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“Las Trece Rosas”

Antonio Ortiz Mateos. Historia con Memoria, | 31 julio 2012

El 5 de agosto de 1939, trece mujeres, la mayoría menores, fueron ejecutadas ante las tapias del cementerio del Este


El 5 de agosto de 1939, trece mujeres, la mayoría menores, fueron ejecutadas ante las tapias del cementerio del Este. Conocidas como las “Trece Rosas” su historia sigue viva hoy en forma de libros, teatro, documentales y cine.

Dos días antes habían sido juzgadas en el tribunal de las Salesas, junto a cuarenta y cinco compañeros más del PCE y de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Se las acusaba de intentar reconstruir a las JSU, así como de intervenir en “actos de sabotaje e intentos de complot”. La sentencia fue implacable, siendo condenados a muerte cincuenta y siete de los cincuenta y ocho acusados: “Reunido el Consejo de Guerra Permanente número 9 para ver y fallar la causa número 30.426 que por el procedimiento sumarísimo de urgencia se ha seguido contra los procesados (…) responsables de un delito de adhesión a la rebelión (…) Fallamos que debemos condenar y condenamos a cada uno de los acusados (…) a la pena de muerte”.[1]

Todo comenzó a finales de marzo, tras la entrada de las tropas de Franco en Madrid. Con la mayoría de los dirigentes encarcelados o en el exilio, un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, se hizo cargo de la JSU y el partido, con la intención fundamental de ayudar a los camaradas presos y a sus familias y esconder a los perseguidos.

Poco pudieron hacer, salvo la creación de algunos grupos. En mayo de 1939, casi todos los integrantes del Comité Provincial de la JSU y parte de los dirigentes del recién reorganizado PCE en Madrid habían sido ya detenidos, al igual que miles de personas cuyo único delito era ser “rojas”.

Una de las acusaciones que se les imputaron a los jóvenes de la JSU detenidos fue la colocación de unos pasquines en algunas calles madrileñas con anterioridad a la celebración del día del desfile de la Victoria que decía: “Menos Viva Franco y más pan blanco”.

A las cuatro de la madrugada del día cinco de agosto, un camión viejo y destartalado se detenía ante la puerta de la cárcel de Ventas. Poco después salieron las trece jóvenes que desde hacía varias horas permanecían en capilla. Según comentaría María del Pilar Parra, una presa que se encontraba en aquel momento asomada a la ventana: “Pasaban repartidores de leche con sus carros. La Guardia Civil los apartaba. Las presas iban de dos en dos; tres guardias civiles escoltaban a cada pareja. Las presas fueron subidas en grandes camiones. Desde donde yo estaba, en el cuarto piso, no se las podía ver con claridad. Pero parecían tranquilas. Llevaban la cabeza muy levantada”. Primero fueron fusilados los hombres y posteriormente las mujeres. Los tiros de gracia de “Las trece Rosas” se oyeron hacia las ocho.

Sobre la mesa del despacho de Carmen Castro, directora de la cárcel de Ventas, quedaron las solicitudes de indulto que cada una de las condenadas había redactado el día 3, al volver de la vista en las Salesas, para pedir clemencia al Caudillo, y que la directora no había querido tramitar. En realidad se trataba de un acto de venganza del franquismo por la muerte del oficial de la guardia civil Isaac Gabaldón, su hija y el conductor en las cercanías de Talavera, como bien señalaba el diario ABC en su edición del día 6 de agosto:

“Decisiva e inflexible, la Justicia ha quedado cumplida en sus leyes más elementales con motivo del espantoso crimen que hace muy pocos días costó la vida, por España, al comandante de la Guardia Civil D. Isaac Gabaldón, a su hija, de diecisiete años, y al agente conductor D. José Luis Díez. A las pocas horas del atroz suceso –atroz, además, por las circunstancias en que se produjo- habían sido detenidos, no solamente todos los ejecutores materiales, sino una compacta y considerable banda de inductores, reclutados en los fondos más siniestros del marxismo y de la criminalidad social, alentados desde algunos centros tenebrosos de la revolución comunista. Respecto de esta banda de inductores, quedó cumplida, en la mañana de ayer, la sentencia que dictó el Consejo de guerra correspondiente.”

“Que mi nombre no se borre en la historia”

http://historiaconmemoria.blogspot.com.es/p/las-trece-rosas.html