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La memoria histórica

Silke Hünecke. Viento Sur, 06-08-2012 | 10 septiembre 2012

Resumen de la política del recuerdo del Estado alemán

 

 

SILKE HÜNECKE

Lunes 6 de agosto de 2012

Abordar la cuestión de la memoria histórica, máxime si se hace una comparación entre el caso del Estado español y el de Alemania, implica –tal como se planteó en “Recuerdos en disputa” en esta misma revista hace dos años- ser consciente de la complejidad de esta temática. [1] Tal como se indicaba al abordar la cuestión de la memoria en el Estado español, en el caso de la República Alemana conviene dividir grosso modo el análisis de la cuestión en tres niveles diferentes. Un nivel jurídico relacionado con los autores de los delitos y las víctimas, que configura lo que podemos denominar la política del pasado. Un nivel de la búsqueda de las verdades históricas y su comunicación, que articula la política de la historia. Y un nivel de formas de representación tanto monumental como documental, que genera la cultura del recuerdo. Estos tres niveles se agrupan bajo el concepto general política del recuerdo.

Resumen de la política del recuerdo del Estado alemán

Tras 1945 Alemania atravesó una época definida por los problemas del tiempo de post guerra; entre otros, el caos de la destrucción. A pesar de ello durante la Conferencia de Potsdam del 2 de Agosto de 1945 celebrada por los principales aliados, se dieron resultados muy importantes; entre ellos la desnazificación y la creación de un tribunal militar internacional. El objetivo era liberar de todas las influencias del nacionalsocialismo a las sociedades alemana y austriaca. Se clasificó a la población alemana en 5 categorías. Los culpables principales (criminales de guerra), los incriminados (activistas, militaristas, beneficiarios), los medio incriminados, los simpatizantes y los exonerados y absueltos.

En los Procesos de Núremberg (1945-1949) se juzgó a importantes representantes del nazismo. No debe subestimarse el efecto sobre la sociedad de la condena pública de los criminales nacionalsocialistas. Al final del 1945 se prohibió, mediante una ley del Consejo de Control de los Aliados, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) y las organizaciones y asociaciones afines.

Un segundo aspecto importante para establecer la relación con el pasado fue la reeducación llevada a cabo en el oeste de Alemania. El objetivo era instruir sobre el Nacional Socialismo y establecer una democratización de la sociedad. La reeducación abarca tanto la visita a campos de concentración y de exterminio como una política de la historia sistemática. El trabajo de recuerdo político inicial correspondió principalmente a la presión exterior y se refería a los problemas exteriores. [2]

Sin embargo, a continuación, se constituyó en la conciencia de la sociedad alemana la imagen de una “catástrofe alemana”. Situación en la que la población germánica había sido manipulada y había sufrido los abusos por parte de un dictador todopoderoso y su cuadrilla. Esta autoimagen de víctima fue reforzada por los propios recuerdos dolorosos de la guerra y de la posguerra. En la memoria colectiva alemana se ancló por tanto sobre todo el recuerdo las victimas propias. Los millones de personas recluidas y asesinadas en los campos de concentración y las que fueron asesinadas por alemanes en la guerra fueron poco a poco dejadas de lado en el recuerdo.

A partir de la mitad de los años 50 se dieron las primeras iniciativas de interrogarse sobre la forma y medida de los crímenes nacionalsocialistas. Con ello se le plantearon de lleno a la República Federal de Alemania cuestiones centrales y decisiones jurídicas muy importantes, que a través de largos años marcaron las controversias públicas (reparaciones, prescripciones, decisiones personales…).

En los años 60 y 70 se dio un cambio de paradigma. Especialmente tanto el Proceso Eichmann así como el Proceso de Fráncfort sobre Auschwitz marcaron una profunda fisura en la forma de tratar al Nacional Socialismo y a sus delitos. Después, la controversia Fischer acaparó las discusiones. El historiador Fritz Fischer contradijo, con su crítica a la culpabilidad alemana de la guerra y a la línea de continuidad de la política germánica, a la opinión mayoritaria anterior que consideraba el Nacional Socialismo como una época breve de la historia alemana.

El nuevo punto de vista influyó y fue influido por el movimiento del 68, el cual ayudó también a la irrupción de nuevos planteamientos históricos en el estudio del Nacional Socialismo. Así se formaron a partir de los años 70 los talleres de historia en el ámbito de los nuevos movimientos sociales, los cuales sobre todo se ocuparon de poner al día la historia local “desde abajo”.

En los años 70 se presentó la “otra Alemania”, especialmente representada por el canciller socialdemócrata Willy Brandt, con su genuflexión en el gueto de Varsovia cargado de simbolismo.[3] A continuación se levantaron en Alemania muchos monumentos conmemorativos y centros de documentación sobre los campos de concentración.

En los años ochenta se produjeron las ofensivas conservadoras que determinaron el orden del día en las políticas del recuerdo. Su objetivo era reparar y recuperar un terreno que se creía perdido en el marco de una “reunificación moral y espiritual”. Helmut Kohl representó especialmente el “nuevo” trato con la historia, caracterizado por las inauguraciones de museos de “Historia alemana” y el homenaje a los soldados de las SS caídos en Bitburg. Frente a ello tres días después se alzó el discurso del presidente de la república Richard von Weizsäcker con motivo del 40ª aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, al que calificó como un día de la liberación. En los años 1986 y 1987 las opiniones del historiador Ernst Nolte sobre la naturaleza de la Shoah desencadenaron una importante polémica, la disputa del historiador.

