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Cuando los grises tocaron en Noreña

Lne.es, | 9 septiembre 2012

En septiembre de 1976 se produjo una brutal carga policial tras una actuación de Víctor Manuel


La prohibición de los conciertos en la villa trae a la memoria de los vecinos la brutal carga policial tras una actuación de Víctor Manuel en septiembre de 1976

Noreña, Franco TORRE

Noreña siempre ha presumido de su tradición musical. La buena salud de la que gozan entidades como el Orfeón Condal y la Banda de Música da fe de este vínculo, que contrasta con las reticencias del Consistorio hacia los conciertos con música en directo. Hace dos años y medio, el alcalde de Noreña, César Movilla, amenazó con prohibir los conciertos en los bares, aunque las consiguientes presiones políticas y sociales abortaron la tentativa. La nueva normativa de uso de instalaciones culturales, aprobada por decreto de Alcaldía y que limita las emisiones sonoras a 90 decibelios, ha reavivado la polémica, ya que prohíbe de facto los conciertos en instalaciones públicas. Una medida ante la cual muchos noreñenses han recordado un mítico concierto de hace más de tres décadas, en el que cientos de personas acudieron a ver a Víctor Manuel para encontrarse con una actuación sorpresa de los grises».

Pese a lo sonado del concierto, los detalles se pierden en la memoria de los protagonistas. Un estudio de Patrick Zimmerman, «Faer Asturies: Linguistic politics and the frustrated construction of Asturian nationalism, 1974-1999», sitúa el recital el 24 de septiembre de 1976. Carlos Manuel Rodríguez, que estuvo allí, lo corrobora: «Veníamos de la inercia de las fiestas del Ecce Homo, y había mucha gente en el prau». Pero ya antes de esa fecha se habían producido enfrentamientos entre la asociación cultural «Asemeyu», que organizaba el concierto, y el Ayuntamiento de Noreña.

La confrontación tenía un trasfondo marcadamente político. «Asemeyu» había nacido de la integración de otras asociaciones en torno a «Isla 13», y en la nueva formación tenían un peso específico los militantes comunistas, que por esas fechas peleaban por la legalización del Partido Comunista. «Se pidió un espacio municipal para hacer el concierto, pero el alcalde, Rafael Junquera, que había sido impuesto por el gobernador civil, se negó en redondo», señala Eduardo Cuesta. «Al final la familia Cadenas, que tenía un prau en la avenida de Langreo, cerca ya de El Berrón, lo ofreció», continúa Cuesta.

El concierto fue un éxito rotundo, y se desarrolló con normalidad. Una crónica del diario «El País», publicada el 26 de septiembre y firmada por Javier Ramos, cifra en 2.000 el número de personas que acudieron al recital. El cartel del concierto propició ese gran éxito: con Víctor Manuel a la cabeza, en Noreña actuaron ese día artistas de la talla de Carlos Rubiera, Ricardo Cantalapiedra y las hermanas Rosa y Julia León. Pero a la salida los cientos de personas que asistían al recital se toparon de bruces con un descomunal despliegue policial. Y se desató la tormenta.

«La culpa de todo lo que pasó la tuvo Cantalapiedra, que empezó a cantar aquello de: “Porque tienen las pistolas, se nos ponen enchulaos, ya veremos cómo corren cuando acabe este tinglao”», comenta, con sorna, Cuesta. «No, en serio, la culpa fue del alcalde y del gobernador civil, que fueron los que mandaron traer a los grises desde Valladolid».

La mera alusión a los «grises», el apelativo por el que se conocía popularmente al extinto cuerpo de Policía Armada y de Tráfico, reverdece temores predemocráticos. Sus antidisturbios fueron la herramienta más efectiva del régimen en la represión obrera de los últimos años del Franquismo. Y, según los testigos, a Noreña llegaron aquel día por docenas.

«Venían en autobuses, y trajeron jeeps y lo menos veinte grilleras», rememora Cuesta. Carlos Manuel Rodríguez afirma que «había cinco por cada uno de nosotros», una estimación sin duda acrecentada por la memoria, pero que da fe del volumen del dispositivo policial que formaron la propia Policía Armada y la Guardia Civil.

«Yo había ido con toda la ilusión, me había gastado los ahorros en la entrada, que costaba veinte duros (100 pesetas). Y al salir nos encontramos con aquel mogollón de grises. Empezaron a perseguir y a pegar a la gente, a muchos nos siguieron por el casco de Noreña, hasta el centro de Formación Profesional incluso», señala José Ángel Blanco, hoy concejal de Noreña.

A decir de los testigos, la carga fue brutal. Los antidisturbios usaron los vehículos para cerrar las posibles escapatorias de la avenida de Langreo, formando un cuello de botella en el que nadie se libraba de recibir. «Yo iba con mi hermana y pasamos muy despacio, porque si corrías te daban», señala Carlos Manuel Rodríguez. En cambio, Juan Francisco Cañete, hoy dirigente del Partido Comunista de Asturias y entonces miembro de «Asemeyu», sufrió en sus carnes la violencia de la Policía Armada: «Me dieron un culatazo en la cara con un Cetme».

Los telediarios se hicieron eco de la carga policial, como también medios nacionales como «El País», que en la citada crónica de Javier Ramos relata cómo la Guardia Civil llegó a cerrar varios locales de la Villa Condal y pidió la lista de miembros de «Asemeyu».

«Tres vecinos de Noreña, entre ellos mi padre, se quejaron ante el gobernador civil de lo que había pasado, y los metieron presos, aunque los soltaron al poco, porque lo del concierto había salido en los telediarios y en todos lados. Y después el Alcalde, que era el responsable político y jurídico de aquello, ganó las primeras elecciones. Así era Noreña», concluye Cuesta.

http://www.lne.es/centro/2012/09/09/grises-tocaron-norena/1295591.html