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El ‘Diccionario Biográfico’ promovido por el Gobierno del PP es un “fracaso” y un “atentado”

El Confidencial, | 9 enero 2013

Críticas del mundo universitario a la Academia de la Historia


Peio H. Riaño, 09/01/2013

El Diccionario Biográfico Español es un fracaso a falta de un cuarto de la publicación de la obra al completo. Al menos, esa es la valoración que el mundo académico, el universitario, hace de una obra que arrancó en 1998, cuando Gonzalo Anes asumió la dirección de la Real Academia de la Historia (RAH) con el objetivo de sacar adelante una obra de referencia y necesaria. La inversión pública se firmó el 21 de julio de 1999, bajo el gobierno de José María Aznar. En el acuerdo, junto a la rúbrica de Anes, la del ministro de Educación y Cultura, Mariano Rajoy.

Trece años después, en los presupuestos generales aprobados en abril de 2012, los primeros del gobierno presidido por quien auspiciara como ministro el nacimiento del Diccionario, ignoró la decisión -aprobada en el Congreso en julio de 2011, con votos en contra del PP- de congelar la subvención nominativa e interrumpir la difusión de la obra hasta que no se rectificasen los errores. En la partida del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte aparecía el aval a la RAH: 163.790 euros más, a sumar a los 6,4 millones de euros invertidos.

A pesar de que se formó una comisión con el cometido de revisar las entradas vinculadas a la Historia Contemporánea, por ser el período donde se cometieron las sangrías historiográficas, nunca se hicieron públicas las conclusiones de la misma, y fue el ministro José Ignacio Wert quien en el Congreso aclaró que se revisarían 14 “en profundidad”, una sería “eliminada” y 16 cambiadas “ligeramente”. No dijo cuáles y aclaró que una proporción tan pequeña no pone en cuestión la obra completa. Es decir, no se corrige, pero se financia.

En contra de lo que piensa el ministro de Educación, Cultura y Deporte, la universidad sí cuestiona que esas entradas sean tan significativas. Ninguna de las universidades consultadas por este periódico ha adquirido la obra, porque era un gasto desmedido y “no responde a los criterios científicos y objetivos” que quieren para sus alumnos. Ni siquiera en la junta del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, en la que formaba parte Juan Pablo Fusi –único historiador independiente miembro de la comisión de lectura del Diccionario-, valoró positivamente la obra y rechazó su compra.

La verdad es la víctima

“Fusi podría haber hecho una entrada objetiva y veraz sobre Franco, y no Luis Suárez”, declara Juan Carlos Pereira, director del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense. Advierte que el Diccionario no tendrá ninguna utilidad a pesar del esfuerzo y el elevado coste económico que ha supuesto. “El mal está hecho y no hay vuelta atrás. Ha sido un proyecto fracasado con repercusiones negativas”, concluye. Pone en duda incluso las soluciones que se plantean, porque dice que confundirán al lector al enseñarle dos interpretaciones de la misma biografía. ¿Cuál es la verdad? “En los nuevos tomos se insiste en la línea ideológica por el Ministerio que tenemos, con el que los académicos están muy identificados”, explica Pereira.

Para el director del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia y catedrático, Ismael Sanz, la valoración es igualmente negativa “en su conjunto”. Aunque aclara que, a pesar de las “entradas inadmisibles”, hay otras buenas que no legitiman a las anteriores. Teme que, cuando pase el tiempo, el lector que acuda a consultar biografías dará por bueno todo. Sanz aclara que dejaría el Diccionario como obra de archivo, como una fuente, pero no como una obra de referencia. “Es una barbaridad. El método que ha llevado la RAH con la obra es obsoleto. No han sido respetuosos ni con la profesión ni con el rigor: es un atentado contra la historia”, añade.

Sobre el método empleado, José Luis Ledesma, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, publicó un artículo ilustrativo en la revista Ayer, publicación que edita la Asociación de Historia Contemporánea, que ya lanzó un escrito contra el Diccionario por considerar “un disparate” dejar en manos de militantes el análisis del pasado.

Un tono hagiográfico

Ledesma se encerró en la biblioteca de la RAH y practicó una disección al cuerpo de los 25 primeros tomos, de la A a la H. Eligió a los 50 actores históricos fundamentales de la Segunda República, la Guerra Civil y la Dictadura, y concluyó que hasta en 31 de las 50 biografías se recomendaría la publicación del estado del texto tal cual. Las 19 restantes “requieren modificaciones sustanciales o que no se recomienda su publicación en absoluto”. Pero aclara que uno de los problemas más graves del Diccionario no son los protagonistas de este periodo, sino personajes de dudosa importancia cuya elección es todavía más preocupante: “La mayoría de las entradas menos afortunadas corresponden al ámbito de la historia eclesiástica e historia militar”.