En 1989 nació la Berliner Republik (Republica Berlinesa)y con ella una nueva imagen. Frente al trasfondo de la nueva auto comprensión alemana impulsada por los conservadores, volvió al centro de la atención pública la relación con el pasado. El principio de los años noventa estuvo marcado por el redescubrimiento de la teoría del totalitarismo. Significativo de la transformación de la imagen de la historia totalitaria fue el cambio de nombre de la Neuen Wache (Nueva Guardia) en Berlín del este. En 1993 se cambió la denominación de Víctimas del fascismo y del militarismo por Víctimas de la guerra y de la tiranía.

A partir de la mitad de de los años noventa se volvió de nuevo a las discusiones controvertidas debido a la aparición de Los verdugos voluntarios de Hitler, el Holocausto y alemanes completamente corrientes de Goldhagen y la inauguración de la segunda exposición Criminales de la Wehrmacht.[4]El libro de Goldhagen y las exposiciones contradecían el relato que dominó durante décadas por el que la Shoah había sido un delito perpetrado exclusivamente por Hitler y las SS. El ministro de exteriores Josef Fishcher del partido verde legitimó la participación de la RFA en la guerra de Kosovo –primera intervención militar alemana desde 1945- mediante una referencia a la Shoah. Tanto la participación en la guerra como también su justificación dieron pie a encendidas discusiones y bajas del partido Die Grünen.

En el año 2000 el parlamento alemán y una iniciativa de Deutsche Wirtschaft[5] crearon la fundación “Recuerdo, responsabilidad y futuro”. Tras años de presión de los grupos de víctimas, esa fundación comenzó a pagar reparaciones materiales para los trabajadores forzosos del Nacional Socialismo, sesenta años después de su derrota. Asimismo es espantoso que sólo en el 10 de Mayo del 2005 y también sesenta años después de la liberación se inaugurara el Monumento a los judíos asesinados en Europa unido a un museo subterráneo en Berlín. Y terrible fue que se reprodujeran, en el marco de los debates sobre las reparaciones y también en el debate sobre el monumento conmemorativo del holocausto, otra vez los viejos estereotipos antijudíos del tipo de los “judíos avariciosos y poderosos”.

Últimas reflexiones

La política del recuerdo no es un producto construido una sola vez e inmóvil, sino un terreno a disputar. Para la justificación de la política actual la historia será oportunamente interpretada y tomada en concordancia. Ante este trasfondo tiene entonces lugar o no una revisión jurídica, trascurre una mediación histórico política en una sociedad y se construyen nuevos monumentos y se deconstruyen viejos. No se debe ceder simplemente la historia a los gobernantes. En los casos en los no se ha trabajado lo suficientemente la historia criminal, debe plantearse masivamente la cuestión. Mientras reine una perdida/olvido histórica, no se persiga a los autores, no se juzgue al sistema criminal y no se reconozca a las víctimas, habrá efectos dañinos sobre la sociedad. Los crímenes de una dictadura deben ser hechos públicos. Es necesario que en una sociedad post dictatorial se expongan/discuten esta verdades, para que se formule desde la más profunda convicción un NUNCA MÁS. Es necesario que tenga lugar una condena del sistema dictatorial y que sus responsables sean llevados a capítulo. Una falta de castigo indica a los potenciales autores que en el futuro también podrán infringir graves daños a los derechos humanos y priva a las victimas la posibilidad de una reparación pública de su dignidad y la esperanza de poder vivir un día sin miedo en una nueva sociedad. Para que la historia no sea precisamente una historia de los gobernantes es necesario que nos apropiemos de los intentos emancipatorios del pasado, los demos a conocer superemos el letargo existente y concibamos la historia como “realizable”.

Traducción de Roser Garí para VIENTO SUR

[1] En el núm. 113 (diciembre 2010) de VIENTO SUR, la sección Plural -titulada “Su memoria, su dignidad, su lucha: la nuestra”- se publicó el artículo “Memorias en disputada” de la investigadora y activista Silke Hünecke quien centró su reflexión en el estado de la memoria histórica en el Estado español. Siguiendo la misma metodología en este trabajo se aborda el caso alemán.

[2] Puede tener interés conocer como los ciudadanos de Weimar eran obligados por el ejército de EEUU a ver el horrible estado del campo de concentración de Buchenwald:

http://de.wikipedia.org/wiki/Datei:BesichtigungKLB.jpg Para conocer la redenominación del callejero alemán, ver http://de.wikipedia.org/wiki/Datei:Denazification-street.jpg

[3] [N.T.: La genuflexión de Varsovia (Kniefall von Warschau) es la expresión acuñada para referirse al gesto de petición de perdón hacia las víctimas del Levantamiento del Gueto realizado por el canciller socialdemócrata Willy Brandt, quien se arrodilló ante el monumento conmemorativo, en su visita del 7 de diciembre de1970 ala República Popular de Polonia].

[4] Fuerzas armadas alemanas

[5] Fundación alemana de economía

http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7022