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Crónicas de la guerrilla antifranquista

Pedro Peinado. Memoria Pública, 11-09-2012 | 12 septiembre 2012

Desde la dirección General de la Guardia Civil se enviaron órdenes prohibiendo la utilización de los términos maquis o guerrilleros

 

No son los bandoleros del siglo XIX o inicios del XX en España, el bandolero fue el término que escogió el franquismo para denominar a la guerrilla antifranquista.

La finalidad que se perseguía utilizando esta denominación junto a la de forajidos, malhechores, atracadores y otros sinónimos, era vaciar de contenido político las acciones de estos grupos y asimilarlos a la delincuencia común, las similitudes entre el bandolerismo común y social, con la vida en guerrillas, eran suficientemente reconocibles por la memoria de la sociedad española, más, en el ámbito rural, y abortaban la identificación republicana por la que los resistentes querían que ser reconocidos.

La utilización del lenguaje es actitudinal. La comunicación es un componente de nuestra conducta individual y social. La ejercida por los grupos u organizaciones humanas, en este caso, será un recurso más al servicio de ambos bandos y su objetivo será la obtención de influencia social. Antes de seguir, habría que decir que el desequilibrio entre ambos arsenales, fueran estos de recursos humanos o materiales, es algo más que un hecho constatable, así entenderemos que se trataba de una lucha desigual marcada por la inferioridad de la guerrilla, frente al abuso de recursos de las fuerzas gubernamentales. Nos atreveríamos a afirmar, que la lucha guerrillera tuvo más de simbólica que de verdadera, sino fuera por las numerosas acciones llevadas a cabo, por el número de víctimas ocasionado, principalmente, en el ejercicio de la represión y por  la gran movilización de hombres y armas para combatirlos. Sí algo tiene de simbólico esa lucha, es justamente, que en ninguna etapa se consiguieron logros de tipo material, como la liberación de una parte del territorio o la posibilidad de vencer al poderoso enemigo. La misión de la guerrilla, era, como podemos recordar en la película de Mario Camus, estar y no vencer.

El franquismo empezó de manera temprana a definir a las organizaciones políticas armadas como bandoleros, con dos objetivos. El primero de ellos ya lo hemos comentado, su despolitización, el segundo era la bestialización o deshumanización. Se atribuirían caracteres criminales, falta de sentimientos, deseos de marginalidad o incapacidad para formar parte de la sociedad y macabros objetivos.  Todo ello para convertirlo en presa y hacer cómplice a toda la sociedad para su captura y su exterminio. Contra este tipo de enemigo, eran aceptables las más aberrantes formas de tortura y se dispondrá de todos los medios a su alcance para perseguirlos. Así la sociedad rural deberá procurar a la guardia civil enseres, animales de carga, alojamiento, enterramientos y traslado de cadáveres, etc.

Un tercer objetivo, era el no reconocimiento del otro, por ello no se permite, más que en contadas ocasiones, la aparición de noticias o publicaciones. Esa actitud, solo rota por las comunicaciones de carácter interno, no solo quiere mantener en el desconocimiento a la sociedad en general de un conflicto que se desenvuelve en las montañas, sino, además, causar en el enemigo la convicción de que no será jamás posible la interlocución. Esta se realizará manteniéndose la correlación de poder y de forma violenta en interrogatorios, bajo amedrentamientos y la práctica de la muerte.

A pesar de la participación de todas las fuerzas con carácter coercitivo, militar y civilmente, será sobre la Guardia Civil  qué recaerá la responsabilidad de aniquilar a la bestia que asaltaba la paz de los caminos, destruía líneas de alta tensión y vías de tren, asaltaba bancos, secuestraba a las personas de bien y acampaba en lugares remotos para esconderse y planificar los actos más terribles, según la narración franquista. La Guardia Civil utilizará todos aquellos medios que pueden incluirse conceptualmente como guerra sucia y que en 1947 se ampararán en el ordenamiento legal franquista con el Decreto Ley de Bandidaje y Terrorismo.

¿Pero qué pasaba cuando la guardia civil se encontraba con personas que actuaban en el marco de la delincuencia común?

La cuestión no era sencilla. Sabemos, que desde la dirección General de la Guardia Civil se enviaron órdenes prohibiendo la utilización de los términos maquis o guerrilleros, tanto a los procedentes de Francia, como a los que luchaban desde el inicio de la guerra en la península. Los términos con los que debían identificarse en los escritos oficiales han sido antes mencionados. Esta uniformización del lenguaje fue acatada la mayoría de las veces, pero con ciertas incongruencias al encontrarse los agentes que los delitos eran cometidos por delincuentes comunes y propios de bandoleros, ya que estos se producían en el ámbito rural. El problema consistía que si se reservaba la palabra bandolero y sus sinónimos a la delincuencia política ¿cómo denominar a los que se dedicaban a la delincuencia común? Veamos algunos ejemplos.

“Si bien se tiene la impresión recogida por rumor público que estos individuos no proceden de los llamados “Bandoleros”, sino más bien de la población minera limítrofe, carentes de medios económicos, que para saciar sus vicios tramaran este golpe con que allegar fondos con que pasar las fiestas de Utrillas”.

El redactor del informe, para referirse a los asaltantes de un molino, debe excluir que la acción ha sido protagonizada por la guerrilla, para ella reservará el título de bandoleros. Para atribuir el delito, huye de clasificar como delincuentes u otra expresión sinónima a los asaltantes y recurre a cierta capa social, pobre, por su puesto. Hay que anotar, que la redacción de la época utilizará el prejuicio moral para determinar el móvil.

