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Los españoles que liberaron París

Insumisos.org, | 27 agosto 2012

Ciento veinte españoles y sus 22 vehículos blindados son recibidos como liberadores. Una multitud alborozada los rodea

 

El 25 de agosto de1944, alas 16 hs., el general Dietrich von Choltitz, el gobernador alemán de París que se había rendido dos horas antes al soldado español Antonio González, firmaba la capitulación nazi ante el general Leclerc y el coronel Rol-Tanguy. París era liberada. ¿Olvidará la conmemoración de este acontecimiento el papel de la resistencia extranjera, en especial de los republicanos españoles?

Está bien visto “revivir” el pasado. Sin embargo, Francia otorga en dosis homeopáticas su reconocimiento a los extranjeros que participaron en su Liberación. Ningún monumento de envergadura rinde homenaje, por ejemplo, a los miles de españoles que combatieron la ocupación nazi. En este 60º aniversario de la Liberación de París, ¿por qué escatimar el agradecimiento y olvidarse de homenajear a las mujeres y hombres que junto a los franceses murieron por la libertad?

Luego de la Guerra Civil de 1936-1939, muchos españoles se unieron a las filas de la Resistencia o al Ejército de la Francia Libre. Así lo recuerda un cuadro de Picasso ubicado junto al famoso Guernica en el museo Reina Sofía, en Madrid; se titula Monumento a los españoles muertos por Francia.

En efecto, los republicanos de allende los Pirineos marcaron con su impronta la Liberación. Su presencia es reconocida en el Sur de Francia, pero más de 10.000 combatieron en todas partes, tanto en Bretaña como en Cévennes 1, o en Poitiers, Burdeos, Angulema, Aviñón, Montélimar, Valence, Annecy 2… Foix fue liberada sólo por los españoles, a quienes se sumó a último momento un tal Marcel Bigeard 3, con el fin de asegurar la participación francesa en los combates.

En Burdeos, Charles Tillon -fundador de los Francotiradores y Partisanos Franceses (FTPF)- se había contactado con las organizaciones del Partido Comunista de España (PCE) a fines del verano de 1940. En esa época, los extranjeros constituían una suerte de semillero. No habían sido movilizados, y el Pacto germano-soviético los había afectado muy poco 4. Además, los comunistas de España recordaban el aporte francés a las Brigadas Internacionales. En París, en la misma época, la dirección clandestina del PCE intentaba reunirse con los dirigentes comunistas franceses. Lise London se sumaría a mediados de diciembre. Si ella y su marido Artur London sirvieron de intermediarios, ello se debió a que éste último había combatido en España en las Brigadas Internacionales 5.

Desde entonces, las iniciativas se concretan entre los comunistas y sus agrupaciones aliadas. La comunidad española tiene dos componentes: la vieja emigración económica posterior a 1918 y los sobrevivientes del Ejército Republicano, repartidos por toda Francia. Creada por el Partido Comunista Francés (PCF) en los años ’30, la Mano de Obra Inmigrante (MOI) ocupará un lugar importante en la Resistencia y recibirá a la mayoría de los comunistas españoles. Los demás formarán divisiones armadas (bajo el mando del PCE) que coordinarán sus acciones con la Organización Especial (OE), y luego con los FTPF, conservando siempre cierta autonomía.

A partir de 1942, la tarea de dirigir a los combatientes de la MOI en la región de París se asigna a “Lucien” (Conrado Miret-Must). Aún estamos lejos de la Liberación, pero ésta ya se ha puesto en marcha, a pesar de la gran razzia que diezmará a los resistentes españoles ese mismo año. Su proceso, llamado de los “terroristas de la Unión Nacional Española”, anticipa el de los miembros del grupo Manouchian 6. En el barrio “pequeña España”, en la Plaine Saint-Denis 7, por ejemplo, los arrestos se multiplican. Son también numerosos en Bretaña, en París intramuros y en los alrededores: 135 españoles, entre ellos seis mujeres, son procesados judicialmente. Llevan en sus ojales pequeñas alpargatas con los colores de las repúblicas española y francesa. Al leerse la sentencia, entonan La Marsellesa y el Himno de Riego 8. Las penas son relativamente leves, pero finalmente habrá torturas, deportaciones y ejecuciones.

