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La memoria definitiva

Ioseba Eceolaza. Noticias de Navarra, 15 de Diciembre de 2012 | 23 diciembre 2012

La memoria es un acto de resistencia hacia quienes quieren olvidar y pasar página sin ni siquiera haberla leído


POR IOSEBA ECEOLAZA LATORRE – Sábado,
TOMÁS, Mirentxu, la familia Larreta, Julio, Ricardo, los de Murchante y los de Sartaguda, los que miran al fuerte de Ezkaba y los que andan en los despachos convenciendo de lo obvio, Josefina, Dolores, Arcadio y Angelita… todos ellos nos siguen dejando una herencia enorme, tan grande que no nos entraba en un parque de 7.000 metros cuadrados, y por eso tuvimos que grabar un documental que se llamó A un paso.

La memoria supone no solo un acto de justicia, no solo un acto de profundo respeto hacia los muertos, sino que es sobre todo un acto de resistencia hacia quienes quieren olvidar y pasar página sin ni siquiera haberla leído. Tenemos, ahora sí, la oportunidad única para colmar las aspiraciones de las víctimas del franquismo. Ahora es el momento porque ya hicimos todo el proceso, ya pusimos en marcha un movimiento social de libro, levantamos un parque, pusimos placas y más placas en homenaje a los nuestros, reivindicamos, luchamos, resistimos y consensuamos…, y todo ello con el estilo tranquilo pero contundente de los familiares de los fusilados. Por eso ahora el Parlamento tiene la obligación moral de arropar ese trabajo, darle más sentido si cabe, e implicarse hasta el fondo por el cierre de un drama que golpea nuestra historia y nuestro presente.

Miren, no caben las excusas porque si la memoria sobre nuestro pasado es mas íntegra, más completa, nuestro presente será más libre y más democrático. El Parlamento de Navarra debe culminar el trabajo a favor de la memoria histórica y debe llegar hasta donde las asociaciones por falta de apoyo no pueden llegar bien.

Hay tres pilares básicos que debe tener una futura ley de la memoria histórica. En primer lugar, y lo más urgente, debe enfrentarse al problema de las desapariciones. En Navarra además, por la existencia del fuerte de San Cristóbal, este problema es considerable. Teniendo en cuenta el trabajo realizado por el equipo liderado por Koldo Pla en colaboración con Aranzadi, teniendo en cuenta el trabajo ya realizado a finales de los 70, y con los datos que dispone la Asociación de Familiares de Fusilados, completar y actuar en base al puzzle de las desapariciones desde el propio Gobierno de Navarra no sería muy difícil.

En segundo lugar se debe actuar definitivamente y para siempre contra los símbolos franquistas que todavía hoy existen en nuestra comunidad. Simple y llanamente porque la existencia de esas menciones suponen una humillación constante para las víctimas y un cuestionamiento evidente de los valores democráticos de nuestra sociedad.

En tercer lugar, debemos social e institucionalmente completar el relato sobre lo ocurrido, ordenando los archivos, los testimonios personales y el material académico existente. Para eso también es importante proteger el parque de la Memoria, darle un uso al fuerte de Ezkaba y señalizar las obras públicas realizadas por los esclavos del franquismo.

En Navarra las víctimas del franquismo sufrieron una desprotección efectiva hasta el año 2003, fecha en la que el Parlamento de Navarra, a instancias de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra y la Asociación Pueblo de las Viudas aprobó la Declaración del Parlamento de Navarra en pro del reconocimiento y reparación moral de las ciudadanas y ciudadanos navarros fusilados a raíz del golpe militar de 1936. Esta declaración supuso un hito en el reconocimiento a las víctimas del golpe de estado franquista de 1936, pero sobre todo supuso el primer intento institucional por reconocer los derechos de las víctimas del franquismo a la verdad, la reparación y la justicia. Partir del espíritu de aquella declaración, que unió a la mayoría del Parlamento, puede ser un comienzo excelente.

Por eso recordemos que es una tarea pendiente, urgente, necesaria, y sobre todo humana, que ningún grupo parlamentario puede retrasar o truncar. Que es un tema actual lo demuestra la proliferación de homenajes en los pueblos de Navarra, como los realizados recientemente en Cáseda, Villafranca o Bera, que es un tema urgente lo demuestra la necesidad de arropar a los hijos directos de aquellas personas fusiladas, hechos ocurridos hace ya 75 años, y que es un tema en el que estamos obligados a proteger es el trabajo de exhumaciones en torno a Ezkaba que se ha intensificado también en los últimos meses.

Ahora, y no más tarde, es la oportunidad de reconciliarlos con esa memoria tranquila, pero constante, trabajada por los familiares.

Cuando una persona lleva casi toda la vida hablando con la pared de su cocina sobre lo ocurrido, cuando alguien de forma permanente se lamenta de la sordera institucional que hubo, cuando alguien cuenta uno a uno los apoyos recibidos y mira con esperanza a cada una de las personas que acuden a la vuelta del Castillo el 14 de abril, desde esta generación no podemos frivolizar sobre esas vivencias especulando con el momento más idóneo, porque ese momento ya llegó.

La expectación que la ponencia parlamentaria ha abierto en los familiares y entre las asociaciones de memoria histórica es muy alta, por eso no se entendería que no se aprobara una ley ambiciosa en derechos, capaz de cerrar para siempre los vacíos institucionales con este tema, útil para la solución de un problema delicado y sangrante como el de las fosas perdidas. Son demasiadas las esperanzas incumplidas, es mucho tiempo de espera, y es mucho dolor el que se acumula sobre la memoria de los familiares de los fusilados como para no abordar ahora, y de forma contundente, este quehacer parlamentario, que no lo olvidemos, no es un tema político más, ni es un trámite, es nada más y nada menos que la forma definitiva de arropar a las personas que sufrieron el asesinato de un ser querido, la humillación durante 40 años y el olvido durante la transición.

Estos familiares han tenido que aguantar todo eso, y más. Han tenido que pasear muchos años por calles que llevaban el nombre de los asesinos de aquellas época, han tenido que recorrer cunetas, ribazos, montes y curvas para colgar una flor sobre el recuerdo, sobre su recuerdo.

Y es verdad que llegamos tarde, muy muy tarde, pero aún estamos a tiempo, porque como en la historia de una ausencia física, el camino y el paso es la convicción de un familiar, su razón de ser, su vida. Por eso hay gente como Roberto Rocafort, Olimpia Plaza, Ricardo Mula o Dolores Labat, que no pueden entender ninguno de sus días sin luchar por ese hallazgo esperado, necesario y sanador. Por eso respiremos dos veces, miremos a la tierra caliente de las fosas perdidas, y trabajemos por una ley de memoria histórica que llene de dignidad y justicia la resistencia de los familiares de los fusilados. La aritmética parlamentaria y todas las victorias cosechadas desde el 2003 hacen que este momento sea el más propicio.

Aquellos republicanos y republicanas, luceros de nuestra historia contemporánea, fueron atados y sacados de sus casas a golpes, sin nada entre las manos, con la tierra esperando les fusilaron al amanecer, los abandonaron, les llenaron de cal, a sus familias les humillaron, les robaron y les ultrajaron, los dejaron con la nada, su mundo afectivo desapareció de un golpe de fusil, se llevaron sus muebles, sus casas y sus tierras, los insultaron, los olvidaron… Por eso en este invierno toca también conmovernos por estas historias personales y afrontar de una vez la memoria definitiva.

http://www.noticiasdenavarra.com/2012/12/15/opinion/tribuna-abierta/la-memoria-definitiva