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Entraron los bárbaros

Alberto Garrido. Cnt-Puerto Real.es, | 19 julio 2012

Cádiz y el 18 de Julio de 1936

 

 

Este artículo lo escribió, un viejo militante de la CNT de Cádiz, que ya nos dejó y se publicó por jóvenes Anarcosindicalistas de la CNT de Cádiz, que éran miembros de un Ateneo Libertario “Ateneo de Estudios Sociales “ Fermín Salvochea” , este maravilloso Ateneo estaba en la calle Botica en un humilde bajo y se hizo con el esfuerzo de muchos trabajadores ansiosos de cultura y de libertad.

Estos recuerdos se publicaron en Julio de 1979 en una revista de la cuál se editaron varios números que se llamaba “Germinal”.

Sirva esto por mi parte cómo recuerdo emocionado a J.L.M militante ejemplar del Movimiento Libertario y que hizo la guerra defendiendo a una República en la cual no creía, pero por responsabilidad luchó por ella y esto le costó……..campos de concentración, cárcel, torturas, exilio, enfermedades y dos condenas a muerte por defender la Libertad y la legalidad Republicana.

p.d. No publico su nombre completo, por que él ya no está y no tengo su permiso y a lo mejor pudiera molestar a los familiares la publicación de estos recuerdos. Los voy a transcribir tal cual lo escribió  no cambiaré nada en absoluto, ni una coma, y si molesta alguien, lo siento, es su verdad y sus recuerdos creo que se lo debemos Que la Tierra te sea leve compañero………

 

 

ENTRARON LOS BÁRBAROS

Cádiz y el 18 de Julio de 1936

 

No podíamos dejar de dedicarles unas líneas a los hechos ocurridos en esta Ciudad en aquellas fechas luctuosas del mes de Julio del 36 que dicho sea de paso.- veníamos denunciando desde hacia tiempo en nuestra prensa Confederal y Libertaria, como en todos los actos públicos, lo que el fascismo y las derechas reaccionarias venían preparando contra la República y el pueblo en General.

Desde el primer momento de la sublevación, los hombres mas representativos de la U.G.T. y de la C.N.T., igualmente de los partidos políticos de izquierda, se personaron en el Gobierno Civil, para entrevistarse con el Gobernador Civil de la provincia, Don Mariano Zapico.

Se le planteó la urgente necesidad a la situación creada por las fuerzas sublevadas, que se les entregaran algunas armas a los hombres mas responsables de las dos Centrales Sindicales, y también a los representantes de los partidos de Izquierda, teniendo en cuenta que, en ese mismo edificio se hallaban las armas intervenidas por la aduana del alijo descubierto en un barco cargado de carbón en este puerto, destinadas a los elementos falangistas y de derechas. El señor Zapico, desgraciadamente para el y para todos, confió más en la palabra de “honor” dada por el General López Pinto que en la de los hombres que en aquellos momentos críticos estaban dispuestos de verdad a defender la República con todas sus consecuencias.

Las buenas y asustadizas palabras del Señor Zapico no convencieron a los allí reunidos que trataron por todos los medios de convencerle de su grave error, error que mas tarde pagaría con su vida y también de las demás personas que desde el primer momento trataron de ayudarle a él y al régimen que en ese momento representaba.

Mas tarde, el Señor Zapico sería fusilado en el Castillo de Santa Catalina en compañía de unos hombres que en todo momento fueron leales a la República: El Teniente Coronel de Carabineros, D. Leoncio Jaso Paz, D. Antonio Yañez, Capitán de la Guardia de Asalto, y el telegrafista de servicio del Gobierno Civil, Parrilla Asensio, socialista y muy querido por todos nosotros y por todos sus amigos y compañeros.

El 18 de Julio de 1.936, sobre las 15 horas, el ejército sale a la calle. Son el Regimiento de Artillería y el de Infantería declarando el estado de Guerra. Mientras unos de los contingentes leían y fijaban los bandos, otros más numeroso, rodearon el Gobierno Civil.

Desde el Paseo de Canalejas, unos y otros por la Plaza de España disparaban contra dicho edificio, obligando al Señor Zapico a entregarse, e igualmente, a todos los que con él se encontraban dentro de dicho edificio.

