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Preventorios: “He visto patalear a críos sintiendo la angustia del ahogo”

Mariano Rodríguez. 20minutos.es, . 24 septiembre 2012 | 25 septiembre 2012

Franco y su cohorte pusieron en práctica el sistema para aleccionar a los supuestos desarraigados del régimen

 

A estas alturas de mi vida y de vuelta en casi todo, debo reconocer que me ha llegado a impresionar el leer testimonio de compañeros que sufrieron esa suerte de Gulag que Franco y su cohorte pusieron en práctica para aleccionar a los supuestos desarraigados del régimen.

Por necesidad familiar yo también estuve, junto a mi hermano dos años mayor, durante tres interminables meses en el Preventorio de La Sabinosa de Tarragona en el año 1957 y aún siendo una experiencia sanamente relegada al olvido, también lo es la operación de vegetaciones y, cuando mi recuerdo juega en profundidad, aún me sobrecojo viendo acercarse al galeno, a pelo, pinzas cortantes en mano, para resolver lo que hoy requiere ingreso, anestesia y mimos diversos.

El testimonio de mis colegas en penurias ha despertado en mi todo un caudal de emociones a las que injustamente se ha tratado en el tiempo por falta de credibilidad. Era así, y puedo garantizar que ningún testimonio se quedará corto a la hora de relatar lo que sufrimos.

Mi hermano, en sano ejercicio a su mayoría de edad (9 años), pidió que se nos permitiese instalarnos en camas contiguas apoyado en mi razonable vulnerabilidad, y no solo recibió un no por respuesta sino que le gratificaron con una bofetada por tratar de insistir. Fue el recibimiento que nos hacía el Patronato tan entregado a colaborar con las familias y que se convertiría en rutina durante noventa días.

Mis sensaciones por aquel trato, prefiero no reflejarlas públicamente. No insistiré más sobre el tema gastronómico, pues, aparte de desagradable, creo que se ha convertido en una constante para todos los sufridores tanto entre varones como entre mujeres, aunque incidiré que la alimentación es una de las suertes que más pueden servir para humillar a cualquiera y el La Sabinosa eran maestros y precursores de la cocina-fusión. Cualquier infante sometido a la tortura de ingerir platos incomibles, toman una primera determinación que es la de permitir que el plato se caiga al suelo. Solamente ocurría una vez. Si lo hacías, comías lo mismo pero con serrín.

Nosotros recibimos una visita familiar durante el periodo de cautiverio y, de las muchas chuches que nos llegaron, apenas recibimos una muestra pues las maquiavélicas cuidadoras que nos protegían, ya se ocuparon de su cuidado. La humillación era una constante y la autoridad, el puro ejercicio de las artes mas crueles.

Al preventorista que no seguía el estricto régimen castrense, se le llegaba a castigar con inmersiones subacuáticas impensables para alguien que se defina como ser humano. Yo presencié lo que el director definía como “la carretilla” (gustaba de practicarlo personalmente) que era un ejercicio basado en coger al infractor por los pies y llevarle andando de manos a través de la playa para sumergirle en las aguas del mar hasta que su cabeza quedaba cubierta. He visto patalear a críos sintiendo la angustia del ahogo mientras que aquel tipo enorme y seboso retozaba de placer.

Semejantes circunstancias consiguieron que cuatro o cinco de nosotros entre los que, por supuesto, estaba mi hermano, preparásemos un plan de fuga aprovechando que había cerca una estación de tren y los convoyes, al paso por el preventorio, aminoraban la marcha. Pretendíamos tomarlo al asalto sin conocer siquiera cual era su dirección. Afortunadamente tres meses no es tiempo como para no poderlo superar y, al menos, pasaron, si bien ni mi madre nos reconoció al recogernos de vuelta en la estación. La gente que no estábamos en el régimen imperante, e incluso ni fuera, también sobrevivimos. Ojalá que de aquellos que propiciaron lo que contamos, no quede ni uno.

Mi hermano y yo somos hijos del segundo matrimonio de mi madre, viuda de un primer marido con el que tuvo dos hijas. Por nuestra edad (7 y 9 años) no teníamos ni información ni la capacidad de comprensión como para conocer estas circunstancias, por lo que nuestras hermanas lo eran, hasta esos momentos,  sin ninguna necesidad de aclaraciones. De las cartas que recibíamos y que, por supuesto eran controladas y leídas por nuestras “cuidadoras”, les llamó la atención el que escribiéndonos hermanas, figurase un primer apellido diferente en los remites. Aunque parezca mentira nos llamaron para aclarar aquel asunto y, puesto que no sabíamos nada más que la costumbre de que así fuese, nos ofrecieron toda suerte de posibilidades que solamente sirvieron para confundir, presionar y atormentar a unos niños con un altísimo grado de inocencia a pesar de ser tratados de aquella forma. Nuestros padres tuvieron un trabajo extra a nuestra vuelta del aleccionador campamento.

http://blogs.20minutos.es/tu-blog/2012/09/24/preventorios-he-visto-patalear-a-crios-sintiendo-la-angustia-del-ahogo/