Otra ilustración sobre la dificultad que entrañaba para los agentes la redacción de informes cuando se trataba de identificar a los delincuentes comunes que realizaban actividades delictivas en lugares alejados, es la que ahora transcribimos y que tienen también su origen en Teruel:

“Teniendo en cuenta el aspecto de los dos asaltantes, el vestir monos en perfecto estado de limpieza, y la carencia de armamento ya que únicamente uno de ellos llevaba una pistola de pequeño calibre, hace suponer que no fuesen bandoleros sino dos individuos de mala conducta”

Resaltar que la misma delincuencia común adoptaría la forma de vestir de los guerrilleros que utilizaban, además, del traje de pana, los monos de trabajo. Ambas vestimentas eran también las utilizadas por la mayoría de campesinos y trabajadores del campo y el monte. Los guerrilleros lo hacían para enmascararse, pero, vemos que los que se dedicaban al asalto con el único objetivo de obtener réditos a cuenta de un tercero, empezaron a identificarse en muchas ocasiones con los guerrilleros. Presentarse como guerrillero, tenía un mayor impacto emocional y coercitivo. La guerrilla contenía dos características que la diferenciaba de la delincuencia practicada en aquellos días. Su armamento, generalmente, era superior al de las bandas o bandoleros propiamente dichos y su permanencia en el tiempo y en el territorio era superior a esas bandas. Otra cuestión a tener en cuenta, era que los guerrilleros abatían a cualquier grupo que quisiera establecerse en el monte, ya se tratara de propias escisiones o de delincuentes comunes, es decir, cumplían con una labor de estrecha vigilancia y eran excluyentes de otras presencias armadas que entorpecieran su actividad. Por así decirlo, realizaban un labor de limpieza no solo político-militar, sino, además, civil. Es por ello, que muchos de nuestros entrevistados proclaman que tenían más miedo de la Guardia Civil  que de los propios guerrilleros, pero no existe mención alguna al temor a la delincuencia propia de un país que pasaba mucha hambre.

En un episodio tragicómico, volviendo a la utilización del mecanismo de imitación que la delincuencia común hacía del fenómeno guerrillero, aportamos el siguiente testimonio: “sobre las 21 horas del día 20 del actual se presentaron tres individuos esbozados con una manta cada uno y con la mitad de la cara tapada (…) llamando a la puerta con el fin de que les abrieran y les facilitasen comida, contestándoles que no lo hacían y lo que quisieran de comida se les facilitaría por la ventana, y ante esta actitud les amenazaron con que eran bandoleros y de no cumplir sus mandatos volarían el edificio”

Los asaltantes resultaron ser dos hombres y una mujer de etnia gitana. Bajo la manta solo escondían un palo y no un arma larga. Se tapaban la cara, para no ser identificados como lo que realmente eran y amenazaron con volar la casa. Era una suplantación en toda regla. El redactor utiliza directamente la expresión bandoleros, lo que no sabemos es si el trío utilizó la expresión “guerrilleros”.

En una sociedad empobrecida y falta en medios, asistiremos al auto atraco por parte de personas que disponen de una cantidad de dinero procedente de un cobro y serán atracados, curiosamente, por los guerrilleros y no por los que se ocupan profesionalmente de estas tareas:

“se presentaron cuatro hombres armados con fusil, dos de ellos salieron de una alcantarilla y los otros dos bajaron del monte, apoderándose de la merienda que llevaba en un capazo y de la cantidad de dinero expresada, huyendo después de ello en dirección al pueblo de Valdeltormo siendo tres de los guerrilleros de una edad de25 a30 años, vistiendo con mono azul y boina y el otro unos 50 más alto que los anteriores, destocado, en mangas de camisa y calzado con alpargatas miñoneras”

No deja de ser curioso que la atribución del atraco corresponda a la guerrilla, el motivo de ello lo hemos aventurado anteriormente, la personas dedicadas al robo, encontraban muchas dificultades para actuar en aquellos días, ya que su actividad no solo era controlada por el estado policial, sino, además, por la insurgencia. Era más factible para el sujeto anterior acusar a los guerrilleros que no a unos delincuentes comunes ¿Qué hacía más creíble su coartada? Debemos pensar, al contrario de lo que se quería hacer creer a la población de aquel entonces, que la presencia guerrillera no era una simple anécdota. La simulación obedece a que la guerrilla como agente tiene un gran calado social y es capaz de modelar conductas, ya fuera por las acciones que ésta realizaba, ya fuera, por ser un objetivo prioritario para la Guardia Civil.

Hemos podido comprobar que la población conocía cómo vestían los guerrilleros, que éstos utilizaban armas largas y eran poseedores de explosivos. Una estructura humana invisible socialmente, no hubiera sido capaz de influir a los individuos de esa sociedad que no tenía más medio de comunicación que la narración oral. Sí se conocían estos aspectos y, algunos más, que no tienen cabida en este escrito, podemos concluir que la influencia guerrillera en algunas zonas fue determinante y modificó las pautas de conducta de sus pobladores, no solo de los delincuentes comunes y de la guardia civil, también del resto de individuos que vieron como sus vidas dependían de un hilo por colaborar con la guerrilla o la guardia civil, o, de encontrarse en el momento y lugar equivocado.

 

Autor : Pedro Peinado

Responsable del Centro de Documentación de La Gavilla Verde

http://blogs.publico.es/memoria-publica/2012/09/11/cronicas-de-la-guerrilla-antifranquista/