Todos los paisanos fueron detenidos y conducidos a la prisión provincial y al “Miraflores” barco carbonero que se encontraba fondeado en la bahía. El personal militar, al Castillo de Santa Catalina.

El público que se encontraba en aquellos alrededores en aquellos momentos, silvaron y abuchearon fuertemente al ejercito, mientras seguían los disparos contra el pueblo.

Desde las cinco de la tarde del 18, hasta el medio día del 19, los grupos de trabajadores estuvieron hostigando a las fuerzas sublevadas, ya reforzadas con un Tabó de Regulares, que por la mañana fue desembarcado en el muelle por el “Churruca” ( en el momento de salir a la mar, se uniría a la escuadra leal a la República ), frente a este gran contingente, mas los dos Regimientos de guarnición provistos de fusiles, ametralladoras, cañones y bombas de mano, un puñado de trabajadores y algunos hombres más leales a la República tuvieron el valor de enfrentarse a ellos con unas cuantas pistolas y escasa munición; algunas de estas armas fueron cedidas o quitadas a los guardias de asaltos o municipales.

Defendiendo Correos y Telégrafos, había un grupo de hombres, cuatro guardias de asalto y dos guardias civiles que según ellos se encontraban allí contra su voluntad, en su declaración esa misma mañana, cuando fue tomado el edificio por las fuerzas Africanas. En compañía de estas fuerzas, venía el General Varela, un oficial de la guardia civil, algunos militares más y unos cuantos falangistas no conocidos por nosotros.

Mientras el General Varela y sus acompañantes insultaban a los guardias de asalto, nosotros en el departamento de transmisiones, nos pusimos unos babis de los telegrafistas francos de servicio y con ellos pudimos burlar la vigilancia de los moros y ganar la calle.

Ya en ella marchamos hacia Puerto Chico con dirección al campo del Sur. Igualmente, los compañeros que durante la noche del 18 y la mañana del 19 ocupaban, las azoteas del café de la Marina, la del economato Gades, la de los Gallegos y otras mas de dicha plaza, pudieron salir de ellas saltando de una azotea a otra ganando las casas de la calle Libertad.

El primer muerto de aquella lucha desigual, fué el compañero José Bonat del ramo de la madera, que caería en la acera del café Moderno frente a los puestos de churros de un disparo en la cabeza hecho desde un balcón.

La lucha aislada, de hostigamiento seguiría desde los distintos barrios de la ciudad, principalmente, el barrio de Santa María donde ninguna fuerza se atrevía a entrar. Y a pesar de las amenazas de aplicar la muerte a todos los trabajadores que no se presentaran al trabajo, la huelga general se mantuvo ocho días.

Se establecieron rigurosos controles falangistas en todas las salidas de Cádiz, tanto por mar cómo por tierra. Los soldados de los cuarteles de Santa Elena y San Roque, no dejaban de disparar a las azoteas y calles del barrio desde donde se hostigaba constantemente.

Ya desde los primeros días se estableció en el casino Gaditano el cuartel y checa de los falangistas donde se metía a todos los detenidos y eran sometidos a los mas horrendos tormentos y torturas por un puñado de señoritos crapulosos y degenerados.

En el Aero Club y en el comedor vasco, con domicilio en la calle Ancha era donde se reunian unos cuantos fascistas de baja catadura moral que todo los dias confeccionaban las listas de los hombres que se encontraban detenidos en la prisión o en el barco Miraflores para ser sacados por la noche y asesinarlos, bien en los fosos o en otros sitios de la ciudad, tales como la plaza de Toros, La Puerta de la Caleta, las tapias del Hospicio.

Muchos de estos fusilamientos se hacían en pleno día para aterrorizar a todo el pueblo, y en muchos de ellos, se obligaba a presenciarlos.

Pero lo que jamás podrá olvidar ni perdonar el pueblo de Cádiz, fue aquel grupo de hienas sanguinarias mandadas y dirigidas por el célebre ladrón y estafador profesional PULCELL, bien conocido en los medios policiales y habitual inquilino de la cárcel de Cádiz, a este sujeto se le daría carta blanca para violar los domicilios y sacar de ellos a cientos de trabajadores y antifascistas para asesinarlos en mitad de la calle.