Efecto secundario: luego del desmembramiento de su unidad y el asesinato de sus camaradas, Celestino Alfonso, ex teniente tanquista, integrará el grupo Manouchian para no quedar aislado. Allí conocerá a Michel Rajman. Su ejecución, junto a la de sus camaradas del “affiche rouge”, el 16 de febrero de 1944, precede unos meses la Liberación de París. En su última carta Celestino escribirá: “Muero por Francia”. Para los españoles, la Resistencia es la continuación de su guerra civil por otros medios y en otro contexto. Para los comunistas, es también una manera de responder a la solidaridad de las Brigadas Internacionales, cuya creación surgía de una decisión del Komintern 9.

Esperando que la represión deje de concentrarse en ellos, los españoles se extienden a los departamentos vecinos. Una vez que cesó el alerta, vuelven a París bajo el mando de Rogelio Puerto. El 6 de junio de 1944, cuando los Aliados desembarcan en las playas normandas, José Baron, llamado “Robert”, moviliza a las reservas de combatientes. Éstos forman los batallones que participarán de la insurrección parisina de agosto. Están listos, decididos y sólo piden entrar en combate: para ellos, la libertad de Francia anuncia la de España.

La historia, se sabe, tiene sus ironías. También tiene coincidencias felices. El jefe de la insurrección parisina, Henri Rol-Tanguy, era comisario político de la 14ª Brigada Internacional en España; los acontecimientos encuentran su coherencia. De esta manera, se tiende una pasarela entre los combatientes antifascistas de ambos países. La experiencia militar adquirida en 1936-1939 se combina con la invención en la guerra de los partisanos, tanto en los montes como en la ciudad.

Con la Liberación de la capital, los anarquistas españoles entran en escena. Aquí también hay que remontarse a1939, alos campos del Sudeste de Francia, donde se confina al ejército republicano derrotado 10. Todas las mañanas, los gendarmes recorren las barracas incitando a los españoles a unirse a la Legión Extranjera: miles de ellos cederán para continuar la lucha contra el nazismo. Serán destinados tanto a África septentrional como a África negra (Chad, Camerún). Estos últimos se incorporarán a las Fuerzas francesas libres a partir de 1940, uniéndose a las columnas del general Leclerc 11. Los primeros esperarán hasta el desembarco aliado en Argelia, y todos -al menos los sobrevivientes- serán los primeros en entrar a la capital el 24 de agosto de 1944.

París está lista para combatir. París lucha. París necesita refuerzos porque la tregua se rompió para que los alemanes no obtuvieran de ella un beneficio estratégico. El coronel Rol-Tanguy envía al comandante Gallois a informar a las tropas aliadas de la situación y convence al general Leclerc de acelerar el avance hacia París de su 2ª División Blindada, la célebre “2ª DB”.

Leclerc confía esta misión a la 9ª Compañía de Blindados, comandada por el capitán Raymond Dronne; está compuesta íntegramente de anarquistas españoles. En ella se habla castellano. En su Carnets de route 12, el capitán Dronne evoca el coraje de sus compañeros de armas por los que el general Leclerc expresará una admiración constante.

Las primeras divisiones de la 9ª Compañía entran a París por la Porte d’Italie a las 20:41 de ese 24 de agosto. El tanque “Guadalajara” es el primero en atravesar los bulevares exteriores. Su nombre alude a una victoria republicana sobre los voluntarios de Mussolini, aliados de Franco. “Guadalajara no es Abisinia” 13, decía una canción de la época. A las 21:22 horas, tanques y half-tracks estacionan en la plaza del Hôtel de Ville 14. Ciento veinte españoles y sus 22 vehículos blindados son recibidos como liberadores. Una multitud alborozada los rodea. Les preguntan si son estadounidenses, se sorprenden al oírlos hablar en español. Sus tanques llevan los nombres de batallas de la guerra de España -Ebro, Teruel, Belchite, Madrid- pero también los de Don Quijote o Durruti, el jefe anarquista.

De esta manera, los defensores del Hôtel de Ville son liberados. Desde hacía cinco días, atrincherados en el edificio, resistían a los ataques alemanes. Los españoles instalan un cañón en el interior del edificio y lo bautizan “Abuelo”. Se congratulan mientras esperan los refuerzos. Amado Granell, teniente de la 9ª Compañía, es recibido por miembros del Consejo Nacional de la Resistencia, presidido por Georges Bidault. Mientras tanto Leclerc, con el resto de su 2ª DB, avanza hacia París. Recién entrará en la mañana del 25 de agosto.

