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El deber de no olvidar

Rafael Espino Navarro. Memoria Pública, 07 nov 2012 | 9 noviembre 2012

El pasado septiembre, la localidad cordobesa de Fernán-Núñez vivió un emotivo acto de reconocimiento a cinco de sus hijos, asesinados en Aguilar de la Frontera

El pasado mes de septiembre, la localidad cordobesa de Fernán-Núñez, vivió un emotivo y emocionado acto de reconocimiento público a cinco de sus hijos, asesinados en Aguilar de la Frontera el día 16 de agosto de 1936.

El acto fue organizado por el Ilustre Ayuntamiento de Fernán Núñez y AREMEHISA la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera, y en el mismo se rindió un justo homenaje y se hizo entrega a las familias de los restos mortales de los familiares represaliados “desaparecidos” identificados por esta Asociación, encontrados en las exhumaciones de las fosas de la guerra civil del cementerio Municipal de Aguilar de la Frontera a lo largo del trabajo desarrollado durante estos últimos años.

Con actos como el desarrollado ayer, el Ayuntamiento de Fernán Núñez, se convierte de uno de los primeros ayuntamientos de la provincia de Córdoba, que homenajea y rinde reconocimiento publico a las personas asesinadas tras los acontecimientos sucedidos después del golpe de estado del 18 de julio de 1936.

Se han cumplido mas de 76 años en que algunas personas de esta localidad iniciaron un macabro viaje sin retorno iniciado en el momento en que fueron detenidos en la tarde noche del día 15 de agosto de 1936.

Detenidos. Atados a una cuerda de presos, todos ellos fueron subidos a un camión para junto a otro grupo de personas de la localidad de Montemayor, ser trasladados a las inmediaciones de Aguilar de la Frontera y ser asesinados, solo por pensar de forma diferente.

Sus manos atadas con alambres conformaron un cordón umbilical que para siempre uniría las vidas y la muerte de Antonio Pintor Marín, chofer de profesión, de 43 años de edad, Presidente de la Agrupación Local del Partido Socialista Obrero Español de Fernán-Núñez. Fernando Valle Luque, industrial y comerciante, de 42 años de edad, su esposa, embarazada, María Antonia Jiménez Alcaide “La Fina” de 41 años. Teodomiro Villalba Velasco de 33 años de edad y de profesión peluquero y Alfonsa Galán Luna, ama de casa de 47 años.

Los disparos sonaron al alba del día 16 de agosto de 1936 y sus cuerpos como arboles talados caerían al suelo a destiempo, sobre la tierra que tanto anhelaron. Una tierra por la que acababan de morir.

Sus cuerpos serian tirados y ocultados en la última de las fosas que conformaban un perfecto y planificado entramado clandestino para silenciar los asesinatos cometidos por los golpistas en Aguilar de la Frontera. Es la fosa número 19. Con anterioridad, desde finales del mes de julio, fueron ocupadas las fosas número 6, la 18,20 y 21, en esa misma parte del cementerio. En la zona sur, fueron ocupadas otras tres, la 50, 51 y 51, para la primera semana del alzamiento.

Ocultos a más de tres metros de profundidad, varios metros cúbicos de tierra sepultaron sus cuerpos. Una ocultación más, de las que se practicaron en este mismo entorno y que se convertirá con el paso del tiempo en un drama colectivo en España.

Una España donde la mitad de sus hijos albergarán sentimientos de rabia e impotencia, agravadas porque durante muchos años, estas muertes, estas desapariciones, estos asesinatos, no pudieron ni tan siquiera ser llorados por sus familiares.

Con el acto de la exhumación se alcanza también, la conclusión del luto prohibido. Muchos de ellos podrán públicamente llorar a sus padres, llorar a sus abuelos, sin miedo, sin vergüenza.

La emoción abrillantara por fin sus ojos secos.

… y sin duda alguna someterán este día a la memoria, a esa memoria que nunca hemos perdido, (al igual que la esperanza de que alguna vez pudiésemos vivir este momento), a una tensión extrema, pues todos somos ya conscientes de que ha llegado el momento de firmar la paz con nosotros mismos. Una paz, que de nuevo traerá aires de dignidad y respeto, de tolerancia y libertad. Sin ira, sin rencor y sin miedo.

Podrán dedicar cada día de lo que les quede de vida a memorizar una lección. Una lección que sin duda alguna ellos han protagonizado durante estos tres cuartos de siglo últimos. Una lección que ellos han dado a este país superando viejas deudas pendientes y suponiendo un ejemplo de tolerancia y dignidad inigualables.

Todos ellos se acordarán siempre de este día con orgullo, dando de nuevo otra vez más, las gracias. Manteniendo el llanto, mimando las lágrimas… se acordarán del día que dejaron atrás la tristeza, la incertidumbre y el dolor, para pasar a ocupar un lugar definitivo en la memoria….

Con este acto, con esta entrega, Fernán Núñez, comienza a cerrar una página hasta ahora desconocida, y lo hace con la normalidad, que hoy ha de suponer encontrar y enterrar a todas las personas asesinadas y “desaparecidas”, victimas de la represión del franquismo.

En un ejercicio de normalidad democrática y de verdadera y plena libertad, devolviendo los cuerpos a sus familias, para que puedan enterrarlos dignamente.

Ellos han tenido y tienen todo el derecho a saber y todos nosotros tenemos el deber y la obligación de no olvidar…

http://blogs.publico.es/memoria-publica/2012/11/07/el-deber-de-no-olvidar/