Con este forajido iban una cuadrilla con los mismos instintos perversos que él, sin olvidar los hermanos Guerra Castillo, González, practicante de la fábrica de tabacos Miguel Moya, portuario, que se dedicaba todos los años a colocar los palos del Corpus, Fernando Sánchez operario de la Fábrica de Tabacos, algunos de estos perros son bien conocidos por aquellos compañeros que tuvieron la desgracia de habitar en algunas de las bodegas del Miraflores donde eran insultados todos los días e incluso se les negaba el agua ¿ Quien no recuerda también a Lahera, Quirell, Parodi, Venancio, y aquel tullido y perverso Quintero, fiscal de esta Audiencia ¿. La cobardía de Quintero la demostró también al denunciar como rojo a su propio compañero, también fiscal señor Franco, que viviría aquellos días momentos muy delicados hasta que fue puesto mas tarde en libertad al quedar demostrado, que las acusaciones que se le hicieron por este reptil eran falsas.

El azote de sangre de aquellos primeros meses, sembrarían el miedo y el terror en esta ciudad, donde todos los detenidos y asesinados eran conocidos como honrados trabajadores.

Se cumplirían con creces, las palabras del general Varela: “ En Cádiz, no dejaremos ni un solo republicano ni nadie que huela a izquierda con vida ”.

Los asesinatos sembrarían de luto esta ciudad, entre los cientos de compañeros muertos por la barbarie falangista, sólo nombramos los que en estos momentos recordamos: Clemente Galés, Emilio Cabezuelo, Juan Ríos, Emilio Castilla, José Carrascal, Vicente Ballester, los hermanos Alvarado Quirós, Manuel López ( el Madri ), Antonio Carrero, Cebada, Sergio, Califor nia, José López Pedroza, Antonio Mila Ruiz, José Durante, Fernando Vargas ( El Bombo ), Julio Fernández, Julio Vázquez, Antonio Peña, Rogelio Millán, Paco López, Juan Rueda, José Ruiz, Mejías, José Ramírez, Severiano, ( este compañero dejó nueve hijos ), Melchor, Emilio Castilla y José Arias.

También a otros apreciables amigos de UGT., Socialistas, Comunistas y Republicanos con los cuales nos unía una leal amistad, como fueron, Juan Castillo ( también dejó nueve hijos ),El Lápiz, Peña, Bernardino, Norberto Iglesias, Fernando Péculo, Calvo Cuadrado, Aguado de Miguel, López Giraldez, Barraza, Corripio, Dueña, Barras Artes, Biondi, Azcárate, Moles, Manuel de la Pinta, Camerino, Pinto, Florentino Revuelta, Miranda de Saldí, Juan Moreno. La lista sería interminable cuarenta y tres son para nosotros muchos años, pero todos ellos estarán siempre en nuestros pensamientos.

Hoy desde estas líneas le rendimos un profundo y leal recuerdo a todos ellos y a los demás antifascistas que fueron vilmente asesinados por la hiena fascista, y que supieron morir fieles a sus ideales que siempre deben estar en nuestro pensamiento y en toda la clase trabajadora de esta ciudad.

Nosotros, con toda confianza esperamos que, estas nuevas promociones que hoy militan en las organizaciones obreras, dignifiquen con su conducta y su fidelidad a sus ideales, el recuerdo de todos los compañeros que lucharon y fueron inmolados por una sociedad Libre y Humana.

Nosotros, los Libertarios, que no tenemos que rectificar nada de nuestra limpia y fiel trayectoria bajo la enseña roja y negra de la Libertad, estaremos siempre igual que aquellos compañeros, a darlo todo cuando de defender a la clase trabajadora en sus justas y legítimas reivindicaciones se trate.

¡ Compañeros! No olvidemos ni un solo momento, que, nuestra emancipación y nuestra verdadera y autentica Libertad dependerá siempre de nuestra propia lucha.

RECUERDO A TODOS LOS COMPAÑEROS QUE NOS DEJARON PARA SIEMPRE.

J.L.M.

ANDRES GARRIDO CEREN

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