Los días siguientes los combates se intensifican. Charles Tillon afirmará que los españoles son maestros en los combates callejeros. Piensa en los partisanos que se unieron a las Fuerzas Francesas del Interior (FFI). Sobreestima su número en París. En 1946, al prologar un libro sobre el grupo Manouchian, Tillon calcula sus efectivos en 4.000, cifra que retomará en Les FTP 15. Manuel Tuñón de Lara, historiador español, es más prudente.

Al finalizar los combates en París, Rogelio Puerto y sus divisiones españolas de los FTP, de la Unión Nacional Española o del PCE se concentran en el cuartel de Reuilly, donde el responsable de la MOI, Boris Holban, fusiona a las brigadas de extranjeros en el seno de un batallón denominado “Liberté”. Está integrado por italianos, polacos, armenios y fugitivos soviéticos. Los españoles conforman el contingente más numeroso; 500 de ellos combatieron en las calles de París, en Place de la Concorde, frente a la Asamblea Nacional; en Place de l’Étoile; en el Hôtel Majestic, sede de la Gestapo; Place Saint-Michel; rue des Archives; Place de la République…

Varias decenas morirán durante los enfrentamientos. José Baron, por ejemplo, organizador de los grupos de guerrilleros en 1944, cae en Place de la Concorde.

Con su 9ª Compañía, la 2ª DB, Leclerc continuará su ofensiva hacia Alemania. Los españoles participarán de la liberación de Estrasburgo, donde muere el teniente coronel Putz, voluntario de las Brigadas Internacionales, “rodeado de sus republicanos españoles”. Avanzarán hasta Berchtesgaden, el cuartel general de Hitler en los Alpes de Baviera, donde el Führer había recibido a Mussolini y a Laval. ¿Cuántos españoles quedan para recorrer el conquistado Nido de águila del dictador nazi? No son más que un puñado.

Habiendo partido de Chad tres años antes, miles de voluntarios querían combatir el Reich hitleriano, aliado del fascismo español. Se aferraban a un sueño: volver vencedores a España, con el apoyo de los Aliados. Esperanza traicionada. Porque Franco permaneció en el poder hasta 1975. Y Francia, por la que derramaron su sangre, los ha olvidado.

 

Hervé Mauran, Un Maquis de républicains espagnols en Cévennes, Lacour, Nîmes, 1995.

Eduardo Pons Prades, Los Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial, La Esfera de los libros, Madrid, 2003; y Memoria del olvido. La Contribución de los Republicanos españoles a la Resistencia y a la Liberación de Francia, 1939-1945 (obra colectiva), FACEEF, París, 1996.

El general Bigeard se destacará tanto en Indochina como en Argelia. Fue acusado de haber ordenado torturar a militantes del Frente de Liberación Nacional (FLN).

El pacto de no agresión celebrado el 23 de agosto de 1939 entre Unión Soviética y la Alemania de Hitler dividió al movimiento comunista y las fuerzas democráticas.

Esta participación lo convertirá en un blanco preciso de la represión nazi (será deportado a Buchenwald) y estalinista (escapará por poco a la pena de muerte infligida a Rudolf Slansky y a la mayoría de los acusados, casi todos judíos, durante el proceso de Praga, en 1952).

Grupo de FTP-MOI dirigido por Missak Manouchian, fusilado el 16 de febrero de 1944 junto a veintiuno de sus camaradas. Louis Aragon les dedicará un poema titulado L’Affiche rouge, aquel que las autoridades nazis habían pegado en las paredes de la Francia ocupada para denunciar “la liberación por el ejército del crimen”.

Natacha Lillo, La petite Espagne de la Plaine-Saint-Denis, 1900-1980, Autrement, París, 2004.

Himno de la República española, proclamada el 14 de abril de 1931.

Denominación rusa de la Internacional Comunista, fundada en 1919, disuelta en 1943.

“Des camps pour les républicains espagnols”, Le Monde diplomatique, febrero de 1999.

Gobernador de Camerún, el general Leclerc (1902-1947) integró una columna de las fuerzas francesas libres que partió de Chad para unirse con las fuerzas británicas del general Montgomery en Trípoli, en enero de 1943. Participó en el Desembarco de Normandía con la 2ª División Blindada que entró a París el 25 de agosto de 1944.

Dos tomos, éditions France-Empire, París, 1984 y 1985.

Alusión a la guerra colonial librada por el régimen fascista italiano en Etiopía (1935-1936).

N. del t.: sede de la Municipalidad de París.

Julliard, París, 1966.

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