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«Villafría era un valle de lágrimas»

Lne.es, | 28 octubre 2012

Las familias de las víctimas de la represión del 34 evocan la tragedia en la presentación de la crónica histórica de aquellos sucesos

 

Elena FERNÁNDEZ-PELLO

Laura tenía 11 años el 13 de octubre de 1934. Se despertó la mañana de aquel día, que amaneció gris y lluvioso como el de ayer, sin saber que unas horas después su padre, cuatro de sus siete hermanos y ella misma estarían muertos. Y junto a sus cadáveres yacerían los de otros familiares y vecinos de Villafría, víctimas de la represión gubernamental. Laura Franco Corral vivía en el número 2 de Villafría y a esa edad difícilmente sabría explicar el significado de la palabra «política». Arantza Margolles recuperó su trágica historia ayer, en la presentación del libro «Villafría 1934. Luz en la memoria», de la que es autora junto con Julio César Iglesias, David Fernández y Rubén García.

La pequeña Laura fue una de las treinta y dos víctimas de aquella jornada aciaga, recordada con tristeza ayer a unos metros del Cañu de Villafría donde fueron fusilados varios vecinos, gentes sencillas, la mayoría dedicados a las labores del campo y sin implicación política. «No podemos ser neutrales, ¿cómo pedir a las familias que olviden?», declaró el historiador David Fernández durante un acto que sirvió para defender la memoria histórica y en el que los líderes de IU y de la Fundación La Izquierda de Asturias, que edita el libro sobre aquellos acontecimientos, alertaron de los peligros que entrañan los actuales recortes de derechos y prestaciones sociales.

A ese llamamiento, en contra de las políticas mercantilistas, se sumaron los familiares de los asesinados en el 34 en Villafría. «Ahora parece que volviéramos cincuenta años atrás», se lamentó Teresa Secades, que no llegó a conocer a su abuelo, muerto de un tiro aquel 13 de octubre. Teresa, veterana en reivindicar la memoria de las víctimas de Villafría, describió la inmensa tristeza que dejaron tras sí aquellos sucesos. «Esto era un valle de lágrimas, sólo se juntaban en las casas para consolarse unos a otros, para llorar. Yo veía llorar tanto y nadie contaba nada… En mi casa no hubo Nochebuena hasta ya muy entrados los años setenta, porque la pena era tan grande…», contó. El drama de aquellas familias no paró allí. «Cada poco venía la Policía secreta a molestar a las mujeres. Les decían que si contaban que habían sido los rojos las dejaban la paga, pero ellas contestaron que la sangre de los padres y los maridos no la vendían», refirió Teresa, y así acabaron exiliándose en Francia.

Teresa Secades hizo cuentas. En su casa mataron a nueve personas y en la de Pepín del Río Secades se llevaron por delante a quince. Pepín también asistió a la presentación de «Villafría 1934. Luz en la memoria». «Mi madre quiso olvidar, pobritina. Tenía miedo de que volviera otra vez lo mismo. Yo nunca lo olvidaré», prometió. En su familia mataron «a todos los hombres de casa», hasta al bisabuelo.

Los autores del libro agradecieron su colaboración a las familias, por sus testimonios, mencionando expresamente a Teresa Secades, Ángel Rodríguez Franco, Xesús Nel García Álvarez, Soledad Rabade García y Pilar Barredo Solís.

«La memoria es débil, frágil, incluso desagradecida», reconoció David Fernández y el deber de los historiadores, como él y los coautores del libro, es levantar «el cruel manto del olvido» y «dar voz al pasado».

Hasta Villafría se acercaron el coordinador regional de IU, Manuel González Orviz; el de la coalición por Oviedo, Alejandro Suárez; y, siguiendo el acto entre el público, el portavoz municipal en Oviedo, Roberto Sánchez Ramos, «Rivi», el senador Jesús Iglesias y el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares. Éste último abogó por mantener «la defensa de la memoria al mismo nivel que la lucha por los derechos». Villafría, dijo, fue «el prolegómeno de la glaciación franquista». «El golpe a la República comenzó desde dentro y acabó en un golpe militar», añadió y, aunque admitió que estos son «unos tiempos muy diferentes», recomendó mantenerse «atentos y vigilantes».

González Orviz tomó la palabra en el transcurso del acto y comenzó su discurso con «un saludo a los que no están y a los que se les arrebató la categoría de víctimas». «El único delito que cometieron fue el de ser pobres», afirmó, y añadió que «no están muertos porque habitan en nuestra memoria». «Ya tuvieron bastante silencio, durante décadas han sido silenciados», continuó, y reclamó para ellos su lugar en la historia y el reconocimiento por vía parlamentaria de su condición de víctimas.

También intervino Alejandro Suárez. «Hoy los gobiernos de derechas de toda Europa están recuperando el discurso de los años treinta del siglo XX. Estos actos nos recuerdan cómo eran aquellas sociedades», manifestó, y teme que no sea «posible mantener el consenso constitucional con más de cinco millones de parados».

 http://www.lne.es/oviedo/2012/10/28/villafria-valle-lagrimas/1318254.html