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La imposible equidistancia sobre el horror de la guerra civil

Luis Matías López. Público, | 25 diciembre 2012

Andrés Trapiello se arriesga con Ayer no más a que le lluevan los ataques desde todos los flancos

Andrés Trapiello se arriesga con Ayer no más (Destino) a que le lluevan los ataques desde todos los flancos. Es la consecuencia de intentar ser objetivo sobre un tema, la guerra civil española, cuyo rastro de sangre y represión impide aún, 73 años después de que finalizase, que el manto del olvido restañe las heridas sufridas por las víctimas de ambos bandos.

El autor de un libro ya clásico sobre el papel de los escritores durante la contienda (Las armas y las letras) no se mantiene por encima del bien o del mal ni equipara lo sucedido en el bando republicano y en el franquista. Admite que la represión fue mucho más terrible en el bando nacional, y no sólo por su volumen, o porque continuó durante la posguerra sin dar oportunidad a la reconciliación, sino porque se convirtió en arma de guerra y política de Estado.

Trapiello se anticipa a los reproches de quienes vean en Ayer no más una defensa de la equidistancia haciendo afirmar a uno de sus personajes: “Es cosa probada que el Gobierno de la República no tuvo nada que ver con la represión en la retaguardia de cárceles, checas y paseos, a la que intentó poner coto desde el primer momento, al contrario de lo que sucedió en el otro bando, donde la represión en la retaguardia estuvo planificada de antes incluso por las autoridades militares y políticas, con la bendición de la Iglesia. Y esto es lo que no puede hacer equiparable a los dos bandos”.

Por el contrario, otro de los personajes de la novela, aun sin negar que el número de víctimas del franquismo triplicó o cuadriplicó el del otro bando, señala que ese dato “no es esencial”, que el Holocausto no sería menos grave si los nazis hubieran matado a dos millones menos judíos y que, en parte, la diferencia en las cifras se debió a que, según avanzaba la guerra, Franco contaba con más y más territorio en el que liquidar a cuanto oliese a rojo. “Si en 1937 los republicanos hubieran reconquistado León, ¿no hubiera habido las checas que hubo en Madrid, en Valencia, en Barcelona?”

Lo que a estas alturas, tras la ley de Memoria Histórica y la guerra de las fosas puede resultar políticamente incorrecto e incluso indignar a los familiares de las víctimas del franquismo, es recordar, como se hace en Ayer no más, que había banderas de la FAI y de Falange con los mismos colores, ambas con una calavera bordada. Y que, si bien es cierto que Millán Astray gritó “¡Viva la muerte!”, también lo había hecho antes Durruti. “Desde el mismo 18 de julio”, se afirma, “la gente empieza como loca a asesinar (…), se diría que todos obedecían a una consigna (…), unos y otros trataron de exterminarse sin pérdida de tiempo”

El formato de novela permite a Trapiello no darse por aludido por lo que afirmen algunos de sus personajes, pero quedan pocas dudas de que su posición propia no se aleja mucho del efecto coral y contradictorio que tienen todas esas opiniones. Reconoce y respeta que las víctimas del franquismo, que no contaron con esa oportunidad hasta la llegada de la democracia, tienen todo el derecho a ser honradas y revindicadas. “No podemos ser ecuánimes ni mucho menos equidistantes”, dice uno de los protagonistas. “Las víctimas del franquismo no han tenido jamás una reparación”. Sin embargo, lamenta que, junto a la gente honrada que murió con dignidad por defender sus ideales o simplemente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, se glorifique también, sin discriminación alguna, en un tótum revolútum, a los asesinos del bando republicano.

Trapiello se siente historiador, pero cree que a veces la historia sólo se puede contar desde la novela, la única que, de forma paradójica, puede hacer algo efectivo por la causa de la verdad. “Hemos convertido los libros de historia en una ficción, y ahora hemos de recurrir a la ficción para contar la historia”, sostiene. Y desde la novela, destaca que todos los culpables se tienen por inocentes, que sólo se exige responsabilidad y castigo a los asesinos del bando contrario, pero nunca del propio, como si aquellos fueran reales y estos abstractos. Y hace que su protagonista, casi su alter ego, afirme: “Nunca hasta hoy, y hasta donde yo sé, después de haber leído miles de páginas en libros, memorias, diarios, confesiones policiales, sumarios judiciales, nadie ha confesado algo tan sencillo como esto: ‘Yo maté”. Aún más, opina que muchos de los verdugos de ambos bandos, colocados en el mismo sitio y en similares circunstancias, volverían a cometer los mismos crímenes.

Ayer no más parte del encuentro, pasados más de 70 años, del hijo de una víctima asesinada al comienzo de la guerra con quien participó en el asesinato de su padre, un falangista que nunca que sintió culpable y cuyo propio hijo presencia ahora ese ajuste de cuentas con el pasado. Éste último es un historiador sesentón que ha convertido el estudio de la guerra civil en el eje de su vida académica. A medida que avanza la trama, asoman por el relato profesionales de la memoria histórica, referencias a la guerra de las fosas y a la frustrada acción del juez Garzón para perseguir los crímenes del franquismo, así como actitudes empecinadas e irreconciliables en función de la ideología y recuerdos de la terrible represión de los nacionales en León.

Tras leer este libro será difícil disfrutar del Hostal de San Marcos, joya arquitectónica cinco veces centenaria, de magnifica fachada plateresca y lujoso icono de cinco estrellas de la red de paradores nacionales. Ni una humilde placa de latón recuerda a los miles de republicanos que fueron encarcelados y torturados allí, y que desde allí partieron hacia el paredón y la fosa común. Un claro ejemplo de desmemoria histórica que Trapiello remedia en parte.

http://blogs.publico.es/luis-matias-lopez/2012/12/25/la-imposible-equidistancia-sobre-el-horror-de-la-guerra-civil/