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La Academia de Historia exagera las vidas de mártires y beatos en su ‘Diccionario Biográfico’

El Confidencial, | 8 enero 2013

Son cientas las entradas ofrecidas, entre la selección de los grandes nombres de la Historia de España

 

Peio H. Riaño 08/01/2013

Entre los rasgos del cada vez más famoso Diccionario Biográfico Histórico Español de la Real Academia de la Historia, en el que los españoles han invertido más de 6,4 millones de euros, destaca su dedicación y predilección por el relato del clero en tiempos de Guerra Civil. Son cientas las entradas ofrecidas, entre la selección de los grandes nombres de la Historia de España, a las víctimas de las persecuciones y asesinatos, sobre todo, en las ciudades donde fracasó el Golpe de Estado militar al que se adhirieron “con entusiasmo”, como cuenta en El combate por la Historia (Editorial Pasado & Presente) Hilari Raguer (Madrid, 1928), historiador y sacerdote en el Monasterio de Montserrat, que sufrió la persecución de los anarquistas en Barcelona.

En ese mismo libro, Raguer señala la sangría que en un semestre acabó con la vida de 12 obispos, 4.184 sacerdotes seculares, 2.635 religiosos y 283 religiosas, según un estudio de Antonio Montero. Los extremistas sirvieron en bandeja a los sublevados el útil recurso de la “cruzada” del nacionalcatolicismo. Sin embargo, el sacerdote aclara que apenas se ha estudiado la represión en la zona rebelde, “que según los mejores estudios fue más cuantiosa”. En este caso, la dirección de la Real Academia de la Historia ha creído que la condición de víctima no es suficiente para aparecer en una obra como esta.

En su relato, declara Raguer que “las víctimas en la zona leal sucumbieron a pesar de los esfuerzos del Gobierno por evitarlas, mientras que las de la zona rebelde estaban ya programadas, antes del golpe”. Y pone el ejemplo del padre Fernando Huidobro (1903-1937), jesuita entusiasta del Golpe, que se unió al capellán de la Legión a la columna de Castejón, con la que avanzó hasta las puertas de Madrid. Allí fue testigo de las matanzas de la conocida “columna de la muerte” y redactó dos escritos, uno dirigido a las autoridades militares y otro al Cuerpo Jurídico Militar, con el título: “Sobre la aplicación de la pena de muerte en las actuales circunstancias. Normas de conciencia”.

Contra las matanzas

En dicho escrito, Huidobro incide: “El rematar al que arroja las armas o se rinde es siempre un acto criminal”. El joven sacerdote envió sus “Normas” a las autoridades y capellanes castrenses, y Varela le contestó rogándole que no lo permitiera. Se atrevió a mandar al mismo Franco el escrito, al que añadió otro donde denunciaba los excesos cometidos. Raguer manifiesta que el error del padre Huidobro estribó en creer que las matanzas que presenciaba las ejecutaban unos “locos”. Pero “en realidad eran unos legionarios muy disciplinados que cumplían fríamente las instrucciones recibidas, programadas de antemano por el ‘Director’ del Movimiento, el general Mola, y asumidas por Franco, Varela, Yagüe, Castejón y todos los jefes de las columnas”.

El sacerdote de Montserrat declara que, “contra la versión hasta ahora aceptada y divulgada de que el padre Huidobro murió en el frente de Madrid a causa de un obús ruso, voces autorizadas aseguran que el proyectil que acabó con su vida procedía de alguien de la Legión, que debió sentirse amenazado por sus denuncias”. Mientras se le dio muerto por un obús ruso, se tramitó la beatificación como mártir, pero al saberse que fue víctima del fuego amigo la causa se detuvo.

El Diccionario Biográfico Histórico también recoge, entre sus nuevas vidas, la del padre Huidobro. “Al estallar la Guerra Civil española, después de una intensa reflexión, se incorporó como voluntario el 8 de septiembre de 1936 al Ejército Nacional para asistir espiritualmente a los soldados”. La literatura la pone José Martín Brocos, profesor de Filosofía y Moral de la Universidad San Pablo CEU, que repite con varias biografías -fundamentalmente víctimas del clero- en cada uno de los quince nuevos tomos publicados.

“Se ganó a todos los legionarios; los guiaba espiritualmente y los atendía en todo momento”, defiende Brocos en un tono que crece en beatificación, sin mencionar en ningún momento el intento por escrito del padre de acabar con la barbarie. “Cuando en el campo de batalla salía a asistir a los heridos llevaba consigo los santos óleos y el Santísimo Sacramento, por si tenía que darles el viático”. Prosigue con un capítulo digno de Hollywood: “Fue herido en la Casa de Campo al proteger con su cuerpo, por un lugar expuesto, el traslado de unos heridos”.

