total de los medios de comunicación del sistema educativo, hubo un lavado de cerebro nacional. Al llegar la democracia, lógicamente, no se hizo un contralavado y existe un franquismo sociológico. De todas formas, no creo que sea correcto decir que hay un país enfrentado, solo que hay quien se ha alimentado con ese lavado de cerebro y los que no.

– Para terminar, ya que tengo delante a uno de los mayores hispanistas de la historia, permítame preguntarle qué opinión le merecen las disculpas del Rey por su cacería en Botsuana.

‘No comment’. Solo le contestaré que soy un gran amante de los elefantes.

http://www.revistavanityfair.es/articulos/entrevista-a-paul-preston/16779#.UBHUld6zvW8.facebook