Para Ledesma es un escollo que entre los más de 40.000 reseñados haya personajes “de dudosa relevancia histórica”, como aquel cuyas credenciales son ser el “primer tripulante de cabina de pasajeros varón”. El tono y los contenidos son más propios “de crónicas de sociedad”, para este historiador. Además, subraya la asidua presencia del grupo de los asesinados durante la Guerra Civil en la zona republicana: “Lo llamativo es que aparecen no por sus vidas sino por cómo murieron, que suman decenas de ellos, que no hay nada parecido sobre los asesinados al otro lado de las trincheras, y, desde luego, que rezuman un intenso tono hagiográfico-martirial más propio de géneros y formatos de otro tipo”.

Carme Molinero coincide con este análisis. Ella es la directora del Centro de Estudios sobre las épocas franquista y democrática (CEFID) de la Universidad Autónoma de Barcelona. Asegura que esta obra anula el crédito de la RAH como órgano, porque la investigación se ejerce en la universidad y de una madurez que no ha demostrado la Academia. El problema no es el franquismo sino su tratamiento: “Se han encargado las entradas de este periodo a personas que no son expertas en la materia. No se ha hecho una revisión y evaluación externa de las biografías como ocurre en las revistas académicas”. Advierte que, a pesar del gasto y el esfuerzo en esta obra y en contra de lo que cree José Ignacio Wert, la universidad “prescinde de lo que diga la Academia”. Se pregunta qué hacer ahora con el Diccionario y a pesar de apuntar que lo mejor es destruirlo, cree que hay suficientes entradas buenas como para conservarlas y hacer desaparecer las otras.

Proceso de trabajo

Molinero señala como responsables del fracaso a la dirección de la RAH y las comisiones encargadas de diseñarlo. No eran expertos, aunque sabían lo que querían cuando encargaron las entradas a determinados autores. En 2003 arrancaba el proceso de creación del Diccionario Biográfico Español: arriba, la dirección científica, el máximo responsable, Gonzalo Anes, y una serie de comisiones compuestas por académicos que se encargaron de sugerir biografiados, biógrafos y extensión del texto que se dedica a cada personaje. Se montaron cinco comisiones internas y dos externas a la Academia.

“La mayoría de las entradas menos afortunadas corresponden al ámbito de las de la historia eclesiástica e historia militar. Entre los tres miembros de la primera figuraban Luis Suárez (biógrafo de Franco) y el cardenal arzobispo de Madrid Ángel Suquía. Los integrantes de la segunda son siete militares de alto rango”, puntualiza José Luis Ledesma.

Las dudas sobre la labor de supervisión de las comisiones son evidentes, porque deberían haber garantizado la revisión de la obra al completo. En esta falta de control de calidad y en la preferencia de las adjudicaciones de determinadas entradas polémicas está la clave. A pesar de todo, Gonzalo Anes se ha mantenido al frente de su cargo y desestimó la dimisión de su cargo. El resultado, aunque sea injusto, es que una parte menor de las biografías chirría tan escandalosamente que arroja sombras sobre el conjunto.

Así lo cree Juan Avilés, profesor de Historia Contemporánea de la UNED, a quien le parece una obra buena con entradas que “no son de recibo” porque “no cumplen con la objetividad y distancia”. “Se ha tratado de confundir la libertad de expresión con la ideología para justificar esta obra y su tono partidista y sesgado a la derecha. Un historiador tiene ideología, menos cuando escribe”, denuncia Avilés. En su opinión, el defecto más grave de este trabajo ha sido el rechazo al método de investigación creado en el siglo XVIII.

El final de la Historia

El método científico es lo único que les queda a los historiadores. “Aquellos que estamos preocupados por esta deriva ideológica lo único que podemos hacer es seguir trabajando con él”. Las comillas son del profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra, Eloy Martín, para quien el Diccionario “es una ofensiva de la historiografía más reaccionaria y un reflejo del país”.

Por su parte, José Leonardo Ruiz, director del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, cree que gran parte de las entradas están bien hechas y es una buena idea porque en la historiografía española hemos carecido de diccionarios biográficos: “Es una referencia para una biblioteca generalista y podrá ser útil. Sin embargo, el procedimiento de la RAH no parece haber sido el más adecuado”, añade Ruiz, que ha aportado una biografía a la publicación. “No tiene sentido que un medievalista escriba sobre un personaje contemporáneo. La Academia se ha equivocado”, aclara.

Joan Serrallonga no sabe si han encargado la compra de los tomos, pero cree que es una obra importante porque no todas las entradas son polémicas y “de la polémica también se aprende”. Es el director del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y cree que el debate es importante para ver cómo unas se escribieron desde el rigor y la libertad de la Historia y otras desde el rigor y la libertad de la conciencia de cada historiador. Él mismo escribió la entrada de Pablo Iglesias, que acaba de publicarse con la aparición de los 15 nuevos tomos. Forma parte de la generación que ha escrito la Historia a la espera de que la sociedad se reconozca en sus páginas.

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