Brocos confirma, con todo, lo que Raguer desmiente: “Un proyectil ruso 12’40 reventó el hospital de campaña de la cuesta de las Perdices y le causó la muerte”. Añade, como dato esencial, que cada año la Legión le lleva flores al monumento que honra su memoria.

Papel destacado de la Iglesia

La publicación del Diccionario de la RAH abrió las heridas de la historiografía. Las asociaciones independientes de historiadores y responsables de departamentos de las universidades españolas cuestionaron el rigor y los métodos empleados. Hicieron, además, mención especial a la inclinación por la vida de beatos, santos y mártires que en esta entrega se mantiene.

Quizás no conocieran a María Jesús Herruzo (1896-1965), pero es la fundadora de las Obreras del Corazón de Jesús, y destaca porque “siguió madurando como persona y también perseverando en su vida de fe y en sus obras de piedad y apostolado, preocupándose de forma constante por los pobres y necesitados”. Es una biografía de un tamaño similar a la de figuras reconocidas como la de Jorge Herralde, incluido en estos tomos. Herruzo “decidió escoger el camino del matrimonio” y se extracta lo que ella misma escribió sobre esta experiencia: “Hube de sostener una gran lucha para escoger entre lo que yo veía ser más perfecto y lo que Dios quería de mí. Y con gran pena de mi alma tuve que cambiar la azucena por las rosas, a condición de que las rosas fueran para Nuestro Señor y las espinas para mí”.

También obra de José Martín Brocos es la entrada dedicada a María del Carmen Hidalgo (1913-2001), creadora de la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, quien era “la séptima de ocho hermanos, de padres muy cristianos y recibió una esmerada educación tradicional”. El profesor de Filosofía y Moral del CEU se centra en los duros años de la Guerra Civil en Madrid: “Constituyeron una auténtica fragua para su espíritu […] Organizaba, también clandestinamente, turnos de adoración permanente a Jesús Sacramentado. Fueron años marcados por múltiples sucesos llenos de dolor, fortaleza y heroísmo”.

Entre las 43.000 personas más importantes de España también encontramos a María Rosario Lucas (1909-1960), promotora de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, que “a sus tres años Dios le infundía una alegría sobrenatural en su alma cuando veía incensar al Santísimo Sacramento”. Brocos asegura que fue “inculcada en una piedad familiar recia, tras la primera comunión, a sus diez años sufría al visitar una iglesia y ver los sagrarios vacíos, sin nadie acompañando a Jesús Sacramentado, no pudiendo “encontrar sosiego en los recreos que teníamos las colegialas porque me atormentaba la idea de que Él estaba solo”.

Falta de rigor

La RAH es acusada de parcialidad historiográfica por su Diccionario Biográfico Histórico. Prefiere encargar el estudio de las vidas a personas que no son historiadores y especialistas en otros períodos para los que son requeridos. Así vemos casos tan curiosos como el de Pedro Galindo Vegas, presidente de honor de la Federación Española de Hostelería, redactando el perfil de empresarios turísticos como Juan José Hidalgo Acera (fundador de Halcón Viajes) y el mismo Gerardo Díaz Ferrán.

Bajo esa misma fórmula recibe José Luis Martínez Gil, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, el cometido de escribir sobre el “mártir y beato” Jacinto Hoyuelos González (1914-1936), religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. La fuente que ha utilizado el autor para trazar el perfil del protagonista es un libro publicado en 1938 por Editorial Hospitalaria, titulado “Violencias, profanaciones y asesinatos cometidos por los marxistas en los establecimientos de San Juan de Dios”.

Era, según el ejecutor de la entrada, “de natural dócil y misericordioso”; se “distinguió por su vida piadosa y caritativa, aún de niño, llevando a su casa a los pobres y mendigos que encontraba en la calle sin alojamiento”; decía a su madre: “Madre, este pobre no tiene donde dormir esta noche y no ha comido hoy, recíbalo usted y que coma”. Leemos a una persona feliz al lado de los enfermos, “los trataba con cariño y amabilidad”. Pero llegó la Guerra Civil y la represión marxista, fue detenido en dos ocasiones y la segunda compareció ante un tribunal, “que le incitó a blasfemar y, al no acceder, lo maltrató y le condenó a ser fusilado”. Tenía 22 años cuando lo asesinaron.

http://www.elconfidencial.com/espana/2013/01/08/la-academia-de-historia-exagera-las-vidas-de-martires-y-beatos-en-su-diccionario-biografico-112433/